sábado, 19 de diciembre de 2009

Semiología diádica

Epistemología de lo semiológico
Análisis de la Lengua y del Habla


¿Cómo comprender una estructura de significado-significante en el campo del lenguaje, siendo que se la postula como preexistente respecto del sujeto de inteligencia? 


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El estructuralismo


El siglo XX instaura lo que se denomina la lingüística moderna, cuyo fundador reconocido es sin lugar a dudas el lingüista suizo, nacido en Ginebra, Ferdinand de Saussure (1857-1913). Si bien pueden reconocerse líneas de continuidad con la lingüística del siglo XIX, la lingüística del siglo XX se caracteriza como “moderna” en razón de algunas convicciones salientes que la distinguen de la del siglo anterior y que debemos a la obra de F. de Saussure.


Esas convicciones son:


· La orientación descriptiva (no prescriptiva) de la lingüística
· La prioridad de la lengua oral por sobre la escrita
· La asunción de la importancia de todas las lenguas, independientemente del grado de desarrollo o poder de sus comunidades hablantes
· La prioridad otorgada a  la descripción sincrónica por sobre los estudios diacrónicos




Ferdinand de Saussure (1857-1913)


Ferdinand de Saussure, considerado el “padre” de la lingüística, ha influido en las generaciones posteriores de una manera decisiva; esa influencia la ejerció a partir de una recopilación de sus conferencias, reconstruidas a partir de los cuadernos de apuntes de sus discípulos, que se publicó por primera vez en 1916. El Curso de Lingüística General, preparado por dos de sus discípulos (Charles Bally y Albert Sechehaye), presenta por lo tanto unas características que hacen difícil determinar el grado de exactitud y fidelidad con las ideas del lingüista, además de algunos fragmentos en los que la argumentación pierde intensidad o revela ciertas inconsistencias con otros enunciados del Curso1.


Es interesante destacar que la primera traducción del Curso de Lingüística General al español fue realizada por Amado Alonso en 1945, durante su época de exilio en Buenos Aires (Ed. Losada). El prólogo de Amado Alonso es una referencia iluminadora para la lectura del Curso, al que califica como “el mejor cuerpo organizado de doctrinas lingüísticas que ha producido el positivismo”. Y de Saussure, en efecto, tiene como finalidad superior de sus reflexiones poder conferir dimensión de “ciencia” a la lingüística; para ello, es preciso dar con un objeto de estudio homogéneo, no complejo, susceptible de ser analizado mediante métodos rigurosos.


Para de Saussure el campo de la lingüística está compuesto por todas las manifestaciones del lenguaje humano, todas las formas expresivas, sin discriminar entre “buenos” y “malos usos” y sin considerar el grado de civilización de sus hablantes. La tarea de la lingüística es por tanto realizar la descripción e historia de todas las lenguas, encontrar los principios generales de sus funcionamientos y, fundamentalmente, deslindarse y definirse ella misma.


Deslindar y definir el objeto de la lingüística: lengua y habla


Distingue de Saussure en primer lugar una facultad lingüística general, que nos da la naturaleza como especie y que nos permite “el ejercicio del lenguaje”. Pero, ¿cuál es el objeto de la lingüística? El lenguaje es “multiforme y heteróclito”, susceptible de ser analizado desde muy distintas perspectivas (física, fisiológica, psíquica, individual, social), tiene carácter estático pero dinámico, actual y simultáneamente pasado. Para construir un objeto de estudio que confiera a la lingüística el carácter de ciencia, de Saussure acuña la dicotomía lengua y habla. Lengua y habla son dos aspectos –esencialmente distintos- del lenguaje. Influido fuertemente por el pensamiento del sociólogo y antropólogo E. Durkheim (1858-1917), define la lengua como un “hecho social”, un producto social de la facultad del lenguaje y un conjunto de convenciones, adoptadas por la comunidad, para permitir el ejercicio de la facultad lingüística entre los individuos.


Para avanzar en la delimitación, de Saussure parte de un esquema elemental del acto individual de comunicación: el punto de partida es el cerebro del hablante, en el que se produce el encuentro entre el concepto (los conceptos son definidos como hechos de conciencia) y la imagen acústica (las representaciones de los signos lingüísticos que sirven para su expresión). Delimita de Saussure en el acto de comunicación los aspectos físicos (ondas sonoras), los fisiológicos (fonación y audición) y los psíquicos (la unión de conceptos e imágenes verbales). Añade a las fases del circuito comunicativo una “facultad de asociación y coordinación” que desempeña el papel principal en la organización de la lengua como sistema y que se pone en juego cada vez que no se trate de signos aislados.


El lugar de la lengua se ubica en el cerebro de los hablantes, en la suma de imágenes verbales y sus correspondientes conceptos almacenada en todos los individuos. La lengua es un tesoro depositado por la práctica del habla en todos los sujetos que pertenecen a la misma comunidad; se trata de un sistema virtualmente existente en el conjunto de los individuos. En efecto, la lengua es esencialmente social, nunca está completa en el cerebro individual y es “exterior” al individuo. Por otra parte, es un producto que se registra pasivamente; el individuo no puede por sí mismo crearla ni modificarla: es homologable a una especie de contrato establecido en la comunidad y para conocer su funcionamiento es preciso realizar una tarea de aprendizaje. Es, por eso, un hecho histórico. Por el contrario el habla tiene un carácter esencialmente individual: se trata de un acto de voluntad e inteligencia de los hablantes; tiene un carácter “más o menos accidental”, incluye los aspectos físicos y fisiológicos, y contrariamente a la lengua es algo “accesorio” (un individuo privado del habla por determinada patología puede seguir poseyendo su lengua). La lengua, si bien es un objeto psíquico, tiene naturaleza concreta, dado que los signos tienen un lugar real en el cerebro y son representables mediante imágenes convencionales. Un diccionario y una gramática pueden ser una representación fiel de una lengua. La lengua, sostiene de Saussure, es forma y no sustancia, es el terreno de las articulaciones entre el plano de los conceptos y de la sustancia fónica.


De esta manera, de Saussure consigue construir un objeto de estudio homogéneo, distinto del habla, que puede estudiarse separadamente: un sistema de signos en el que es esencial la unión del sentido y la imagen acústica. Puede concluirse entonces que la teoría saussureana otorga al léxico (en tanto conjunto de signos) un carácter esencial en el sistema de la lengua.


Considera de Saussure que la lingüística es una parte de la semiología, “la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social”, y define como tarea del lingüista determinar por qué la lengua es un sistema especial de signos dentro del conjunto de hechos semiológicos. De esta manera la lingüística es una subdisiciplina dentro de la psicología social y, en última instancia, de la psicología.


El signo lingüístico


"El signo lingüístico consiste en una asociación entre el concepto y la imagen acústica, se trata de una delimitación convencional en una masa amorfa de contenido (“una nebulosa”) de cierta significación, mediante una forma lingüística: sólo pueden distinguirse conceptos en virtud de su estar ligados a un significante particular. La lengua oficia así de intermediaria entre el pensamiento y el sonido. El signo lingüístico es una entidad psicológica de dos caras, que de Saussure denomina significado y significante (para el concepto y la imagen acústica, respectivamente) de manera de trasmitir la unidad indisoluble que conforma el signo como totalidad".


Significado y significante están en una relación de interdependencia; el vínculo entre ellos es arbitrario, es decir, inmotivado: no hay razón para que a determinado significado le corresponda determinado significante y viceversa, hecho que prueba la existencia misma de distintas lenguas naturales (para un mismo significado, en español: mesa de luz; francés: nuittable; inglés: nighttable; alemán: Nachttisch; nótese además que el español conceptualiza de manera distinta de las demás lenguas esa significación). Por otra parte, el signo lingüístico es lineal debido al carácter auditivo del significante: tiene lugar necesariamente en la dimensión tiempo y asume sus características (representa una extensión mensurable).


Los elementos del significante se disponen secuencialmente y forman una cadena, lo cual es evidente en la escritura. El signo lingüístico es inmutable en relación con el individuo y la masa hablante que lo emplea: la lengua es siempre herencia de una época precedente, es “la carta forzada” y por tanto no puede cambiarse por la libre voluntad. Sin embargo, en relación con la dimensión tiempo, el signo lingüístico es mutable, puesto que es susceptible de alteración tanto en el plano del significante como del significado (cfr. latín clásico: necare, ‘matar’; español: anegar; francés: noyer, ‘ahogar’).


Sistema y valor


"La lengua es un sistema de valores puros, que son establecidos por el hecho social: los valores de los signos lingüísticos se basan en el uso y el consenso de la comunidad. Un elemento del sistema no tiene valor sino en su relación con la totalidad del sistema; la lengua es un sistema en el que todos sus elementos son solidarios y en el que el valor de cada uno resulta de la presencia simultánea de los otros. La noción de valor se verifica tanto en el plano del significado como en el plano del significante".


Dentro de una misma lengua, las palabras con un significado general común se delimitan recíprocamente (valiente, audaz, temerario); las palabras de distintas lenguas no siempre tienen una correspondencia uno a uno (el inglés emplea fish indistintamente para pescado y pez, que en español se oponen por el rasgo +/- viviente; sus valores respectivos emanan de las diferencias que constituyen el sistema total del inglés y el español respectivamente). En cuanto al plano del significante, son sólo las diferencias opositivas las que configuran los valores de los elementos: hay cierto margen de flexibilidad para la realización de determinados fonemas (en la Argentina encontramos distintas pronunciaciones según las variantes regionales y sociolectales para la palabra lluvia ([lubja]; [šubja], [žubja], que portan el mismo valor distintivo; sin embargo, tal flexibilidad no podría trasladarse al sistema fonológico del francés). Concluye de Saussure que en la lengua no hay más que diferencias conceptuales y fónicas que resultan del sistema y que ponen en relación de valor a todos sus elementos.


Relaciones sintagmáticas y asociativas


Las relaciones entre los elementos del sistema se realizan en dos órdenes diferentes que corresponden a las dos formas de nuestra actividad mental: el orden sintagmático y el orden asociativo o paradigmático. Las relaciones sintagmáticas reflejan la linealidad del signo lingüístico, que condiciona la secuencialidad de todas las expresiones: los elementos se alinean uno detrás del otro en la cadena del habla (fonos, palabras, oraciones); la totalidad resultante es llamada sintagma y se compone de dos o más unidades consecutivas (por ejemplo, ante-poner, Con razón, Aunque llueva, saldré). Se trata de relaciones “en presencia” (puesto que dos o más elementos se hallan igualmente presentes en la serie), ordenadas y que tienen un carácter finito. Las relaciones paradigmáticas se dan en el cerebro del hablante (son relaciones “en ausencia”), que asocia elementos del sistema que tienen algo en común (por ejemplo, altura/frescura/calentura; cariño/afecto/amor; perdón/calefón/atención), es decir, la asociación puede basarse en la presencia de elementos comunes –un sufijo–, en la analogía de significados o en la simple similitud fónica. Los elementos evocados forman una familia asociativa que no tiene un orden dado ni, por lo general, un número definido.


Sincronía y diacronía


Sobre la base de la dimensión del tiempo, de Saussure plantea la necesidad de distinguir la perspectiva sincrónica y la perspectiva diacrónica en el estudio lingüístico, necesidad común a todas las ciencias que operan con valores. Así plantea, en primer lugar, una lingüística sincrónica que se ocupa del aspecto estático de la lengua (“el eje de las simultaneidades”), que se instancia como un sistema de puros valores fuera de toda consideración histórica y, en segundo lugar, una lingüística diacrónica (“el eje de las sucesiones”), que estudia la evolución de una lengua. Para de Saussure, la oposición entre ambos puntos de vista es absoluta: la lengua es comparada en este sentido con un juego de ajedrez: el valor respectivo de las piezas depende de su posición en el tablero, por lo tanto, el sistema siempre es algo momentáneo, que varía de posición a posición (= el sistema en equilibrio). Los cambios evolutivos (=alteraciones del sistema) no afectan más que a elementos aislados –como el movimiento de una pieza-; esos cambios pueden tener repercusión alta o nula en el sistema total. Ambas perspectivas son igualmente legítimas y necesarias; sin embargo considera que la lingüística ha dedicado una atención excesiva a la diacronía y que debe volverse hacia el estudio de la sincronía, considerada como descripción de estados de lengua. De hecho, todos los estudios rotulados como “descriptivismo” que ocupan la primera mitad del siglo XX provienen más o menos directamente de de Saussure.

















Kseniya SIMONOVA como estudio de caso
Por Pablo PALLAS 


Kseniya SIMONOVA es una plástica que participó del Ukraine's Got Talent. En el Telegrafh, Ian JOHNSTON publicó la noticia de ese espectáculo que resultó multitudinario mediante su presentación en You Tube Broadcast Yourself. Esta artista, valiéndose de arena, construye un relato acerca de la invasión nazi en Ucrania que hace pensar, colateralmente, en los mándalas tibetanos del budismo por su práctica radical de lo efímero así como en las nematologías de la teoría estética. Esas imágenes, cuando finaliza, las resuelve mediante el código escrito con una frase.  Traducida -en términos aproximados- significa "Siempre cerca". Y es respecto de ese enunciado no oracional, y, atendiendo las lecturas propuestas en el campo semiológico, que te propongo estudies la oportunidad de especificarle relaciones sintagmáticas y asociativas. 

jueves, 17 de diciembre de 2009

Semiótica triádica












Alguna hipótesis del razonamiento
Análisis de las categorías universales


¿Cómo se concretan las realizaciones lógicas del sujeto de inteligencia, si sus enunciados se constituyen de propósitos metafísicos?  

Charles Sanders Peirce: un "aristotélico del ala escolástica"
[...]
Introducción

Me parece oportuno comenzar esta exposición con una cita —un tanto extensa— de Max Fisch, biógrafo oficial de Peirce y editor de sus escritos, que se ha convertido ya en un clásico de la literatura peirceana. Pertenece al primer párrafo del Prefacio a un libro titulado Sherlock Holmes y Charles S. Peirce. El método de la investigación escrito por Thomas Sebeok y Jean Umiker –Sebeok a fines de los setenta. Dice Fisch:

¿Cuál es el intelecto más original y polifacético que haya engendrado nunca América? No cabe la menor duda, la respuesta es "Charles S. Peirce", pues el segundo, fuera el que fuera, estaría tan lejos de él que no valdría la pena mencionarlo. Matemático, astrónomo, químico, geodesta, topógrafo, cartógrafo, especialista en metrología y espectrografía, ingeniero, inventor; sicólogo, filólogo, lexicógrafo, historiador de la ciencia, matemático, economista, estudiante de medicina a lo largo de toda su vida; crítico literario, dramaturgo, actor, escritor de cuentos; fenomenólogo, semiótico, lógico, retórico, metafísico (...) Fue, para poner algunos ejemplos, el primer sicólogo experimental moderno de América, el primer metrólogo que usó una longitud de onda de luz como unidad de medida, el descubridor de la proyección quincuncial de la esfera, el primero, conocido, que diseñó e ideó la teoría de una calculadora con un circuito de encendido eléctrico, y el fundador de "la economía de la investigación". Es el único filósofo en América con un sistema formado que ha sido productivo y a la vez competente en lógica, matemática y un amplio abanico de materias científicas. En este sentido, si ha tenido iguales en la historia de la filosofía, no son más de dos. 2{1}

Resulta bastante curioso que "uno de los mayores filósofos de todos los tiempos" 3{2} sea apenas conocido incluso entre quienes dedican su vida al quehacer filosófico. Para intentar explicar este hecho tan singular es imperativo ocuparse, aunque sea brevemente, de su vida, a la vez fascinante y desgraciada. "En la historia de la literatura -decía Baudelaire en el prólogo a su traducción de las obras de Edgar Allan Poe- figuran destinos análogos, auténticas condenas, hombres que llevan las palabras mala suerte escritas con misteriosos caracteres en los sinuosos pliegues de su frente" 4{3} y Peirce es uno de ellos. Su mala reputación se le adelantaba cuando solicitaba un puesto académico o financiamiento para publicar su pensamiento y, sin dudas, lo sobrevivió por largo tiempo. Creo, sin embargo, que no fueron sólo las asperezas que deparaba su trato y los excesos de su vida las únicas causas de sus dificultades con el mundo académico. No es sólo su seductora biografía la que impide el paso más allá, hacia la consideración más o menos reposada de su obra. Pienso que pueden aplicarse a Peirce las mismas palabras que Nietzsche forjó para sí mismo:

Algunos hombres nacen póstumos... estaría en completa contradicción conmigo mismo si hubiese hoy ya ojos y oídos alertas para mis verdades: que hoy no se escuche, que hoy no se quiera aprender nada de mí, no sólo es comprensible, sino que parece justo.5{4}


En el caso de Peirce, su inactualidad es hija de su genio: muchas décadas de reflexión filosófica, metacientífica y semiótica fueron necesarias para comenzar siquiera a entender qué era lo que intentaba decirnos. Algunos piensan —incluso— que él cultivó deliberadamente un estilo de difícil acceso para sus contemporáneos, pero no es fácil emitir una opinión fundada a este respecto.



1. Noches claras, noches nubladas: la vida de Charles S. Peirce

“En las noches claras apunto al cielo mi espectrógrafo, en las noches nubladas trabajo en mi libro de lógica”
Peirce

El 10 de septiembre de 1839, en Cambridge, Massachussets, nacía Charles Sanders Peirce en el seno de una acomodada familia perteneciente a la elite intelectual de Harvard. Los padres de Charles fueron Benjamin Peirce, profesor de astronomía y matemáticas en Harvard, y Sara Hunt Mills.

Charles destacó pronto como un intelecto singular: a los ocho años poseía su propio laboratorio de química —la ciencia experimental por aquel entonces— y a los once escribió una Historia de la química, hoy perdida. Apenas había cumplido los doce cuando tuvo lugar un encuentro intelectual de singulares consecuencias: ingresó a la habitación de su hermano mayor —James Mills— quien acababa de adquirir los libros que utilizaría en su segundo año del Harvard College y vio allí el libro Elements of Logic de Whately.6{5} Charles preguntó qué era la lógica y luego se absorbió en el texto durante varios días. Su suerte estaba echada; a partir de allí nunca pudo pensar en nada sino como un ejercicio de lógica 7{6}. Max Fisch nos cuenta que Peirce se consideraba a sí mismo el único hombre desde la Edad Media que dedicó por completo su vida a la lógica.8{7} Sin dudas estaba en lo cierto si entendemos la lógica en un sentido lo suficientemente amplio del término, como Peirce la entendía.

Se matriculó en Harvard a los dieciséis años y hacia fines de su primer año en la universidad ya estaba leyendo —guiado por su padre— la Crítica de la Razón Pura de Kant que se convertiría con el tiempo en algo así como su obra filosófica de cabecera, llegó a saberla casi de memoria y pensó que Kant 9{8} estaba haciendo allí las preguntas filosóficas fundamentales. Luego del College cursó estudios de química en la Lawrence Scientific School, la escuela que su padre había ayudado a crear en Harvard en 1847 y se graduó con honores en 1863. En la Lawrence fue compañero de William James, el amigo con el cual compartiría la paternidad del pragmatismo y que se transformaría en una suerte de ángel guardián en medio de la debacle general de su vida.

Es conveniente introducir algún orden, siempre artificial, en una vida tan larga e intensamente productiva como la de Peirce, a fin de no perderse en ella. Una buena división en tres períodos es la de Fisch 10{9}, que tiene la ventaja de la sencillez. Los períodos que considera son tres 1) El período de Cambridge (1851- 1870), 2) El período cosmopolita (1870-1887) y 3) El Período de Arisbe (1888-1914).

El primer período va desde su lectura del mencionado libro de Whately hasta su Memoria sobre lógica de los relativos. Incluye su formación académica y los primeros esbozos de su sistema filosófico. El año más representativo de este período es 1867 durante el cual es nombrado miembro de la American Academy of Arts and Science ante la cual presenta —sólo en ese año— un total de cinco ensayos 11{10}, el tercero de ellos es el célebre “On a New List of Categories”, presentado el 14 de mayo, del cual dijo en 1905 que era su “única contribución a la filosofía”. En ese trabajo fructifica una década de reflexión en torno a la Crítica de la Razón Pura: desde 1860 Peirce reflexionaba acerca de la necesidad de integrar las categorías kantianas en un sistema más amplio de concepciones. El joven Peirce abrazó el ideal kantiano de filosofía arquitectónica e hizo de la construcción de un sistema filosófico lógicamente riguroso la "obra de su vida" 12{11}. Ya en estos años se ganaba la vida como asistente en la Coast Geodetic Survey, principal agencia científica de los Estados Unidos de América. Allí trabajaría durante 31 años.

El segundo período, el período cosmopolita, abarca los años más fértiles de Peirce en lo que a producción científica se refiere y señala el tiempo del reconocimiento internacional. Fue, en efecto, el primer científico norteamericano invitado a una reunión internacional de ciencia. Sus contribuciones a la ciencia experimental son ciertamente innumerables (elaboró, por ejemplo, una tabla periódica de los elementos unos meses antes que Mendeleiev) . Desde el punto de vista de la ciencia de la lógica es destacable su aporte a la creación de la lógica de las relaciones (elaborada independientemente de De Morgan), de la lógica cuantificacional (independientemente de Frege) y de la lógica trivalente. Este período es importante para la filosofía ya que en él tiene lugar el surgimiento del pragmatismo, corriente filosófica inaugurada por Peirce y “popularizada” luego por William James. Alrededor del año 1872 tuvieron lugar varias reuniones del Club Metafísico de Cambridge, en ellas se discutieron por vez primera las ideas fundacionales de esta corriente.

En el tercer período —el de Arisbe— nos encontramos, por un lado, con la pendiente económica y laboral de Peirce quien fue expulsado de la Universidad Johns Hopkins primero y de Coast Survey después 13{12}; por otro, con el relativo aislamiento del mundo científico y con la culminación de su obra filosófica. El filósofo se recluyó junto a su segunda esposa —Juliette— en una casa de campo en Milford, Pennsylvania a la que llamó Arisbe. Inmerso en grandes dificultades para sobrevivir, dedicó su mejor energía a completar su pensamiento. A este período pertenece la mayor parte de su obra semiótica.

Publicó pocos libros: Photometric researches, de 1878, reúne sus investigaciones en la Coast Survey y el Observatorio de Harvard y un libro de lógica escrito junto con sus estudiantes de la Universidad Johns Hopkins —firmado colectivamente 14{13} —. Intentó más tarde publicar otro titulado Lógica Minuciosa pero no obtuvo el financiamiento necesario para llevarlo a cabo. Sus principales medios de comunicación fueron las conferencias, artículos de diarios y revistas, y voces de diccionario, muchos de ellos realizados por la paga y redactados a pedido del editor. Murió de cáncer en abril 1914.

Varios filósofos promovieron la publicación de sus innumerables manuscritos: Russell y Whitehead mostraron gran interés en ello, también Josiah Royce, pero Harvard encargó más tarde a dos jóvenes entusiastas la confección de una antología, los famosos Collected Papers, ocho volúmenes de escritos escogidos sin demasiada coherencia 15{14}. Actualmente se edita en la Universidad de Indiana una colección cronológica de todos los escritos de Peirce que permitirá acceder a su obra completa.16{15}

2. Peirce y la escolástica

Es imposible caracterizar la filosofía de Peirce en una sola charla, por larga que fuera. Su pensamiento —como bien dice Nathan Houser— engloba un buen número de teorías y doctrinas distintas pero interrelacionadas, cualquiera de las cuales puede ser fácilmente el tema de libros enteros —como algunas, de hecho, lo han sido—. Entre las teorías más características de Peirce se encuentran su pragmatismo (o “pragmaticismo” como más tarde lo llamó), un método para resolver confusiones conceptuales relacionando el significado con las consecuencias; la semiótica, su teoría de la información, de la representación y la comunicación, y el desarrollo del conocimiento;(...) el falibilismo, la tesis de que ninguna investigación puede pretender tener completa garantía de haber alcanzado la verdad, porque nueva evidencia o información puede surgir y reverberar a través del sistema de creencias propio afectando incluso aquellas más atrincheradas; el tijismo, la tesis de que el azar es realmente operativo en el universo; el sinejismo, la teoría de que la continuidad predomina y que la suposición de continuidad es de enorme importancia metodológica para la filosofía; y, finalmente, el agapismo, la tesis de que el amor, o simpatía, tiene influencia real en el mundo y que, en realidad, es “el gran agente de evolución del universo”. Las últimas tres doctrinas son parte de la comprehensiva cosmología evolucionista de Peirce.17{16}

Voy a centrarme en lo que prometía el título de esta comunicación, en el Peirce “aristotélico del ala escolástica” como se denominó a sí mismo en 1897 (CP 5.77n1). Para hacerlo tenemos que retroceder a los primeros años de su interés filosófico. De estos años data también el despertar de su curiosidad por la lógica y la filosofía escolásticas que continuará durante toda su vida. Los escritos anteriores a 1862 —nos dice Murphey—“carecen de terminología escolástica” en tanto que los posteriores a 1865 abundan en ella:

No poseemos una lista completa de los autores que Peirce leyó, pero sabemos que hacia 1867 había estudiado al menos a Aristóteles (Pr. 1), Boecio (CP 2.391), Anselmo (CP 5.213nl), Abelardo (CP 1.551nl), Pedro Hispano (CP 2.800nl), Juan de Salisbury (CP 5.215nl), Duns Escoto, Santo Tomás de Aquino (CP 2.393), Ockham (CP 2.393) y probablemente otros.18{17}

Al parecer Peirce se volcó a la lógica escolástica en la misma medida en que iba decepcionándose de la lógica kantiana 19{18} y a filosofía escolástica en general en la medida en que fue dándose cuenta que la ciencia y la filosofía modernas necesitaban escapar del derrotero en el que las había situado Descartes. Es muy probable que la responsabilidad de convertir al joven kantiano en un escolástico la haya tenido involuntariamente Carl Prantl; éste comenzó a publicar en alemán, en varios tomos, a partir de 1861, una Historia de la Lógica en Occidente. En el primer tomo se ocupaba de la lógica en la Antigüedad pero del segundo al cuarto hacía lo propio con la Edad Media. Tengo en mis manos un ejemplar traducido al italiano perteneciente a la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, el único ejemplar que poseemos en esta biblioteca se ocupa de los siglos VII al XII.

Seguramente un título como el que nos ocupa encontró en Peirce a un ávido lector, quiso saber más y más sobre la lógica de los escolásticos y aprovechó sus viajes y su buena fortuna de aquellos años para comenzar la que fue en su tiempo la biblioteca sobre filosofía medieval más grande de Norteamérica con alrededor de doscientos títulos. Poseía incunables e incluso manuscritos. La penuria económica de sus últimos tiempos lo obligó a desprenderse de algunos de esos libros, el resto fue regalado y muy poco permanece -disperso- en la biblioteca Houghton de Harvard.

Los años que dedicó al estudio de Aristóteles y la escolástica fueron considerados luego por Peirce como "los más laboriosos de su vida". Descubrió en la lógica escolástica una minuciosidad terminológica y una sutileza en el arte de distinguir difíciles de superar. El desprecio de la escolástica por los siglos posteriores fue denominado por él como "la Gran Barbarie", barbarie que llevó a los lógicos contemporáneos a desperdiciar esfuerzos en redescubrir leyes y capítulos enteros de la lógica.20{19}

A diferencia de otros filósofos Peirce siempre menciona sus fuentes con agradecimiento; en la medida de lo posible sus abundantes notas al pie señalan cómo tal o cual pasaje de un autor en particular le dio materia de meditación por largo tiempo. Todo esto se debe a que Peirce buscaba la Verdad -así, con mayúsculas- antes que la fama o la originalidad; estaba firmemente convencido de que la búsqueda de la Verdad es una tarea comunitaria, tarea de toda la humanidad a lo largo de la historia y no de un individuo solitario. Para él el individuo solitario es la fuente primordial del error, de ahí su oposición tenaz al cartesianismo y su elogio de la escolástica. Cree que la filosofía se beneficiaría ampliamente si abandonara la costumbre de buscar individualmente la verdad aprendiendo del trabajo de los científicos, que la buscan en comunidad. Por estas convicciones la doctrina peirceana del conocimiento ha sido llamada también "socialismo" lógico.

Escuchemos lo que dice sobre los científicos en un manuscrito sin fecha (probablemente de 1905 ó 1906):

Los científicos que dedican toda su vida a la búsqueda desinteresada de la verdad. Son los hombres entre los que el escritor de este libro ha tenido el privilegio de pasar toda su vida, y naturalmente sostiene que son superiores a todos los demás. Ningún individuo de esa sociedad espera hacer, él mismo, algún avance grande hacia la verdad completa y perfecta, sino que continua los trabajos de sus predecesores y espera que sus sucesores continúen los suyos. Apenas se pregunta a sí mismo cuánto tiempo puede calcular razonablemente que durarán sus trabajos. Quizá piensa que, aunque la raza humana ha recorrido ya la mayor parte de su trayectoria y puede estar cerca de la extinción, es su deber no perder el valor, sino continuar trabajando para sacar la verdad a la luz con la esperanza de que aquello que él hace no sea en vano. Sin sentirse competentes para pronunciarse acerca de tal cuestión, muchos científicos están animados por una profunda adoración hacia algo más allá de la naturaleza.21{20}

Peirce no duda en afirmar que en la historia de la filosofía los que más se acercaron a este espíritu de amor desinteresado por la verdad fueron los escolásticos, por ende, los consideraba los más "científicos" de los filósofos. En su reseña de 1871 de las obras de Berkeley editadas por Fraser habla de los escolásticos con indisimulada admiración y casi en los mismos términos que acabamos de escuchar. Dice allí:

Los hombres de aquella época creían firmemente y pensaban que valía la pena renunciar aquí a todos los placeres de la vida en aras a dedicarse por completo a la tarea enorme de construir y de escribir. Pensemos en el espíritu con que debió de trabajar Duns Escoto, que antes de los 34 años había escrito sus trece volúmenes in folio, en un estilo tan denso como las partes más densas de Aristóteles. Nada es más sorprendente en las dos grandes producciones de aquella época que la total ausencia de engreimiento por parte del artista o del filósofo. Lo que éste nunca concibió es que pudiera añadirse algo de valor a su católica y sagrada obra infundiéndole un toque de individualidad. Su obra no está diseñada para encarnar sus ideas, sino la verdad universal (...) Y con independencia de lo escondido y pequeño que pueda ser un detalle, ha sido estudiado concienzudamente como si fuese planeado para los ojos de Dios.22{21}

Antes de llegar a esta alta estima de la escolástica Peirce hubo de recorrer un largo trecho desde un nominalismo inicial inspirado por Whately hasta una postura realista respecto de los universales afín a Duns Escoto. Según Fisch este acercamiento al realismo escotista se dio en siete pasos graduales, que no detallaremos aquí.23{22}

Mauricio Beuchot, medievalista y filósofo mexicano, ha dedicado a las relaciones de Peirce con la escolástica un detallado estudio 24{23} (disponible en la página web del GEP) en el que muestra cuántas y cuáles doctrinas de los escolásticos influenciaron las posturas peirceanas: desde su clasificación de los signos y la argumentación hasta sus categorías ontológicas, pasando por la lógica y por sus motivaciones para elegir a Escoto. Un capítulo especial merecería la tendencia peirceana a encontrar tríadas en todos lados, al igual de San Agustín. Hay un párrafo sobre la significación explicada desde la Trinidad que merece citarse, pertenece a una de sus Conferencias Lowell (XI, 1866):

Aquí tenemos, por tanto, una Santísima Trinidad del objeto, el interpretante (o sujeto) y el fundamento. Cada uno constituye el símbolo y asimismo todos ellos le son esenciales. Y no son la misma cosa bajo diferentes puntos de vista, sino tres cosas que alcanzan identidad cuando el símbolo alcanza información infinita. En muchos aspectos esta trinidad coincide con la trinidad cristiana; de hecho, no sé que haya algún punto de desacuerdo. El interpretante es evidentemente el Logos Divino o Palabra; y si nuestra anterior búsqueda de que una Referencia a un interpretante es Paternidad es correcta, éste sería también el Hijo de Dios. El fundamento, siendo aquello cuya participación es requisito para cualquier comunicación mediante el Símbolo, corresponde en su función al Espíritu Santo.25{24}

Hay que destacar que esta triadicidad tiene una profunda relación con las categorías peirceanas (Primeridad, Segundidad y Terceridad), categorías que son ontológicas y lógicas y que él elaboró tempranamente como una superación y simplificación de las categorías kantianas. Peirce es un metafísico. Si bien en muchísimos pasajes se queja de algunos vicios de la metafísica especulativa, él hizo un serio intento por fundar una metafísica racional. Veamos un pasaje en el cual sintetiza en forma bastante clara sus categorías:

Dando al ser el más amplio sentido posible, con el fin de incluir tanto las ideas como las cosas, e ideas que imaginamos tener, así como ideas que realmente tenemos, yo definiría la Primeridad, la Segundidad y la Terceridad de este modo:

Primeridad es el modo de ser de aquello que es tal como es, positivamente y sin referencia a ninguna otra cosa.

Segundidad es el modo de ser de aquello que es tal como es, con respecto a una segunda cosa, pero con exclusión de toda tercera cosa.

Terceridad es el modo de ser de aquello que es tal como es, al relacionar una segunda cosa y una tercera entre sí (Carta a Lady Welby de octubre de 1904).

El punto de partida del análisis categorial de Peirce es el concepto de Kant de que " la función de los conceptos es reducir a una unidad la multiplicidad de las impresiones sensoriales " 26{25}.

3. Peirce y Duns Escoto: el realismo de los universales

Entre 1867 y 1871, Peirce estudió en forma profunda el Curso Filosófico de Coimbra, es decir, el curso elaborado por los profesores jesuitas del Colegio Real de Coimbra, Portugal, publicado entre 1591 y 1606. Este curso fue impulsado por Fonseca, dominico seguidor de Escoto. Fonseca (1528-1599) influyó especialmente en la Dialéctica de dicho curso y, por esta vía, Peirce recibió el remoto influjo de Escoto. Pero también leyó directamente a Escoto. En su biblioteca de filosofía medieval se destacaba un importante grupo de obras de Duns Escoto comprado en 1867. [La discusión acerca de la razonabilidad del sentido -al menos la involucrada en las artes sermocinales que recreara Thomas von ERFURT al reflexionar acerca del modi significandi et consignificandi con el propósito de dilucidar las relaciones entre los modi significandi, modi sciendi y modi essendi- concluye presentado conexiones físicas con aquello que deseo comprender del objeto y de sus imbricaciones, a la manera de instancias intelectivas que requieren de la experiencia; y es Charles S. PEIRCE quien comprende este asunto en los prototipos de la iconicidad y la indicidad (aunque confundiendo a von ERFURT con J. DUNS SCOTUS en oportunidad de estudiar los asuntos presentados en Tractatus de modis significandi)].

A pesar de la profusa utilización que hace Peirce de los autores escolásticos, no los sigue dogmáticamente; él imprime su peculiar personalidad a todo cuanto piensa. Se siente escolástico porque para él el problema de los universales es el problema de problemas en el que se juega el destino de la filosofía y de la ciencia. Declara, por ejemplo, seguir a Duns Escoto pero va más allá que él hacia un realismo de los universales más extremo, más cercano al platonismo.27{26}

Dice Peirce:

Así la cuestión del realismo y el nominalismo tiene sus raíces en los tecnicismos de la lógica, sus ramas alcanzan toda nuestra vida. La cuestión de si el género homo tiene alguna existencia salvo como individuos, es la cuestión de si hay algo de mayor dignidad, valor e importancia que la felicidad individual, las aspiraciones individuales y la vida individual. Si los hombres tienen algo realmente en común, entonces la comunidad debe ser considerada un fin en sí misma, y si es así, cuál es el valor relativo de los dos factores, es la cuestión práctica más fundamental respecto a toda institución cuya constitución esté en nuestro poder influenciar.28{27}

Recordemos brevemente en qué consistía el problema. Para comenzar, es necesario distinguir dos sentidos de la palabra "realismo" -como hace Beuchot 29{28}-:

Uno se da cuando se usa dentro del problema de los universales y otro distinto cuando se usa dentro del problema del alcance y los límites del conocimiento. En el primer caso tiene un sentido metafísico más bien que epistemológico, y se refiere al estatuto ontológico que se concede a los universales, ya sea como entidades reales, ya sea como entidades meramente mentales o lingüísticas. En el ámbito del problema de los universales, el realismo se contrapone al nominalismo. El nominalismo ve los universales como puros conceptos o como meras palabras; el realismo se le opone, y puede ser extremo (platónico), cuando se ven los universales como entidades subsistentes, o moderado (aristotélico), cuando se ven los universales como dependiendo de los individuos en los que se realizan. En cambio, en el ámbito del problema del conocimiento, el realismo se contrapone al idealismo y tiene un sentido de realismo cognoscitivo. Aquí lo tomaremos solamente en su sentido ontológico de respuesta al problema de los universales, y trataremos de ver el matiz que adquiere en el pensamiento de Charles Sanders Peirce.

La  postura de Juan Duns Escoto frente al problema de los universales era -como la de Tomás de Aquino- la de un realismo moderado. Escoto afirmaba que lo verdaderamente real son los individuos, éstos tienen una forma, esencia o naturaleza, individualizada por la esteidad (haecceitas) . La naturaleza es común en la cosa pero no universal, esa comunidad se da en la cosa previa a la acción del intelecto. La naturaleza, vista metafísicamente, en estado puro, no es ni individual ni universal, aunque sí es objeto del intelecto. También puede ser vista desde el punto de vista físico y entonces es la naturaleza en estado individual, particularizada en el individuo, o bien puede verse desde la perspectiva lógica, y entonces es la naturaleza en estado universal, en el intelecto y por obra de su capacidad abstractiva. Para Escoto sólo el individuo tiene unidad numérica, la naturaleza común tiene una unidad menor que la real o numérica, pero mayor que la de la sola razón. Tomás de Aquino, en cambio, pensaba que la naturaleza en la cosa sólo tiene unidad de razón. De ahí que Escoto nos parezca un poco más realista que Santo Tomás, puesto que hay unidad, entidad o acto, aunque sea menor, en la naturaleza común en la cosa.

Peirce, luego de su iniciación filosófica en el nominalismo de Whately, se declara realista en 1871 y mantiene esa posición hasta el fin de sus días. Adopta una muy clara negación del nominalismo -nos dice Beuchot 30{29}-en su célebre distinción entre Type y Token:

una expresión puede ser prototipo (type) o instancia (token), y esto lo amplía a otras cosas, p. ej. una pieza de música es prototipo de las ejecuciones que se hacen de ella, que son sus réplicas, y un modelo de auto es prototipo de los autos individuales, que son sus instancias, etc. Así, si escribimos en la pizarra la palabra "gato", y después la borramos, no acabamos con la palabra type, sino con uno de sus tokens. Pues bien, el type es el universal, y el token es el individuo, porque en la pizarra no usamos la palabra prototípica, ya que si borramos esa palabra "gato" que fue escrita en la pizarra no se acaba con la palabra "gato" en sí. Pues bien, también las leyes son types generales, que tienen como tokens los eventos en que se cumplen y tienen que ser reales, para que sean leyes objetivas.

Peirce piensa -al igual que Escoto- que si el universal fuera una mera palabra o concepto, las leyes físicas no tendrían nada que ver con la realidad y en lugar de metafísica habría lógica únicamente. Si uno cree en la ciencia, entonces cree también en que los principios universales realmente operan en la naturaleza y es un realista escolástico, lo sepa o no. Tal es la postura de Peirce. Los expertos han señalado que esta posición no es exactamente un realismo escotista, pero Peirce no se cansa de decir que sigue a Escoto. En 1897 dice:

Las obras de Duns Escoto me han influenciado fuertemente. Si su lógica y su metafísica, no servilmente adoradas, sino sacadas de su medievalismo, son adaptadas a la cultura moderna, bajo continuos recordatorios de las críticas nominalistas, estoy convencido de que avanzará mucho en suministrar la filosofía que es la mejor para armonizar con la ciencia física. (CP 1.6)

Los universales, para Peirce, garantizan la legalidad y la continuidad de la naturaleza, pertenecen a la categoría de la terceridad, esto es, son relaciones que se constituyen en leyes de la naturaleza o del ser. 

Para concluir

La idea general de esta comunicación surgió hace un par de años cuando -en una conversación informal- le contaba [Catalina HYNES] a Gaspar Risco Fernández lo mucho que me había sorprendido leer que Peirce, el padre del pragmatismo y precoz lector de Kant, se consideraba a sí mismo un "aristotélico del ala escolástica". Gaspar quiso saber entonces dónde y cuándo se había encontrado Peirce con la escolástica. Yo "reenvié" la pregunta a mi director de tesis quien, con sabiduría de maestro oriental, me dijo: "en la bibliografía que tienes está la respuesta". Avergonzada, me puse a buscar lo que estaba ante mis ojos. Ahora puedo decir que Peirce se consideraba aristotélico por varias razones, una de ellas es el aprecio por la distinción entre acto y potencia, por su aceptación algo tardía de las posibilidades reales, otra -no menor- es que para Peirce las categorías son categorías del ser y por ello redundan en categorías lógicas. Prácticamente no he mencionado el tema de la abducción que está en el foco de atención de muchos investigadores actuales, desde psicólogos hasta expertos en inteligencia artificial, pasando por los filósofos de la ciencia. Se trata del método de la hipótesis o del razonamiento hipotético. Peirce afirma haberlo hallado en Aristóteles, concretamente en el cap. 25 de los Analíticos Primeros. Detallar esto sería tema para otra charla completa pero al menos quiero mencionar que Peirce se empeñó en señalar la filiación aristotélica de esta importante clave de bóveda de su filosofía.

También creo que existe entre Peirce, Aristóteles y los escolásticos, a pesar de los universos culturales diferentes que habitaron, una gran esperanza en el poder del hombre de conocer lo real -esperanza, dicho sea de paso, que lo alejó definitivamente de su maestro Kant-; con los escolásticos cree que este poder viene de lo alto y nos eleva por encima de la animalidad. Y, lo que es más importante aún, ve en toda búsqueda humana de verdad, junto a nuestra radical finitud, un impulso trascendente, una búsqueda de Dios.

Personalmente veo en Peirce un gran filósofo para el diálogo de tradiciones, tanto de las que existen en nuestro mundo contemporáneo -muchas veces antagónicas- como de las que existieron en todo lo largo, lo ancho y lo profundo del continente filosófico 31{30}; también las diferentes disciplinas -metafísica, gnoseología, lógica, matemática, filosofía de la ciencia y filosofía del lenguaje- y casi todos los intereses filosóficos encuentran en la filosofía peirceana un lugar. No es poco para un solo hombre que pensaba aportar apenas un grano de arena a lo que él llamaba la "conquista de la ciudadela de la verdad".






Patrick HUGHES como estudio de caso
Por Pablo PALLAS

El cortometraje Signs es del director Patrick HUGHES.  En una nota de L. MONTOYA JASON se publica que esta producción fue realizada para el Schweppes Short Film Festival. Te propongo que luego de analizar las propuestas teóricas de Ch. S. PEIRCE estudies la problemática de semiosis que presenta este shortfilme (respecto de las categorías universales que referenciaría), teniendo por inicio su slogan:  "SOMETIMES ALL YOU NEED IS A SIGNS".

Título: Signs | Director: Patrick Hughes | Año: 2009 | País: Francia | Duración: 12.13 min.



lunes, 14 de diciembre de 2009

Tolerenacia o tolerantismo

Resistencias contemporáneas
Innovar o extender conceptos


¿Cómo se constituye tanto el intercambio asimétrico como el equipotente entre los sujetos operatorios, respecto de un campo de producción simbólica de poder?

Indicaciones temáticas
Por Pablo PALLAS

El filósofo Gustavo BUENO -pensador estudiado para variadas problemáticas que se te proponen en este blogchannel- desarrolla una lección magistral acerca de un concepto especialmente contemporáneo que es el de la "tolerancia".  En el site de su fundación te presentan los ítemes de su análisis.  Se resumen, según sus géneros y especies principales, de la manera siguiente:


Tolerancia circular de primer género: cuando los sujetos son instituciones supraindividuales


A. Cuando las instituciones son políticas
Tolerancia entre estados de diferente potencia
Tolerancia entre estados equipotentes
Tolerancia entre un estado y partes suyas (por ejemplo una autonomía o un partido político)


B. Cuando las instituciones no son políticas
Tolerancia entre iglesias
Tolerancia entre empresas


C. Especies mixtas: tolerancia entre iglesia y estado 


Tolerancia circular de segundo género: entre una institución y un individuo perteneciente a esa institución


· Se analizan varios ejemplos de este género 


Tolerancia circular de tercer género: cuando los sujetos de la relación son ambos individuos


· Se analizan varios ejemplos de este género 
· Crítica a la idea de tolerancia de Voltaire
· Análisis de la idea de "respeto" 

Final: La tolerancia omnímoda como ideología de las democracias basadas en la sociedad de mercado


Haz click aquí para ver el libro El sentido de la vida de G. BUENO

























Tolerancia/ Libertad personal
Tolerancia/ Intolerancia
Tolerancia en los clásicos
Historia de la tolerancia/ Historia del concepto de tolerancia
Criterios para una Historia "sistemática" del concepto de Tolerancia
Concepto antiguo de tolerancia
Concepto cristiano-escolástico de Tolerancia
Concepto moderno ("anticristiano") de Tolerancia
Crítica al concepto moderno de Tolerancia
Idea funcional-formal de Tolerancia
Tolerancia como concepto moral
Parámetros para que la Tolerancia alcance significado moral
Tolerancia "negativa"
Tolerancia "positiva"


Bruno DUMONT como estudio de caso


La vie de Jésus (1997) es un filme de Bruno DUMONT que obtuvo una mención especial en Cannes, un Cesar, el premio Jean Vigo y fue nombrado como película revelación en los European Films Award. En una entrevista publicada por B. ÁLVAREZ este director afirmaba que su trabajo no consiste en realizar películas bellas sino en provocar al espectador. Se trata de un relato que muestra la vida de quienes padecen un aburrimiento atroz por no saber ser. Ocurre en el norte de Francia (a finales del siglo XX). Y las implicancias éticas que se concatenan, convierten la historia en un verdadero objeto eudemonista repleto de nodos teóricos para estudio. Es un "lugar" (si se considera el hilemorfismo aristotélico) donde el esquematismo xenófobo y las resoluciones moralistas consumen a los "contenidos", porque se inhiben las alternativas operatorias entre los sujetos. Te propongo que luego de involucrarte con las presentaciones filosóficas consignadas acerca de la Tolerancia, indagues -en el propio campo semiológico- la problemática de sus manifestaciones estéticas (poéticas o no) en el filme.


Título: La vie de Jésus | Director: Bruno DUMONT | Año: 1997 | País: France | Duración: 89.08 min.


LiNks nOw!