viernes, 24 de febrero de 2012

Anotaciones gnoseológicas para intentar discutir acerca de lo «comunicológico» como nueva disciplina


















Teoría filosófica (gnoseológica) de la ciencia
Constitución de una disciplina según la TCC

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Desde la perspectiva gnoseológica distinguimos seis modos según los cuales (desde la perspectiva de la teoría del cierre categorial) puede comenzar a constituirse una nueva disciplina («nueva» respecto del sistema de disciplinas preexistente en la época histórica de referencia); por tanto, seis vías diversas, seis alternativas genealógicas, no enteramente excluyentes, que pueden ser tenidas en cuenta (en gran medida desde una perspectiva crítica, no sólo para descartar, en cada caso, las no pertinentes, sino para descartar a las eventuales conceptualizaciones que sobre una disciplina dada tuvieran lugar desde esas vías) en el momento de determinar qué curso concreto de desarrollo pudo seguir la disciplina de referencia. La determinación de la vía a través de la cual se ha constituido de hecho una disciplina dada no es, por tanto, sólo una «cuestión histórica», puesto que, en general, la estructura gnoseológica de una disciplina no es enteramente disociable de su génesis, ni recíprocamente.


(1) Segregación interna. Esta alternativa puede tomarse en consideración cuando partimos de una disciplina dada G que se suponga constituida sobre un campo con múltiples sectores o partes atributivas (S1, S2, S3), o con diversas partes distributivas (especies, géneros, órdenes, E1, E2, E3), o con ambas cosas a la vez. La Biología, como disciplina genérica, comprende múltiples sectores (por ejemplo, los que tienen que ver con las funciones respiratorias, digestivas) y muy diversas partes distributivas (por ejemplo, hongos, vertebrados, peces, mamíferos). A partir de la Biología general podemos constatar cómo se constituyen, por segregación interna, disciplinas biológicas específicas o particulares. Estas disciplinas se «segregan» de la Biología general como el detalle se segrega del conjunto; pero aunque sigan englobadas en la categoría común, sin embargo, pueden constituirse en especialidades que requieran terminología, métodos, aparatos característicos, es decir, que requieran constituirse como nuevas disciplinas (subalternadas, sin duda, a la disciplina general). Los motivos por los cuales una categoría [167] dada se desarrolla por alguno de sus sectores o de sus partes distributivas no son necesariamente internos a la categoría (aun cuando los contextos determinantes y sus desarrollos hayan de serlo), sino que pueden ser ocasionales (motivos económicos, de coyuntura, tecnológicos). Esto significa que el desarrollo interno de una ciencia genérica, no por ser interno ha de entenderse como un proceso homogéneo, armónico, sino, más bien, como un proceso aleatorio, desde el punto de vista sistemático. Una categoría, en su desarrollo, se parece, de hecho, más a un monstruo que a un organismo bien proporcionado. En principio las nuevas disciplinas se mantienen en el ámbito de las líneas generales de la categoría; sin embargo, no por ello cabe decir que las disciplinas segregadas sean una simple «deducción», o reproducción subgenérica de las líneas genéricas, porque bastarían las diferencias de métodos para dar lugar a diferentes disciplinas dotadas de gran autonomía en sus desarrollos. Podríamos poner como ejemplo la segregación de la Mecánica de NEWTON, que comportaba la traslación de sus leyes (formuladas por referencia a los astros) a los corpúsculos de las nuevas teorías mecánicas, a partir de LAPLACE: la simple diferencia de escalas implicaba adaptaciones de constantes, parámetros, nuevos dispositivos experimentales.


(2) Segregación oblicua o aplicativa. La segregación aplicativa u oblicua se diferencia de la segregación interna en que la disciplina constituida no sólo tiene motivaciones extrínsecas (aunque con fundamento interno), sino que es ella misma extrínseca desde su origen. Ahora la categoría genérica ha de considerarse refractada o proyectada en otras categorías, a título de aplicación. Pero los contextos determinantes nuevos ya no son internos a la categoría de referencia. Por ejemplo, la teoría geométrica de los poliedros se aplica a los cristales, para dar lugar a una cristalografía geométrica, que se segrega de la geometría, pero no por desarrollo interno de esta disciplina, sino por desarrollo oblicuo (no hay razones geométricas para la segregación de cierto tipo de poliedros cristalográficos). Otro tanto ocurre con la llamada óptica geométrica.

(3) Composición e intersección de categorías (o de disciplinas). Es un proceso similar al anterior sólo que ahora no puede hablarse claramente de «una disciplina dominante» que se aplique oblicuamente a un campo «que la desborda», sino de una confluencia o intersección de diversas disciplinas, y esto de muchas maneras: la confluencia de la Aritmética y la Geometría en la Geometría Analítica, o la confluencia de la Química clásica y la Física en la Química Física. La intersección puede dar lugar a términos nuevos, por ecualización [62] de los campos intersectados. Sin embargo, las situaciones cubiertas más propiamente por esta tercera alternativa son las llamadas «disciplinas interdisciplinares» (tipo «Ciencias del Mar», en la que confluyen categorías tan diversas como la Geología, la Biología, la Química, la Economía Política, la Geografía). Estas disciplinas, constituidas en torno a un sujeto de atribución, no son, desde luego, una ciencia categorial, pero sí pueden dar lugar a disciplinas dotadas de una unidad práctica, aunque externa, que le confieren una estructura que no es suficiente para disimular su naturaleza enciclopédica.

(4) Descubrimientos o invenciones de un campo nuevo (que será preciso coordinar con los precedentes). Excelentes ejemplos de esta alternativa nos lo ofrece el Electromagnetismo o la Termodinámica, respecto del sistema de la Mecánica de Newton, o la Fitosociología respecto de la Taxonomía de LINNEO y sucesores.

(5) Reorganización-sustitución del sistema de las disciplinas de referencia. Este proceso es enteramente distinto de los precedentes. En aquellos las nuevas disciplinas se formaban en relación con otras anteriores, que habían de mantenerse como tales; por consiguiente, las nuevas disciplinas habían de agregarse a las precedentes. Pero la reorganización supone la destrucción total o parcial, la aniquilación o la reabsorción de determinadas disciplinas dadas en la nueva. La reorganización es unas veces sólo una reagrupación de disciplinas anteriores, pero otras veces exige la reforma y aun la aniquilación de las precedentes. Los ejemplos más ilustrativos de aniquilación pueden tomarse de la Sociología y de la Filosofía de la Religión. No son disciplinas que puedan considerarse agregadas, sin más, al sistema de las disciplinas precursoras, ni son meros nombres nuevos para antiguas disciplinas, acaso dispersas. La Sociología de COMTE supone la propuesta de aniquilación de la Psicología, sustituida por una Física social; la Filosofía de la Religión contiene el principio de la aniquilación de la Teología Fundamental como disciplina filosófica. [21]

(6) Inflexión. Llamamos inflexión a un modo de originarse disciplinas en función de otras, partiendo acaso de una proyección oblicua a otros campos, o de una intersección con ellos, incluso a veces de algún descubrimiento o invención, pero de suerte que mientras en todos estos casos, las «nuevas construcciones» tienen lugar fuera de las categorías originales, en la inflexión la novedad (ya sea debida a la intersección, a la invención) refluye en la misma categoría (la invención, el descubrimiento, por ejemplo, se mantienen o son reformulables en el ámbito de las categorías de referencia) como si fuese un repliegue producido en ella merced a las estructuras que se habrían determinado por procesos extrínsecos pero que son, en el regressus, «devueltas» a la categoría. Cabría ilustrar este procedimiento con la Electroforesis, como disciplina de investigación biológica (las estructuras dadas en tejidos, células, proyectadas en un campo electromagnético, determinan comportamientos propios de los tejidos vivientes, con un significado biológico característico, pero que no podría haber sido «deducido» del campo estricto de la Biología). {QB / → BS25a}


















Estatuto gnoseológico de las Ciencias Humanas




1. ¿Qué es el cierre categorial?

Con el nombre de cierre categorial designamos el proceso en virtud del cual las ciencias alcanzarían su condición de tales, es decir, se constituirían en sí mismas (en sus propios círculos) y se diferenciarían, no solamente de otras formaciones no científicas (literarias, artísticas, teológicas) sino también mutuamente. En virtud de su cierre categorial, la Geometría se diferencia de la Teología o de la Música –pero también de la Termodinámica. La Teoría del Cierre Categorial supone que las ciencias no son meramente el conocimiento (el reflejo) de una realidad previamente estructurada, dispuesta ya para ser conocida o registrada (descripcionismo, empirismo); también supone que las ciencias no son construcciones formales (de teorías o modelos) que luego hayan de ensayarse en la experiencia como prueba de que, al menos, «salvan los fenómenos» y no serán falsadas (formalismo, teoricismo popperiano). La teoría del cierre categorial niega que las ciencias tengan un objeto determinado (la Biología, la vida; la Física, la materia...) o que no tengan ninguno (sino una masa o continuo amorfo recortado por los modelos formales). Las ciencias tienen campos, es decir, multiplicidades de términos enclasados en conjuntos diferentes. Según esto, la Biología no «trata» de la vida, sino de macromoléculas, de células, de órganos; y la Geometría no es la «ciencia del espacio», sino la ciencia de las figuras, de las razones dobles, de los senos y de los cosenos; la Historia, por último, no trata del pasado, sino de los documentos o de las reliquias. La unidad de la ciencia no procede de su objeto previo, sino del proceso en virtud del cual los términos de un campo material, componiéndose (mediante operaciones precisas) se agrupan mutuamente en cadenas cerradas (cerradas, porque los términos resultantes de una composición se recomponen con los «factores», de un modo circular), contrayendo relaciones materiales que pueden alcanzar el rango de una identidad sintética. La verdad científica se localizaría, según la teoría del Cierre (y éste es uno de sus puntos más característicos) en el ámbito de la identidad. Con esto no quiere decirse que las ciencias se reduzcan al momento de la conexión idéntica: su malla es mucho más vasta y la vida de una ciencia contiene internamente incluso al error. Pero los nudos por los cuales esta malla se mantiene son las verdades científicas, entendidas, por tanto, no como una adecuación (o isomorfismo) entre modelos y materiales, sino como una relación de identidad sintética entre los propios términos materiales operatoriamente construidos en cursos diferentes. Por ejemplo, la verdad, si la tiene, de la Teoría del átomo de BOHR, no habrá que buscarla en la adecuación de un modelo planetario que «refleje» la realidad del átomo, ni tampoco en la capacidad del modelo (o de la teoría) para «salvar los fenómenos» (a efectos pragmáticos) sino en la identidad entre términos tales (resultantes, cada uno de ellos de cursos muy complejos y diferentes: análisis espectroscópico, estudio de las radiaciones del cuerpo negro) como m² 2π² Z² e4 / ch² y R (constante de Rydberg). El cierre categorial es así un criterio de cientificidad que discrimina aquellas construcciones que, por no ser cerradas, no contienen en sí mismas la garantía de su verdad. La Teoría del Cierre Categorial es así un instrumento crítico para discriminar, en el conjunto de las formas culturales aquellas que, aún pretendiendo ser científicas, sólo son pseudociencias.

2. La constitución de las ciencias por medio del cierre categorial ¿está en estrecha relación con una nueva concepción de la filosofía o es un nuevo modo de ver la filosofía?

La concepción filosófica que está a la base de la teoría del Cierre Categorial es una filosofía materialista, en tanto comporta una concepción de la verdad científica que descansa en las conexiones materiales mismas de los términos de los campos científicos. Es una concepción antiescéptica, que propone, como medicina contra esa hipercrítica que conduce al escepticismo, la consideración del significado de las verdades científicas, como evidencias que, por otro lado, no nos vienen dadas (desde arriba, o desde abajo) sino que son conseguidas como resultados de un lento proceso operatorio, histórico. Al mismo tiempo, la teoría del Cierre Categorial, en virtud de su misma naturaleza, quiere establecer los límites de las propias verdades científicas, en tanto que recluidas en sus círculos categoriales. La filosofía que está a la base de la teoría del cierre categorial no es un «cientificismo» (no cree que las ciencias sean la única fuente de la razón). La filosofía que está a la base de la teoría del cierre categorial encuentra en las ciencias efectivamente desarrolladas el argumento principal para alimentar la confianza en la capacidad racional del hombre. Pero esta capacidad es dialéctica, múltiple y sus diversas realizaciones no son siempre conmensurables entre sí. Las ciencias son múltiples (y cada ciencia, a su vez, no es algo unitario) y las relaciones entre ellas no constituyen un campo nuevo sobre el cual pudiera establecerse una «ciencia de las ciencias»: las diferentes ciencias pertenecen a categorías diversas, su significado práctico es también diferente, sus conexiones son de naturaleza dialéctica. Por ello, la necesidad de la filosofía, la propia teoría del cierre, la entendemos como una doctrina filosófica (y no como una «ciencia de las ciencias»). La razón científica (las razones de las diversas ciencias) adopta la forma de los cierres categoriales: esto no significa que aquello que permanezca fuera de los cierres categoriales, fuera de las ciencias sea irracional. Cuando decimos que la filosofía no es científica, no queremos decir que sea irracional, arbitraria o mística. Lo decimos en nombre del rigor, lo decimos criticando a quien no distingue entre filosofía y ciencia, y con ello desconoce la estructura de las ciencias y las relaciones dialécticas entre ellas. Pero cuando se abandona en una sociedad la disciplina del racionalismo filosófico (aún cuando sigan cultivándose las ciencias categoriales) su hueco sólo puede ser rellenado por el pensamiento mítico o confuso (producido incluso por los científicos cuando hablan al margen de su categoría), o por la falta de pensamiento, por la barbarie. No cabe pues oponer (como una disyuntiva) la «visión científica» y la visión filosófica de las cosas, porque la expresión «visión científica» es mentirosa, sugiere una unidad inexistente, porque las ciencias son múltiples y heterogéneas, y el científico en un campo puede ser un puro ideólogo en los demás y en el conjunto que incluya a su propio campo.

3. ¿Sigue siendo la filosofía la madre de todas las ciencias? ¿Qué validez tiene hoy esta expresión? ¿De dónde brotan las ciencias?

La teoría del cierre categorial niega la concepción de la filosofía como madre de todas las ciencias. Esta concepción tendría una estirpe metafísica, que distorsiona por completo la realidad histórica. Está ligada con la imagen clásica del «árbol de las Ciencias». La teoría del cierre categorial supone que las ciencias categoriales no proceden de la filosofía, sino de las tecnologías (categoriales) a la vez que dan lugar al desarrollo de las nuevas tecnologías («la Revolución científica y técnica»). La ciencia geométrica procede de las técnicas de agrimensores o de albañiles; la ciencia química procede de las tecnologías de metalúrgicos o de tintoreros; la ciencia lingüística procede de las tecnologías de los escribas o de los traductores. Más próximo a la realidad sería decir que son las ciencias las «madres» de la filosofía –pero tampoco sería de todo punto exacto. La filosofía procede de otras fuentes, principalmente de los grandes mitos neolíticos, que obedecen, a su vez, a necesidades culturales y sociales aparecidas en un determinado momento del desarrollo humano. Lo que ocurre es que la constitución de las ciencias –y el desarrollo de la razón que tal constitución implica– marca profundamente a la filosofía y la imprime una dirección característica. Y así, acaso podría decirse que la filosofía de nuestra tradición (helénica), a diferencia de las filosofías de tradiciones distintas (india, china), está en gran parte moldeada por la Geometría, por cuanto quiere ser una «Geometría de las Ideas» (de las Ideas que cruzan las categorías y se abren camino a través de ellas). Que los «primeros filósofos» (Tales, Pitágoras, Anaxágoras, Platón...) fueran grandes geómetras no tiene que significar tanto que la Geometría brote de la Filosofía sino más bien lo recíproco. Y propiamente yo diría que no brota ninguna de la otra. La filosofía y las ciencias tienen fuentes distintas, pero son fuentes llamadas a confluir (a veces turbulentamente) y al confluir se modifican mutuamente.

4. ¿Tiene algo que ver su modo de ver las ciencias humanas con la vieja división neokantiana de ciencias y letras?

Las ciencias humanas es el nombre que han tomado recientemente aquello que antaño se llamaban las «Humanidades» y también las «Letras». Las Letras no eran Ciencias, sino otra cosa. A consecuencia de la revolución científica industrial las ciencias (naturales y formales) crecieron seriamente y llegaron a convertirse en actividades básicas de nuestro modo de producción (la Geometría en Grecia era más bien, cabe decir, superestructural). Esto estableció un abismo entre la cultura científica y la cultura literaria («humanística»), las dos culturas de las que C. P. SNOW ha hablado en una conferencia ya famosa. SNOW se asombra, con razón, de la tendencia «monopolística» a considerar como hombres cultos (o intelectuales) a novelistas, poetas, periodistas –una definición «que no incluye a RUTHERFORD, ni a EDDINGTON, ni a DIRAC, ni a ADRIAN»–. Las «ciencias humanas» (el mismo SNOW viene a reconocerlo en su «segundo enfoque») en cierto modo constituyen un puente entre los dos bordes del abismo entre las dos culturas. Pero las ciencias humanas no pueden, sin más, acumularse al lado de las ciencias naturales, como si se tratase de un todo homogéneo del cual unas y otras fuesen partes homogéneas. La expresión «ciencias humanas» se utiliza de un modo abusivo, mimético; se llama ciencia a una investigación literaria que muy poco tiene que ver con las ciencias en el sentido clásico; lo que es peor, se llaman ciencias (ciencias psicoanalíticas, ciencias políticas) a algo que es, o pura mitología o puro empirismo, o, en el mejor caso, prudencia acumulada. Y esto lo digo sin perjuicio de reconocer que la prudencia es tan importante como la misma ciencia. Precisamente la teoría del cierre categorial pretende estar en condiciones para aclarar muchos puntos acerca del «Estatuto» de las llamadas «ciencias humanas».

5. ¿Quedan aún sofistas?

Sí, desde luego; a veces por desgracia, y a veces por fortuna. Porque hay sofistas como Dionisodoro y hay sofistas como Protágoras. Lo peor es que nuestros sofistas españoles, incluso los que son de la raza de Dionisodoro, se quedan sólo en traductores de Dionisodoro.


[...] 

9. ¿A qué se debe en su opinión el éxito de los llamados «nuevos filósofos»?


Esencialmente a que han tocado temas importantes e interesantes en su momento oportuno. Yo discrepo de sus posiciones –pero también de quienes pretenden explicar ese éxito como una «maniobra de la derecha», de la CIA, o de cosas parecidas. Si los mecanismos capitalistas y la política de la derecha ha intervenido formalmente es precisamente porque previeron que había un ambiente preparado. Los nuevos filósofos han suscitado de nuevo la temática de la filosofía tradicional. Han atacado violentamente a Platón, pero con ello han demostrado a la vez que Platón necesita ser atacado, es decir, que está presente como referencia inexcusable para entender lo que ocurre en nuestro mundo.

Gustavo BUENO MARTÍNEZ
Oviedo, 29 de abril de 1978














Filosofía de las relaciones, de Gustavo BUENO


De compilaciones anexas:

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