domingo, 10 de abril de 2011

Memorial del Holocausto del Pueblo Judío


Tatiana Plakhova – Music Portraits series.













Aproximaciones a una textualización del dolor, o un caso montevideano de semiología urbana: el Memorial del Holocausto del Pueblo Judío como síntoma de poética

¿Acerca de qué trata la "representación", siendo que la semiología urbana intenta deshilvanar la razón de existencia de la cosa monumental entre sus múltiples confirmaciones, o poéticas o políticas?

Por Pablo Pallas 

Véase 

Academia Plataforma académica para trabajos de investigación
«Un caso de Semiología urbana en Montevideo: El Memorial del Holocausto del Pueblo Judío como textualización del dolor» de PALLAS, Pablo en BRESCIANO LACAVA, J. (COMP.); LA MEMORIA HISTÓRICA Y SUS CONFIGURACIONES TEMÁTICAS. UNA APROXIMACIÓN INTERDISCIPLINARIA; Ediciones Cruz del Sur; Montevideo, 2013 (págs. 367-384).

Universidad de Salamanca STUDII SALAMANTINI/ DIARIUM
«Un caso de Semiología urbana en Montevideo: El Memorial del Holocausto del Pueblo Judío como textualización del dolor» de PALLAS, Pablo en BRESCIANO LACAVA, J. (COMP.); LA MEMORIA HISTÓRICA Y SUS CONFIGURACIONES TEMÁTICAS. UNA APROXIMACIÓN INTERDISCIPLINARIA; Ediciones Cruz del Sur; Montevideo, 2013 (págs. 367-384).



I. Propedéutica de una referencialidad poliédrica, significado del significante

1. Aquel que mira textualiza[1]; es inevitable. No solo porque piensa e incluso reflexiona acerca del propio mundo-entorno, sino porque, a su vez, algo expresa e incluso -como concreción del intercambio- algo efectivamente dice.[2] El memorial[3] uruguayo a los hombres y las mujeres judías víctimas del nazifascismo (atendiendo un sentido barthesiano que se postula para discusión del signo[4]) se comprende como objeto de semiología urbana por causa de su existencia misma que es significante[5] o “mediadora”[6] puesto que la visibilidad-legibilidad[7] que logra intensifica (físicamente, sensorialmente) la imaginería. Y es que como corporeidad es una evidencia, una creación que resulta señalada hacia sí. No obstante, en principio, antes de afirmar nada a manera de tesela, es necesario por lo menos delimitar -provisionalmente- la práctica teórica que inquieta y que se presenta contrariada, la más de las veces, o entre afirmaciones infusas o puras, cuando se discute poética acerca de lo urbano-diacrónico a partir de alguna semiología (o metodología de lectura).[8] 

La reflexión mínima que se propone, enunciándosela a partir del Memorial, discerniendo una inferencia que caracterice la objetivación de la cosa, en términos de problemática poliédrica[9], distinto de las prácticas alquímicas, no consiste en convertir materiales, en hechizar, en transmutar elementos por mediación de oratorias o invocaciones[10]. Incluso, a manera de cura chamanística o argüir terapéutico, no se concentra o se detiene la lección en una efectividad simbólica[11] (en los términos de una resultante de ordenamientos). Por tanto, la concreción del objeto de estudio, de su enigma[12], no se dilucida en el descubrimiento de un “espíritu” o de una “sustancialidad”.  Simplemente especula acerca del sentido de lo creado y en creación como lo real nuevo, acerca de la verdadera causa de transformación permutada entre -aunque parezca “pura razón” así afirmarlo- sujeto y objeto, y, en ese orden, además, siendo que el objeto adquiere valor y denominación, i.e. se lo discute como idea, a partir del sujeto, o, en términos teoréticos, a partir de la relación del cosmos consigo mismo (una vez concretado en materia-viva inteligente[13]). 

Así, el fin diádico que habrá de abarcarse en el estudio, en las argumentaciones e intentos de conclusión que se consignan, si al menos se lograra un insipiente borrador conjetural, dada la escasez de investigaciones en semiología urbana respecto de casos montevideanos, es i. el de justificar específicamente la controversia valorativa que puede implicar un memorial[14] y, en términos cuodlibetales, ii. el de discutir o la gravidez o infertilidad de una pólis que indaga en su reconocimiento poblacional -como antaño parecería haberlo iniciado- para reordenarse[15] territorialmente. 

2. Las correspondencias polimórficas de ese poliedro, sus vinculaciones poéticas o políticas con los mundos de lo urbano y de la urbanidad, se hallarían configuradas situacionalmente -mediante su cierre tecnológico[16]- en la forma de tránsito que el sujeto de inteligencia logra conjeturar, reduciendo la generalidad del lugar a conocimiento o propósito toponímico, i.e., finalmente, a sitio denominado (a multiplicidad: a sitios[17] denominados, puesto que en el caso del Memorial su tránsito se corresponde con lapsos que entre sí se distinguen mediante el nombre). Esta tesela intenta confirmar, pues, alguna comprensión de esa cuestión urbana, entre dificultosas trazas etnográficas y lingüísticas, mediante impulsos dispersivos y heteróclitos provocados -por ese significante “memorioso”- en quien mira, complicando su resolución definitiva, multiplicando las contrariedades polisémicas de la práctica intelectiva en que converge, siendo su objetivación semiológica además irreducible a un sentido, “un” referente, o “una” intención.[18] 

Es una labor especulativa que implica, de alguna manera, un ejercicio de fuga[19] de aquellas logotécnicas[20] que fundan objetivamente la construcción poliédrica, (conjugada positivamente en un valor de verdad respecto de sus cuestiones geométricas, algebraicas, algorítmicas, físicas, etc.). En principio, se halla su topografía, i.e. su superficialidad circular[21], intervenida como significación[22] o secuencia narratológica, que desafía -en la perspectiva de quien admira- las prácticas experimentales con que elabora el sujeto de inteligencia una comprensión sintética de sí mismo. Habrá que afirmar pues que mirar una obra urbana, discutir sus particularidades intrínsecas, es (“introspectivamente”, a manera apotética) mirarse.[23] 

3. Es la “semiología urbana”[24] aplicada, igualmente, primitiva.  Incluso, es clínicamente hostil:  no integra necesariamente al sinestésico, tampoco al daltónico, no integra necesariamente al ciego, no integra necesariamente al agorafóbico, no integra necesariamente al agnósico, a los incapaces por apraxia, a los que manifiestan alguna psicopatía, a los imposibilitados por alexia, a los afásicos, etc. Eso quizá podría hacer creer que se pretende dilucidar las cuestiones urbano-semiológicas a partir de un sujeto de inteligencia puro o normal: no; solo se trata de discutir la práctica poética del poliedro respecto de sujetos operatorios capaces de concreción superlativa en los mundos-entornos de sus intercambios.         

Esto es lo que hace al lugar inteligible: pensarlo tetradimensional es pues propiciar -en términos sintomatológicos- un umbral semántico acerca de sí mismo.  La pertinencia del lugar como causa de reflexión, por tanto, resulta de su efecto recreador del pensamiento a partir de la emergencia de inacabados significantes típicos[25] (“agua”, “escritura”, “horizonte”, “luz”, “madera”, “piedra”, “sombra”, “sonido”, etc.). Este procedimiento de trabajo no implica separarse mecánicamente de los realia[26], de las mediaciones materiales -en las que se atiende principalmente la crisis poética de la palabra inscripta en la “cosa”[27]- con que se implementa potencialmente, si no se concreta, una satisfacción empírica por causa del objeto creado que es además, interpretativamente, objeto en creación. Y es que especificar la existencia poética del objeto para sí (en los términos de una positividad foucaultiana) es distinto que caracterizarlo en sí.[28] 

4. En términos de tropo, podría mencionarse que todos los signos[29] del lugar, en el conjunto de sus permutaciones, habrán de hallarse “esculpidos” (exteriorizados) aunque mediante una égida del recorrido conceptualmente arquitectónico-ingenieril (porque hay asimismo interioridad, mediante las “entradas” y “salidas” que posee el Memorial). Además, en términos estéticos hay que discutir qué es concretamente el Memorial (no los “memoriales”). No es una plaza, no solo porque no se corresponde con su estructura ingenieril, sino porque ésta, en su aislamiento, hace referencia de un lugar en el que lo monumental o específicamente escultórico existe o podría existir en un “por ahí” de su todo[30]

El Memorial, sin embargo, no posee una monumentalidad aislada o un sitio escultórico per sé, puesto que lo total de su estructura es monumento escultórico.  Aunque también es necesario especificar que no es solo escultura o exterioridad, puesto que como poliedro su construcción define la oportunidad del recorrido interior y de sus aledaños (hay entradas o descensos, escalinatas, pontones, rampas, ascensos, etc.). En su “interior” a su vez no hay una pieza que se distingue por sí misma, tal como podría ocurrir en un mausoleo que prepondera la personalidad o en un museo que apropia lo patrimonial (objeto y finalidad, en efecto, se implican en las progresiones o acciones del reconocimiento del sitio en que efectivamente se hallara eso real). No hay un elemento-objeto que por sí mismo se resuelva como acaecimiento, salvo lo estructural en sí mismo:  el muro, o, superficialmente, a la manera de las fragancias, las propias multiplicaciones de sus paramentos. 

Predomina la “estructura”, siendo esta denominación solo intuitiva[31] puesto que sus límites mismos son “difuminados” aunque no infinitos en su adquisición. Y es que todos los elementos avenidos, toda-la-estructura, es, mediante una amplitud gentil del sentido, una poética escultórica. Esa disquisición de tensiones estéticas a partir de sus elementos componentes es, en efecto, un logro paisajístico[32], una predominancia territorial sustantivada mediante la desemejanza o muda figural que no necesariamente implica discontinuidad.  Su intervención del suelo -i.e., desechando abstracciones confusas, el trabajo en sí proyectado por el paisajista- complicó ficcionalmente la reducción topográfica del lugar a sitio, (¿cómo asumo el objeto?, ¿a partir de cuáles fronteras[33], designativas de sus “aristas”?). Así, resultó convertido el poliedro urbano en poema[34] erigido -o físico- que es concreción en una totalidad atributiva significante y en un territorio. 


5. Ante esa problemática de la delimitación brumosa del objeto, i.e. de la oportuna inexactitud de su reconocimiento, la tarea descriptiva o incluso las correspondencias simplistas que se hiciesen de la materia en su diversidad de formas podría resultar frustrante:  a uno de los lados de la | cosa-pétrea | (un muro de piedra granítica discontinuado, o una tétrada de muros, con pasajes aledaños, así como estelas con inscripciones de recordación, etc.), en la que hay agregada una | cosa-ortotrópica | (un par de pontones), hay una | cosa-desértica | (pedruscos y rocas, principalmente) que colinda por un lado con la | cosa-vegetal | (gramilla y ombúes, predominantemente) -en la que se comprende a su vez la | cosa-metálica | (rieles)- y por su otro lado la | cosa-acuática | (una cuenca), etc.

A esas aglomeraciones, asimismo, se le podrían agregar toda otra serie de memes tecnológicos, atendiendo cuestiones geográficas, composiciones atómicas, o distintas series de artificios operatorios, etc., para pretender la ilusión lisológica de una equidistancia, aunque sin lograrse una idea de “selección” y “confirmación” morfológica del objeto de estudio. Entre la “credibilidad” del relato y la “veracidad” de las antecedencias (entre memoria e historia), a su vez, se hallaría la museografía, la archivística, la psicología, la etnografía, la lingüística, etc., i.e. un conglomerado extenso de construcciones positivas y disposiciones especulativas no resueltas disyuntivamente en un corpus metodológico, inconexas durante el siglo XX como ciencias humanas.[35]

Y, asimismo, en medio de las divergencias, también se constituye la oportunidad lingüístico-cognitiva de conmutar la materialidad del hallazgo en resoluciones paradigmáticas. Éstas, en efecto, se concatenarían, a su vez, sintagmáticamente, según el propio talento del que visibiliza para resolver fórmulas especulativas, acerca de sus intercambios y situaciones, hallándose espacio-temporalmente compuestas de sentido. Su secuencia paradigmática -esa instancia trivial e iniciática- estaría ya dada a partir de lo superlativo de quien practica una aproximación hacia el lugar, en la descriptación que implica vencer una incógnita, en la propia aparición de la palabra. 

Acercase al Memorial, aunque no se proceda según el propósito de Heródoto de registrar e historiar, simplemente por circundarlo, implica, ya solo por esa acción, ejercer un desplazamiento a partir del que la “sensación estética” le es ínsita:  porque, esto -que existe en un aquí propio- se halla aquí en este momento (en este ahora que vivo). Ese sintagma (anterior a éste mismo), una vez resueltos sus diversos adverbios y contestadas sus asociaciones, trata acerca de un obrar intelectual que se involucra problemáticamente con la microfísica de pensar dónde se halla y qué habita el sujeto de miradas (reconociendo su oikouméne, i.e. mientras va designando lo más conocido).[36] En fin, las maneras del decir del narrador que es un tránsito dimanan del relacionamiento que como sujeto de inteligencia confirma con otros (mediante cierto desleimiento ergotrópico inclusive), condicionándose, así, en grado determinado, sus accesos al objeto.[37]   

En términos pronominales, la sola práctica de hallarse en el lugar no necesariamente implicará descubrirlo: esta condición es, sin embargo, fundadora de un proceso de auto-reconocimiento (¿cómo conocerse a sí mismo el sujeto de inteligencia, cómo saber quién es, si ignora la validez del lugar que vivencia?). Si ese tránsito se resuelve a partir de una aversión a saberse, esa ingratitud con el suelo, o esa falta de correspondencia con la urdimbre de su construcción, esa no inquietud por las consecuencias de lo “aparecido” ante sus ojos, o la subestimación de sus fundamentos arcanos, podría convertirse en expulsión o -si se procede por indiferencia- en extinción del trashumante. Así resulta cuando quien mira omite enraizarse (enterrarse[38]) en esa experiencia[39] consistente en asumir el lugar. 

6. El interés semiológico acerca del Memorial, por tanto, no se discute a partir de su ornamentado o manifestación figurativa propiamente material sino por lo perlocutivo de su existencia[40] i.e. por el entorno[41] que provoca. La topografía del Memorial -que deviene de “cosas”- confirma alguna poética a partir de la semantización[42] de sus objetos de escultura y del despliegue de su proyección arquitectónica mediante (apropiadas:  exactas) aplicaciones tecnológicas. Es así como el reconocimiento del propósito del sitio e incluso su realidad, en tanto “cosa construida”, son convertidos en una representación mediadora o impresión decible[43] que mediante la práctica distintiva y algún ejercicio de memoria -si se considera la trama saussureana de la significación- provoca relato. Y es un relato por tanto que debe ser conocido, tanto por sus fórmulas sintéticas como por su historia analítica (siendo que ese progreso posee, asimismo, cierta correspondencia con las propias problemáticas de concordancia entre lo testimonial y las conclusiones diairológicas de un opus).

Ese significado[44] necesita de asociaciones, en efecto, de una “huella” con la que se resuelva una comprensión más o menos compleja, más o menos exacta.[45] Esa dimensión psíquica de la memoria, por lo menos en la trama de su  clásica dilucidación lingüística, requiere asimismo de la especificación de sus formas[46], en tanto prácticas de reminiscencia: o “literal” o “ejemplar”. Específicamente, sería mediante la forma de la ejemplaridad que se construirían oportunidades pedagógicas (aleccionadoras[47]) para los educandos y, en general, para el sujeto de inteligencia que desea resolver mediante la palabra la incógnita de por qué es que verdaderamente mira.

7. Si bien en términos de imagen la contigüidad de aquello que el Memorial expresa implica poética o sustantividad, su origen o su sustrato lingüístico -que es signo sometido primitivamente al cuerpo[48]- no es otro que el de las onomatopeyas del dolor. Y su rememoración, de alguna manera, es lo que permite una y otra vez modificar o densificar el estatuto de sus propias imágenes.[49]  Aunque esto no se resuelva en una conclusión iconográfica, sino en una didáctica de los tipos posibles de reflexión y crítica. El propio Memorial coadyuva en proponer como deber ético la labor de compadecerse (con-padecerse), de alimentar el deseo de destruir los dolores del otro derribando conjuntamente los sellos de su servidumbre. La propia tarea didáctica trata acerca de la emergencia de oportunidades de contrastación, no se relega el drama de vida, se cartografía, se tipifican metodológicamente las fuentes de videncia, en fin, se discute la legitimidad epistémica de la imaginería surgente.[50] No obstante, incluso al analizarse mediante el más rotundo realismo[51] la cuestión del dolor[52], hay que prevenir contra una metafísica del mal, o una práctica que desvirtúe la comprensión del Holocausto que trata acerca de un hecho eminentemente político en su versión epistémica más concentrada; hay que prevenir de un discurso apofático, de una hermenéutica neognosticista inmersa en las sombras de la Humanidad.[53]       

8. Y es que la problemática acerca de la representación, de aquello que se-desea-sea-mirado, i.e. -tal como lo especifica S. WEINGARTEN[54]- de la discusión acerca de cómo es que se visibiliza el horror de lo vivido y su memoria (incluso la verdad histórica que lo comprende), de cómo es que se resuelve una distancia óptima[55] para hacer conocer eso real[56] que de alguna manera resultó “irrepresentable”, implica necesariamente la construcción didáctica postulada acerca del entorno. Es una didaxia de la monumentalización[57] que -exenta de pretensiones escolásticas- requiere de “realismo”, de una experiencia-realidad, y, si se asume lo especificado por WEINGARTEN, ha de lograse mediante una conjunción de lo documentario y lo testimonial (siendo que ese último factor resulta problemático en sí mismo, por la existencia de lo que denomina escotomas de la memoria, aparecidos en los relatos de la primera generación de la Shoá).[58] 

9. Esa labor pedagógica de hacer experimentar para saber[59], permite discutir pues la cuestión del antónimo del “olvido”[60] (siendo que se lo ha asociado o con la “memoria” o con  la “justicia”). Si se asume que un rasgo constitutivo de las prácticas dialécticas de la memoria es el de la selección, hay que especificar que tanto el recuerdo como el olvido le son inmanentes.[61] En términos de semiología urbana, la didaxia de la monumentalización que tendría por fin tanto la discusión de lo poético como de lo verdadero -sin una confusión banal o retrógrada de sus respectivos dominios- comprendería, en una cartografía educacional, la inquietud por lograr lo que WEINGARTEN habilita a razonar con su “distancia óptima”: ¿cómo resolver esa desemejanza[62] notable con el hecho político de las masacres perpetradas, de las persecuciones acometidas, de la resistencia heroica de sus víctimas, etc. en un ahora de representación?[63]  Y es que mediante antónimos, lo que se pretendería es la comprensión de la Shoá -como ambiente en construcción- a partir de una pedagogía de la “libertad”[64] que discuta incesantemente-sistemáticamente toda política de infra-humanización que el sujeto de inteligencia -un sistema- promueva o padezca. 

La “memoria”, por su parte, en términos jurídicos, aunque sin pretender reducir en sus producciones positivas al conglomerado especulativo que la discute, es subyacente a toda labor didáctica en el entendido de que se corresponde con la pertinencia de la prueba y lo probado en sí mismo. La memoria, a su vez, en el plano educativo -i.e. en el de una conformación de los conocimientos y del propio saber como un Derecho formal y material- tampoco trata acerca de un mero esquema conversacional, sino de una práctica dialéctica de argumento y justificación acerca del asunto que discute en términos de polémica. 

Y es que el ejercicio de “memoria” -inmerso en una cartografía pedagógica- requiere aunar en su circunstancia formativa voluntad, consentimiento, razonamiento, creación, libertad.[65] Y así las hesitaciones logran su génesis. ¿La memoria para qué?:  ¿para convencer acerca de qué? En esa disposición de enseñanzas es fundamental que el monumento, como poema-objeto, no quede reducido a un señalamiento, a la sola práctica gestual, si eso implicara omitir la oportunidad de particularizar su sentido; se asume, pues, como conveniente, la cautela en los desplazamientos didácticos, so pena de minimizar la comprensión del poliedro mediante la sola definición ostensiva[66] (sin que por eso deba negarse lo propio y vital de un contexto deíctico[67]). 




[1] La “textualización” se considera, en esta tesela, como efecto de las Imágenes (de aquellas semejanzas complejas cuya forma canónica son los morfismos), i.e. como manifestación semántica de las tensiones existentes, en el propio campo de las resoluciones cognitivas, entre las relaciones “apotéticas” y las “paratéticas” por causa del ambiente. Véase  “Imagen, símbolo, realidad” (§. 8.1) de BUENO, G. en URL:  http://www.filosofia.org/rev/bas/bas10908.htm (El Basilisco, 1ª época, nº 9; Oviedo, enero - abril de 1980, págs. 57-74).
[2] Toda asociación posible -según G. FREGE- entre los sentidos oracionales (entendidos como pensamientos) y los significados (siendo valores que designan) solo es dada mediante el lenguaje.  Las expresiones alcanzarían así un significado -en tal ontología- por mediación de su sentido.  Pero eso no quiere decir que al margen del lenguaje hubiese conexión alguna entre sentidos y significados. Cfr. PEÑA, Lorenzo; El ente y su ser:  un estudio lógico-metafísico; Universidad de León - Secretariado de Publicaciones; España, 1985 (pág. 274).
[3] El objeto de interés de la tesela -en su unidad urbana (arquitectónica, escultórica, e ingenieril)- es la construcción* “Memorial del Holocausto del Pueblo Judío” que fue inaugurada a finales del siglo XX en la ciudad de Montevideo (capital administrativa del Mercado Común del Sur), ubicada en el Distrito B y emplazada sobre el tramo de costa Rambla Presidente Wilson. 
*Se erigió en fecha de 10 de noviembre de 1994 a iniciativa del Poder Ejecutivo y mediante aprobación del Parlamento Nacional (Ley 16320, Art. 252), siendo Presidente de la República Oriental del Uruguay Luis Alberto LACALLE HERRERA. Véase MERCADER, Antonio; “Prólogo” en “Memorial del Holocausto del Pueblo Judío”; Ministerio de Educación y Cultura; Montevideo, febrero de 1995.
[4] Es una discusión que se desarrolla en el entendido de que lo propio de un sistema de signos es su facultad de transformarse en el lenguaje de otro sistema; no hay pues hipotética acerca de ninguna intraducibilidad absoluta en los análisis que se formulan. Cfr. LÉVI-STRAUSS, C.; Antropología estructural; 1ª Ed. Paidós Studio; España, 1987 (pág. 35).
[5] Cfr. MONEGAL, A.; En los límites de la diferencia. Poesía e imagen en las vanguardias hispánicas; Ed. Tecnos; Madrid, 1998 (pág. 44): “En el arte contemporáneo la materia empleada, el significante, adquiere una presencia propia que interfiere o incluso sustituye el proceso de representación”.
[6] Esa “mediación” implicaría, en el sitio mismo, a la manera de un “teatro de lugares”, al sujeto de miradas experimentando la historia a la que propiamente refiere una monumentalidad. Cfr. “El espacio escénico en el teatro contemporáneo:  la herencia del siglo XX” de De MARINIS, Marco en PELLETITERI, Osvaldo; Estudios de teatro argentino e iberoamericano. Teatro, memoria y ficción; Galerna - Fundación Roberto Arlt; Buenos Aires, 2005 (pág. 83).    
[7] Cfr. LYNCH, K.; The image of the city; Joint Center for Urban Studies (Massachusetts Institute of Technology-President and Fellows of Harvard College; USA, 1960 (págs. 9 y 10).
[8] El lugar -i.e. del cosmos, lo apropiable- si carece de poeticidad no es más que una “realidad humilde”*.
* Si bien la idea de “realidad humilde” se toma de los teólogos escatológicos, valga asumirla exenta de su criterio milenarista, para sí considerarla pues inmersa en la progresión antropológica. Cfr. RATZINGER, Joseph (trad. BAS ÁLVAREZ, B.); Jesús de Nazaret; (1º ed.) Planeta; Buenos Aires, 2007 (págs. 79-80).
[9] La problemática poliédrica (el objeto Memorial) así como el sentido mismo de “memorial” -en lengua española*- se confirman tensionándose mutuamente, a partir de una “ausencia semántica” o silencio que caduca y se regenera ante cada instancia del mirar.
* Respecto de la lengua española, el término “memorial” no tuvo (por lo menos hasta las instancias de enmiendas anticipatorias a la XXIII edición panhispánica de la RAE) nada parecido a un calco semántico para -como sí lo comprende la lengua inglesa- agregarle el sentido de an object, often large and made of stone, which has been built to honour a famous person or event.
[10] No faltarán plásticos que afirmen que al “pintar” rezan, por considerar que se hallan ante materia iluminada.
[11] No se pretende una amalgama de las distintas prácticas estéticas, i.e. una semiología que a partir de lo urbano resuelva acabadamente las relaciones interartísticas en términos de signos, normas y valores. Valga a manera de caso el “caligrama” para especificar lo irracional de ese propósito:  la propia oralidad que lo verbaliza, a su vez, en términos visuales,  lo confunde y desvanece. Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (págs. 23, 30, 57 y 75). 
[12] El enigma no se presenta como objeto mágico, sino en tanto “problema” a identificar, i.e. como composición nematológica que comprendiéndose existente dificulta la existencia objetiva asimismo del propio sujeto de inteligencia, siendo “duda” o “certeza”, o siendo desplazamiento de una a otra. Cfr. LÉVI-STRAUSS, C.; Op. Cit.; España, 1987 (pág. 38).
[13] Discutir acerca de la “inteligencia” no solo trata de una especificación de prácticas para la resolución de conflictos (en los campos de estudio atinentes con la biomasa es lo que fundamentalmente se considera y, por tanto, ese atributo de la materia viva en evolución poseería gradaciones). No obstante, para la tesela se propone otra especificidad:  lo inteligente trataría acerca de una facultad de consciencia de sí asociada de manera indisoluble a la propia construcción de historia.
[14] Se discute pues Le Devoir de Mémoire. Cfr. “Recuerdo y resentimiento” de FINKIELKRAUT, Alain en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 34; Buenos Aires, diciembre de 2010 (pág. 72).
[15] La ciudad de Montevideo, emergida del presídium y el fortín, progresó significativamente en la comprensión de su territorialidad mediante la monumentalización perdurable no solo con cosas (mármol y bronce) sino, especialmente, por efecto de sus personalidades. Cfr. MÁS de AYALA, Isidro; Y por el sur el Río de la Plata (III Montevideo); 2º Ed. Talleres Gráficos Gamma; Buenos Aires, 1959 (págs. 151-152). 
[16] El “cierre tecnológico” es discutido por filósofos como Gustavo BUENO para la discriminación estética entre las construcciones correspondientes con lo arquitectónico-civil, militar, religioso, etc., lo escultórico (figuras de bulto en general), o lo ingenieril (teorías y aplicaciones de tratados técnicos, para procedimientos industriales).
[17] Véase la cuestión de los nódulos en el §25.
[18] Cfr. CUESTA ABAD, José Manuel; )Clausuras( de Pierre Klossowski; Ediciones Arte y Estética; Madrid, 2008 (pág. 17).
[19] Ese ejercicio de fuga -que es, a manera de reflexión, pensar especulativamente el objeto- implica la no provocación de reducciones constructivas:  podría haber mil millones de átomos en un signo de puntuación [“.”] y, sin embargo, esa constatación no tiene por qué implicar la reducción de la gramática a una cuestión de propiedades químicas. ¿Por qué? En términos metodológicos, sencillamente porque no permite ese mecanicismo la labor, entre otras, de especular acerca de la producción de conocimiento ortotipográfico.
[20] Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); La aventura semiológica; (1º ed.) Paidós Ibérica SA; España, 2009 (pág. 35).
[21] Las cuestiones atinentes con la exterioridad del objeto, deben comprenderse discutiendo sus asociaciones de inmanencia. Si se toma por caso el “color” -objeto de estudio en sí mismo complejo, si se lo discute en condiciones poliédricas- en su reducción etimológica (i.e. en la visión de Occidente) trata, apenas, acerca de aquello que es identificado como material sobre una superficie. Por tanto, lo superficial en una poética poliédrica tratará no acerca de una “cobertura” sino de una desnudez de la superficie que muestra al objeto (en su forma, es un fondo inserto figuralmente).
[22] Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 29): “El proceso de significación requiere que el elemento presente remita a algo distinto de sí mismo, a la vez que lleva en sí mismo la huella de ese otro elemento pasado y ausente, sin la cual no sería posible la asociación significativa”.
[23] Si se asumen las discusiones estéticas de Gustavo BUENO, podría especularse con que toda figuración, finalmente, es causa de provocación apotética (en algo haría pensar).
[24] Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (págs. 337-350). 
[25] Ídem, (págs. 44 y 45).
[26] La labor de discutir acerca del Memorial del Holocausto del Pueblo Judío vincula a toda metodología de la investigación, así como a sus técnicas del trabajo intelectual aplicadas, con la lengua de un pueblo que en el caso de la tesela, efectivamente, es el hebraico (implica vincularse/ asociarse quizá -sin que acaso resulte su afirmación un esbozo chovinista sino solo una disquisición propia de la antropología social- a “otro” pueblo). Atendiéndose las especificaciones de S. VLAHOV y S. FLORIN acerca del campo de los realia, en la tesela, hacen referencia a la operatoria de resolver denominaciones de  objetos descritos.  
[27] Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 178): “Ha comentado Wendy Steiner que un signo no parafraseable es un signo de silencio (1982:  93); es el momento en el que el signo se convierte en cosa. Así, cuando el signo es cosa y la cosa signo, cuando ambos son indiferenciados e intercambiables, el lenguaje deviene presencia de su propia materialidad y la materia nos habla con su silencio”.
[28] El antropólogo estructuralista defendería el principio de abocarse al objeto en sí; no obstante, la relación lograda con el objeto es una discusión poética necesaria y es que el objeto como fetiche requiere del efecto-apropiación en el sujeto de inteligencia para, efectivamente, adquirir valor estético. Cfr. LÉVI-STRAUSS, C.; Op. Cit.; España, 1987 (pág. 43).
[29] En la tesela, el término “signo” es comprendido como adecuación del pensamiento respecto de la práctica de admirar un objeto.  Por otra parte, la afirmación “todos los signos” no se formula en términos empíricos sino especulativos. Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 36 y ss.).
[30] Se postula como idea de ese “todo” lo que en términos holóticos propone G. BUENO, i.e. un “todo atributivo” donde su multiplicidad de componentes se asocia por sinalogía (las partes heterológicas, para el caso del Memorial, serían dependientes entre sí), lo que no implica una separación radical respecto de sus extra partes allegadas sino su involucramiento en una totalidad atributiva (a la manera de dos orillas y el puente que las conecta).  
[31] I. KANT, en Crítica de la razón pura (“Solución de la idea cosmológica de la totalidad de la división de un todo dado en la intuición”) discute que dividir a partir de la intuición implica desplazarse de lo condicionado hasta las condiciones de su posibilidad, lo que no implicaría necesariamente que su regressus resultara in infinitum. Cfr. BENDA, J.; El pensamiento vivo de Kant; (2º ed.) Editorial Losada SA; Buenos Aires, 1945 (págs. 103-106).
[32] La realización paisajística del Memorial del Holocausto del Pueblo Judío en Montevideo estuvo a cargo de C. PELLEGRINO. 
[33] Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 31).  
[34] Se especula acerca de la fórmula de Antonio MONEGAL que hace referencia del poema-objeto para, en términos de composición, diferenciar lo “creado” de lo “fabricado”.  Cfr.  MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 204).
[35] Cfr. “El deber de memoria” de WEINGARTEN, Sima en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto – Museo de la Shoá; Año XI, Número 26; Buenos Aires, diciembre de 2005 (pág. 10).
[36] Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 338).  
[37] La antropología estructural postuló la tesis de que existe una correspondencia formal entre la estructura de la lengua y la del sistema de parentesco.  Cfr. LÉVI-STRAUSS, C.; Op. Cit.; España, 1987 (pág. 104).
[38] La asociación de la práctica de enraizarse con la del enterrarse es una fórmula tomada de Octavio PAZ, de su obra El ogro filantrópico.
[39] Se asume que la inclusión de la teoría en la experiencia habilita al menos alguna comprensión de la práctica.
[40] Si se atienden las reflexiones de Edna AIZENBERG acerca del Memorial del Holocausto del Pueblo Judío, aparece la cuestión del legado, de cómo a partir de esa situación urbana se concretan otras, tal como ocurrió al erigirse posteriormente el Memorial a los Detenidos-Desaparecidos (víctimas del fascismo que imperó en la República Oriental del Uruguay por más de una década, a finales del siglo XX). Cfr. Nation and Holocaust Narration:  Uruguay’s Memorial del Holocausto del Pueblo Judío” (Chapter Ten) de AIZENBERG, E. en LESSER, J. & REIN, R.; Rethinking Jewish-Latin Americans; University of New Mexico Press; USA, 2008 (págs. 207 passim).  
[41] Si bien en el pensamiento barthesiano se discute el “entorno”, en lo atinente al poema-objeto no aparece comprendida, asimismo, la imprescindible cuestión de su “contorno” y su “dintorno”.  Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 50).
[42] Cfr. Ídem, (pág. 41).
[43] Cfr. Ibídem, (pág. 42).
[44] Hay que destacar respecto de la cuestión narratológica -en tanto proceso- la propia función mediadora de la palabra, en asociación con los objetos:  si se atiende respectivamente el “referente”, el “significado” y el “significante”, ¿cuál es la relación entre el objeto que es, el objeto que es representado y el objeto que es la representación? Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 21).    
[45] Los significados no deben reducirse a doxa, a apariencia que se disipa, sino expandirse mediante las formas del pensamiento. Y es que en vez de ahogarse en la mera doxa, tal como lo asumía el platonismo, aunque sin excederse en su negación, debe pensarse no negándose absolutamente esa doxa sino asumiéndose la complejidad cognitiva en su total, i.e. también mediante su eikasia, su pistis, su nous y su diánoia, y, finalmente, felizmente, mediante su episteme.    
[46] Cfr. TODOROV, Tzvetan; Los abusos de la memoria; Paidós Asterisco; España, 2000 (pág. 30).
[47] Cfr. Ídem, (pág. 31).
[48] Cfr. CUESTA ABAD, José Manuel; Op. Cit.; Madrid, 2008 (págs. 17-18). 
[49] Cfr. TODOROV, Tzvetan; Op. Cit.; España, 2000 (pág. 25).
[50] Cfr. “Cine y Shoá, los debates actuales” de ZILBERMAN, Lior en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 33; Buenos Aires, abril de 2010 (pág. 193).  
[51] El término realismo, no solo se resuelve como imitación de la realidad, en su versión clásica, sino como dominación, más que del orden de lo existente, del orden de lo posible, de la creación de un mundo verosímil. Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 19).
[52] En términos generales, podría discutirse que la poética del dolor respecto de cualesquiera de los memoriales es, finalmente, un asunto de isotopía, de redundancia semémica que el opus supondría provocar en la textualización del sujeto de inteligencia por causa de lo que confronta anti-objetualmente, a manera de convergencia de contenidos. Cfr. “7.2.2  Algirdas Julien Greimas:  la noción de isotopía” en VIÑAS PIQUER, David; Historia de la crítica literaria; (2ª Ed.) Ariel; Barcelona, 2007 (págs. 452-453).
[53] Cfr. “Holocausto y modernidad.  Tres tesis críticas” de SUCASAS, Alberto en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 33; Buenos Aires, abril de 2010 (pág. 32).  
[54] Entrevista a la psicóloga Sima WEINGARTEN, Vicepresidenta de la Fundación Memoria del Holocausto - Museo del Holocausto de Buenos Aires y Directora de la publicación Nuestra Memoria (Buenos Aires, diciembre de 2010).
[55] La “distancia óptima” que discute S. WEINGARTEN entre lo real y los tropos con que se figuraría una poética, de alguna manera se halla ínsita en las antecedencias de discusión interpretativa acerca del caso montevideano:  “La escala del Memorial, visto desde la Rambla o desde el Río, interpreta con sensibilidad el espíritu del tema tal cual lo trasmiten las bases y si bien en este Anteproyecto, el concepto de Memorial formulado es comprendido y transmitido en una forma que el Jurado comparte plenamente, éste entiende que la expresión de la ruptura de los valores colectivos que significó el Holocausto, deberían transmitirse con un mayor grado de expresividad y emblematismo en la zona de discontinuidad que en este diseño se propone”. Cfr. VALENTI, A.- HOJMAN, C.- KALENBERG, Á.-BARAÑAÑO, C.-PERDOMO, A.; “Fundamento del Jurado para Designar el Ganador del Concurso”* en “Memorial del Holocausto del Pueblo Judío”; Ministerio de Educación y Cultura; Montevideo, febrero de 1995 (pág. s/n). 
* El jurado falló a favor del proyecto presentado por los arquitectos BOERO, G.; FABIANO, F.; PEROSSIO, S. y el ingeniero PELLEGRINO, C. 
[56] El terror al “descarnamiento” -cuando se analizan las formas de la realidad- no debe cegar al que mira (o teóricamente, o experimentalmente) de la aparición del automatismo. Cfr. LÉVI-STRAUSS, C.; Op. Cit.; España, 1987 (págs. 24-25).  
[57] Una antecedencia, en términos geográfico-psicológicos, acerca de las problemáticas de la monumentalización se hallan en la crítica de I. MÁS de AYALA a la “estatua del emigrante”, discute cómo su realización estética se desvincula de la causa física de su origen y podría conjeturarse que concluye que su resultante como objeto es trivial o incluso carente de poética respecto de la realidad a la que intenta aludir: “Montevideo, pese a los estímulos oficiales, no ha producido todavía un vate como Campoamor.  Pero, en cambio, ya tiene monumentos. […] El primero que se encuentra llegando a la ciudad es la llamada estatua del emigrante.  Robusto, bien nutrido, avanza hacia uno de los portones laterales de la Aduana, llevando sobre el hombro una bolsa repleta de mercancías. Sorprende el buen estado alimenticio del recién llegado porque nadie que coma tan bien cambia de sitio”. Véase MÁS de AYALA, Isidro; Op. Cit.; Buenos Aires, 1959 (pág. 122).    
[58] En atención de una cartografía pedagógica para la formación en Humanidades, la didáctica de una emergencia de discusiones acerca del nazifascismo, mediante la problemática del “genocidio de los judíos” o del “judeicidio” habilita el conocimiento -somero, al menos- de una totalidad de genocidios (de exterminio de nobles estirpes) perpetrados por el III Reich, así como de persecuciones políticas que implementaron. Las prácticas genocidas, incluso anteriores a la explicitación de la II Guerra Mundial, se aplicaron, además de a los judíos, contra “arios” con deficiencias hereditarias, a personas con trastornos de la personalidad, a los “asociales” en general, entre los que podría comprenderse a los propios obreros antinazistas sindicados, a gays, etc., y, siendo que en el desarrollo bélico mismo, además, se concretaron a su vez prácticas de maltrato a los prisioneros de guerra soviéticos, a la población civil eslava y polaca, a los gitanos, a los serbios, entre otros. Cfr. “El Holocausto, una aproximación desde fuentes primarias” de RAS, Marcia en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto – Museo de la Shoá; Año XVI, Número 33; Buenos Aires, abril de 2010 (págs. 345-346 y 350).  
[59] El deseo de saber se hallaría en tensión con la propia existencia de lo figural.*  Cfr.   MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 38).
* Y es que ese saber no concluye -a la manera de un oasis- en la brevedad de un recorrido, ni siquiera en las previsiones de una peregrinación, puesto que su verdadero descubrimiento, la disposición de aprender a saber y saberse, implica el éxodo. 
[60] Cfr. “Prueba, memoria y olvido” de GINZBURG, Carlo en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XI, Número 26; Buenos Aires, diciembre de 2005 (pág. 21).
[61] Cfr. TODOROV, Tzvetan; Op. Cit.; España, 2000 (pág. 16).
[62] Es esa desemejanza propiamente, pues, lo que no permite admitir como fin de la figura poética una resolución icónica; un Memorial habría de poseer variadas imágenes en la Historia y, no obstante, igualmente, podría confirmarse -en la situación pedagógica- como significado legítimo a sus circunstancias, acerca de aquella verdadera causa que lo fundara.
[63] En ese sentido, respecto del entramado narratológico que para el caso de un Memorial comprende los asuntos de la realidad, la verdad y la poética, valga mencionar la siguiente fórmula que se sustenta de consideraciones exegéticas de J. RATZINGER: mediante las propias leyendas -i.e. atendiendo alguna ficcionalidad a discutir- es probable contar con la finalidad de comprender símbolos de verdades, no correspondientes pues con la historia; no obstante, esto no implica que el factum historicum -en su condición simbólica- pudiese substituirse. Cfr. RATZINGER, Joseph (trad. BAS ÁLVAREZ, B.); Op. Cit.; Buenos Aires, 2007 (pág. 11).
[64] Respecto de la Libertad, así como de otras ideas reducidas a hipóstasis, debe contraponerse la siguiente noción:  un término que remite a alguna tesis, más que acotarse a su sola etimología, a manera de lapsus orientativo, se interpreta i. considerándose su enunciación y contexto, ii. resolviéndose la clave que se conjeture podría comprender, iii. así como caracterizando aquella dimensión en la que correspondientemente se hallara particularizado. Cfr. RATZINGER, Joseph (trad. BAS ÁLVAREZ, B.); Op. Cit.; Buenos Aires, 2007 (pág. 76).  
[65] Cfr. TODOROV, Tzvetan; Op. Cit.; España, 2000 (pág. 23).
[66] Respecto del Memorial, la propia práctica del reconocimiento del color | rosa | de las piedras con que se erige su muro multiplicado implica ejercitarse en las complicaciones teóricas que conlleva valerse de la “definición ostensiva” que si bien facilita la didáctica de comprender el objeto también dificulta, asimismo, su conocimiento en términos transindividuales.
[67] Cfr. LYONS, John (trad. ALCOBA, S.); Semántica lingüística.  Una introducción; (1º ed.) Paidós Comunicación; Barcelona, 1997 (pág. 329).

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