sábado, 12 de marzo de 2016

Geopolítica: Encuentro del santo padre Francisco con su santidad Kiril, patriarca de Moscú y Toda Rusia













ENCUENTRO 
DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON SU SANTIDAD KIRIL, 
PATRIARCA DE MOSCÚ Y TODA RUSIA

¿Cómo identificar y delimitar la circularidad antropológica de un objeto de trabajo discursivo, conformado en las condiciones i. de una retórica política influenciada por la eutaxia religiosa y ii. de una filosofía administrada al amparo, a su vez, de una  «humanidad ecuménica»?

Fuente
La Santa Sede. 2016, febrero 12. «ENCUENTRO DEL SANTO PADRE FRANCISCO CON SU SANTIDAD KIRIL, PATRIARCA DE MOSCÚ Y DE TODAS LAS RUSIAS. FIRMA DE LA DECLARACIÓN CONJUNTA» en URL: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/february/documents/papa-francesco_20160212_dichiarazione-comune-kirill.pdf (Acceso 2016, febrero 13)

Nota ecdótica: el texto de La Santa Sede -presentado como escopo comunicológico, en coordenadas geopolíticas- se halla editado con el propósito didáctico de contextualizar sus enunciaciones. La fuente hemerográfica -a su vez- remite a texto y cotexto sin edición docente. 


Declaración conjunta
del Papa Francisco y del Patriarca Kiril de Moscú y Toda Rusia

“Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo estén con todos vosotros” (2 Corintios 13,13).

1. Por la voluntad de Dios Padre, de quien procede todo don, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, con la ayuda del Espíritu Santo Consolador, nosotros, Francisco, Papa y Obispo de Roma, y Kiril, Patriarca de Moscú y Toda Rusia, reunimos hoy en La Habana. Damos gracias a Dios, glorificado en la Santísima Trinidad, por este encuentro, el primero en la historia. Con alegría, nos reunimos como hermanos en la fe cristiana que se encontraron para “hablar… personalmente” (2 Juan, 12), de corazón a corazón, y discutir las relaciones mutuas entre las Iglesias, los problemas palpitantes de nuestro rebaño y las perspectivas del desarrollo de la civilización humana.

2. Nuestro encuentro fraterno se llevó a cabo en Cuba, en la encrucijada entre el Norte y el Sur, el Este y el Oeste. Desde esta isla, un símbolo de esperanza del Nuevo Mundo y de los dramáticos acontecimientos de la historia del siglo XX, dirigimos nuestras palabras a todas las naciones de América Latina y de otros continentes. Nos alegra el hecho de que hoy en día aquí la fe cristiana evoluciona dinámicamente. El potencial religioso de gran alcance en América Latina, sus tradiciones cristianas multiseculares, manifestadas en la experiencia personal de millones de personas, son clave para un gran futuro de esta región.

3. Al reunirnos a distancia de las antiguas disputas del Viejo Mundo, sentimos muy fuertemente la necesidad de colaboración entre los católicos y los ortodoxos, que deben estar siempre preparados para responder a cualquiera que les pida razón de la esperanza (1 Pedro 3, 15).

4. Damos gracias a Dios por los dones que hemos recibido a través de la venida al mundo de su Hijo Unigénito. Compartimos la Tradición espiritual común del primer milenio del cristianismo. Los testigos de esta Tradición son la Santísima Madre de Dios, la Virgen María, y los santos a quienes veneramos. Entre ellos están innumerables mártires que mostraron su fidelidad a Cristo y se convirtieron en “la semilla de cristianos”.

5. A pesar de tener la Tradición común de diez primeros siglos, los católicos y los ortodoxos, durante casi mil años, están privados de comunicación en la Eucaristía. Permanecimos divididos dado a las heridas causadas por los conflictos del pasado lejano y reciente, por las diferencias heredadas de nuestros antepasados, en la comprensión y la explicación de nuestra fe en Dios, un ser único que existe como tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Lamentamos la pérdida de la unidad, que era una consecuencia de la debilidad y la pecaminosidad humana, que se produjo a despecho de la oración del Primer Sacerdote, Cristo Salvador: “Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17, 21).

6. Conscientes de muchos obstáculos que hay que superar, esperamos que nuestro encuentro contribuya a la obtención de la unidad mandada por Dios, por la que Cristo había rezado. Que nuestro encuentro inspire a los cristianos de todo el mundo para invocar con el nuevo fervor al Señor, orando sobre la plena unidad de todos sus discípulos. Que ésta, en el mundo que espera de nosotros no sólo palabras, sino acciones, sea un signo de esperanza para todas las personas de buena voluntad.

7. Teniendo firmeza en hacer todo lo necesario para superar las diferencias históricas heredadas por nosotros, queremos reunir nuestros esfuerzos a fin de dar testimonio del Evangelio de Cristo y del patrimonio común de la Iglesia del primer milenio, respondiendo conjuntamente a los desafíos del mundo moderno. Los ortodoxos y los católicos deben aprender a llevar el testimonio común de la verdad en aquellas áreas, en las que es posible y necesario. La civilización humana ha entrado en un período de cambios epocales. La conciencia cristiana y la responsabilidad pastoral no nos permiten que permanezcamos indiferentes ante los desafíos que requieren una respuesta conjunta.

8. Nuestra atención está dirigida principalmente hacia aquellas regiones del mundo donde los cristianos están sometidos a persecución. En muchos países de Oriente Medio y África del Norte, se exterminan familias completas de nuestros hermanos y hermanas en Cristo, pueblos y ciudades enteros habitados por ellos. Sus templos están sometidos a la destrucción bárbara y a los saqueos, los santuarios – a la profanación, los monumentos – a la demolición. En Siria, Irak y otros países de Oriente Medio observamos con dolor el éxodo masivo de cristianos de la tierra donde nuestra fe comenzó a extenderse, y donde ellos vivían a partir de los tiempos apostólicos, junto con otras comunidades religiosas.

9. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional a tomar medidas inmediatas para evitar un mayor desplazamiento de los cristianos de Oriente Medio. Levantando nuestras voces en defensa de los cristianos perseguidos, también solidarizamos con sufrimientos de seguidores de otras tradiciones religiosas, que se han convertido en víctimas de la guerra civil, el caos y la violencia terrorista.

10. En Siria e Irak esta violencia ha cobrado miles de vidas, dejando sin hogares y medios de vida a unos millones de personas. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional a unirse para poner fin a la violencia y al terrorismo y al mismo tiempo, a través del diálogo, a contribuir a la pronta obtención de la paz civil. Se requiere una ayuda humanitaria de gran escala para el pueblo que sufre, y para muchos refugiados en los países vecinos. Solicitamos a todos los que pueden, influir en el destino de todos los secuestrados, incluyendo a los Metropolitas de Alepo, Pablo y Juan Ibrahim, capturados en abril de 2013, para hacer todo lo necesario a fin de su pronta liberación.

11. Enviamos oraciones a Cristo, Salvador del mundo, sobre el establecimiento en suelo de Oriente Medio de la paz, que es producto de la justicia (Isaías 32, 17), sobre el fortalecimiento de la convivencia fraterna entre diversos pueblos, Iglesias y religiones situados en esta tierra, sobre el regreso de los refugiados a sus casas, sobre la curación de los heridos y el reposo de almas de las víctimas inocentes. Dirigimos a todas las partes que puedan estar involucradas en los conflictos, un ferviente llamamiento para manifestar buena voluntad y llegar a la mesa de negociación. Al mismo tiempo, es necesario que la comunidad internacional haga todos los esfuerzos posibles para poner fin al terrorismo mediante acciones comunes, conjuntas y sincronizadas. Hacemos un llamamiento a todos los países involucrados en la lucha contra el terrorismo, a las acciones responsables y prudentes. Hacemos un llamado a todos los cristianos y a todos los creyentes en Dios para rezar al Señor Creador y Providente que cuida el mundo, que guarde su creación de la destrucción y no permita una nueva guerra mundial. Para que la paz sea duradera y fiable, se requieren esfuerzos especiales destinadas al regreso a los valores comunes, que nos unen, basados en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

12. Admiramos la valentía de aquellos que entregan sus vidas por haber dado testimonio de la verdad del Evangelio, prefiriendo la muerte ante la abjuración de Cristo. Creemos que los mártires de nuestros tiempos, procedentes de diferentes Iglesias, pero unidos por un sufrimiento común, son la clave para la unidad de los cristianos. A vosotros, los que sufren por Cristo, dirige su palabra el Apóstol del Señor: “Queridos hermanos,… alegraos de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también os llenéis de alegría cuando su gloria se manifieste” (1 Pedro 4, 12-13).

13. En esta época turbadora se necesita el diálogo interreligioso. Las diferencias en comprensión de las verdades religiosas no deben impedir que las personas de diversas religiones vivan en paz y armonía. En las circunstancias actuales, los líderes religiosos tienen una responsabilidad especial por la educación de su rebaño en el espíritu de respeto por las creencias de aquellos que pertenecen a otras tradiciones religiosas. Los intentos de justificar actos criminales por consignas religiosas son absolutamente inaceptables. Ningún crimen puede ser cometido en el nombre de Dios, “porque Dios es Dios de paz y no de confusión” (1 Corintios 14, 33).

14. Atestiguando el alto valor de la libertad religiosa, damos gracias a Dios por el renacimiento sin precedentes de la fe cristiana que ahora se lleva a cabo en Rusia y muchos países de Europa del Este, donde por décadas han gobernado regímenes ateos. Hoy en día, las cadenas del ateísmo militante cayeron, y en muchos lugares los cristianos son libres de profesar su fe. Durante un cuarto de siglo, aquí se erigieron decenas de miles de nuevos templos, se abrieron cientos de monasterios y escuelas teológicas. Las comunidades cristianas realizan amplias actividades caritativas y sociales, prestando diversa asistencia a los necesitados. Los ortodoxos y los católicos a menudo trabajan hombro con hombro. Ellos defienden la base espiritual común de la sociedad humana, dando testimonio de los valores evangélicos.

15. Al mismo tiempo, nos preocupa la situación que tiene lugar en tantos países, donde los cristianos enfrentan cada vez más la restricción de la libertad religiosa y del derecho a dar testimonio sobre sus creencias y a vivir de acuerdo con ellas. En particular, vemos que la transformación de algunos países en las sociedades secularizadas, ajenas de cualquier memoria de Dios y su verdad, implica una grave amenaza para la libertad religiosa. Estamos preocupados por la limitación de los derechos de los cristianos, por no hablar de la discriminación contra ellos, cuando algunas fuerzas políticas, guiadas por la ideología del secularismo que en numerosos casos se vuelve agresivo, tienden a empujarles a los márgenes de la vida pública.

16. El proceso de la integración europea, que comenzó después de siglos de conflictos sangrientos, fue acogido por muchas personas con esperanza, como prenda de paz y seguridad. Al mismo tiempo, advertimos en contra de aquella clase de integración que no respeta la identidad religiosa. Respetamos la contribución de otras religiones a nuestra civilización, pero estamos convencidos de que Europa debe mantener la fidelidad a sus raíces cristianas. Hacemos un llamamiento a los cristianos en Europa Occidental y Europa Oriental a unirse a fin de dar testimonio conjunto sobre Cristo y el Evangelio, para que Europa mantenga su alma formada por dos mil años de la tradición cristiana.

17. Nuestra atención está destinada a las personas que se encuentran en una situación desesperada, viven en la pobreza extrema en el momento en que la riqueza de la humanidad está creciendo. No podemos permanecer indiferentes al destino de millones de migrantes y refugiados que tocan a las puertas de los países ricos. El consumo incontrolado, típico para algunos estados más desarrollados, agota rápidamente los recursos de nuestro planeta. La creciente desigualdad en la distribución de bienes terrenales, aumenta el sentido de la injusticia del sistema de las relaciones internacionales que se está implantando.

18. Las Iglesias cristianas están llamadas a defender exigencias de la justicia, del respeto a las tradiciones nacionales y de la solidaridad efectiva con todos los que sufren. Nosotros, los cristianos, no debemos olvidar que “para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo. Así nadie podrá presumir delante de Dios” (1 Corintios 1, 27-29).

19. La familia es el centro natural de la vida de un ser humano y de la sociedad. Estamos preocupados por la crisis de la familia en muchos países. Los ortodoxos y los católicos, compartiendo la misma visión de la familia, están llamados a testificar acerca de la familia como de un camino hacia la santidad, que se manifiesta en la fidelidad mutua de los cónyuges, su disponibilidad para dar a luz a los niños y formarles, en la solidaridad entre las generaciones y el respeto hacia los enfermizos.

20. La familia es fundada sobre el matrimonio que es un acto libre y fiel de amor entre un hombre y una mujer. El amor fortalece su unión, les enseña a aceptar uno a otros como a un don. El matrimonio es la escuela del amor y de la fidelidad. Lamentamos que otras formas de convivencia se equiparan ahora con esta unión, y la visión de la paternidad y la maternidad como de especial vocación del hombre y de la mujer en el matrimonio, santificada por la tradición bíblica, se expulsa de la conciencia pública.

21. Hacemos un llamamiento a todos para respetar el derecho inalienable a la vida. Unos millones de bebés están privados de la propia posibilidad de aparecer a la luz. La sangre de los niños no nacidos pide a gritos a Dios que haga justicia. (Génesis 4, 10). La divulgación de la así llamada eutanasia conduce al hecho de que los ancianos y enfermos comienzan a sentirse carga excesiva para su familia y la sociedad en conjunto. Expresamos nuestra preocupación por el uso cada vez más extendido de las tecnologías biomédicas de reproducción, porque la manipulación de la vida humana es un ataque contra los fundamentos del ser de la persona creada a imagen de Dios. Consideramos que nuestro deber es hacer acordarse sobre la inmutabilidad de los principios morales cristianos, basados en el respeto por la dignidad de la persona que está destinada a la vida de acuerdo con el plan de su Creador.

22. Queremos hoy dirigir unas palabras especiales a la juventud cristiana. Vosotros, los jóvenes, no debéis esconder dinero en la tierra (Mateo 25, 25), sino usar todas las dotes dadas por Dios, para afirmar la verdad de Cristo en el mundo, realizar los mandamientos evangélicos del amor a Dios y al prójimo. No tengáis miedo de ir contra la corriente, defendiendo la verdad de Dios, con la que no siempre se ajustan las normas seculares modernas.

23. Dios os ama y espera de cada uno de vosotros que seáis sus discípulos y apóstoles. Sed la luz de este mundo, para que otros, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo (Mateo 5, 14-16). Educad a los niños en la fe cristiana para entregarles la perla preciosa de la fe (Mateo 13, 46) que recibisteis de vuestros padres y antepasados. No olvidéis que “Dios os ha comprado por un precio” (1 Corintios 6, 20), el precio de la muerte en la cruz de Dios Hombre, Jesucristo.

24. Los ortodoxos y los católicos están unidos no sólo por la Tradición común de la Iglesia del primer milenio, sino también por la misión de predicar el Evangelio de Cristo en el mundo contemporáneo. Esta misión requiere respeto mutuo entre los miembros de las comunidades cristianas, excluye cualquier forma del proselitismo. No somos competidores, sino hermanos: debemos arrancar de este concepto ejecutando todas actividades relacionadas con nuestros lazos y contactos con el mundo exterior. Instamos a los católicos y a los ortodoxos de todo el mundo para aprender a vivir juntos en paz, amor y armonía unos con otros (Romanos 15, 5). Es inaceptable el uso de medios incorrectos para obligar a los fieles a pasar de una Iglesia a otra, dejando de lado su libertad religiosa y sus propias tradiciones. Estamos llamados a poner en práctica el mandamiento de San Pablo Apóstol y “anunciar el evangelio donde nunca antes se había oído hablar de Cristo, para no construir sobre cimientos puestos por otros” (Romanos 15, 20).

25. Esperamos que nuestro encuentro contribuya a la reconciliación donde hay tensiones entre los greco-católicos y los ortodoxos. Hoy en día es obvio que el método de “la unión” de los siglos pasados que implica la unidad de una comunidad con la otra a costa de la separación de su Iglesia, no es la manera de restaurar la unidad. Al mismo tiempo, las comunidades eclesiásticas que han aparecido como resultado de circunstancias históricas tienen derecho a existir y hacer todo lo necesario para satisfacer menesteres espirituales de sus fieles, buscando la paz con sus vecinos. Los ortodoxos y los greco-católicos necesitan la reconciliación y la búsqueda de formas de convivencia mutuamente aceptables.

26. Lamentamos el enfrentamiento en Ucrania que ya cobró muchas vidas, causó sufrimientos innumerables a los civiles, hundió la sociedad en una profunda crisis económica y humanitaria. Hacemos un llamamiento a todas las partes del conflicto a tener prudencia, mostrar la solidaridad social y trabajar activamente para el establecimiento de la paz. Instamos a nuestras Iglesias en Ucrania a trabajar para lograr la armonía social, abstenerse de participar en la confrontación y de apoyar el desarrollo del conflicto.

27. Esperamos que la división entre los creyentes ortodoxos en Ucrania sea vencida sobre la base de las normas canónicas existentes, que todos los cristianos ortodoxos de Ucrania vivan en paz y armonía, y que las comunidades católicas del país contribuyan a ello, para que nuestra hermandad cristiana sea aún más evidente.

28. En el mundo de hoy, multifacético y al mismo tiempo unido por el destino común, los católicos y los ortodoxos están llamados a colaborar fraternamente para anunciar el Evangelio de la salvación, dar testimonio común de la dignidad moral y la auténtica libertad humana, “para que el mundo crea” (Juan 17, 21). Este mundo, en el que se están socavando rápidamente los fundamentos morales de la existencia humana, espera de nosotros el fuerte testimonio cristiano en todos los ámbitos de la vida personal y social. ¿Podremos en la época crucial dar testimonio conjunto del Espíritu de la verdad? De esto depende, en gran medida, el futuro de la humanidad.

29. Que Jesucristo, Dios Hombre, Nuestro Señor y Salvador, nos ayude en el anuncio valiente de la verdad de Dios y de la Buena Noticia de salvación. El Señor nos fortalece espiritualmente con su promesa infalible: “No tengáis miedo, pequeño rebaño, que el Padre, en su bondad, ha decidido daros el reino” (Lucas 12, 32). Cristo es una fuente de alegría y de esperanza. La fe en él transfigura la vida del ser humano, la llena de significado. Lo han vivido por su propia experiencia todos aquellos de los que se puede decir con las palabras de San Pedro Apóstol: “Antes, ni siquiera erais pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios; antes Dios no os tenía compasión, pero ahora tiene compasión de vosotros” (1 Pedro 2, 10).

30. Llenos de gratitud por el don de comprensión mutua que se manifestó en nuestra reunión, nos dirigimos con esperanza a la Santísima Madre de Dios, haciendo solicitud con las palabras de la antigua oración: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios”. Que la Santísima Virgen María con su amparo fortalezca la hermandad de todos que la veneran, para que ellos, en un momento determinado por Dios, se junten, en paz y concordia, en el único pueblo de Dios, ¡sea glorificado el nombre de la Trinidad Consustancial e Inseparable!


Francisco                                                  Kiril
Obispo de Roma,                                       Patriarca de Moscú
Papa de la Iglesia Católica                           y Toda Rusia

12 de febrero de 2016, La Habana (Cuba)



Del status viae confrontado al «mundo noticioso»

Por Pablo PALLAS
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Escolio. El objeto de trabajo comunicológico presentado -en las condiciones del discurso ejemplar- se sugiere de las propias antecedencias de la filosofía administrada que ejerce, en el sentido político de la eutaxia, el corpus religioso católico. Ortodoxos rusos y apostólicos romanos se reencuentran, luego de casi un milenio (§5), luego del Cisma de Oriente y Occidente de 1054, para contraponerse en la reafirmación de su cristología (doctrina de Cristo arraigada en los primeros ocho siglos y en sus primeros seis concilios, donde el título a María de Christotokos no iría en desmedro de otro también fundamental que es el de Theotokos). Esto, aunque las derivaciones de la cristología (criteriología teológica mediante) han permitido presupuestos como el del «cristomorfismo del varón» –improponible en las relaciones jurídicas de un estado laico, además de ser objeto de crítica moral en el propio campo teológico debido al influjo que ejerce en el sermón homilético misionero o ministerial. En coordenadas geopolíticas, se presenta como discusión permanente del discurso ortodoxo y romano la persecución a católicos (§8) en los territorios abarcados por el pretendido califato que se denominó a sí mismo «Estado Islámico de Irak y Siria» (valga advertirlo en las condiciones de una reacción histórica envolvente: i. deberán enterarse alguna vez que el imperialismo turco otomano -siendo pluriconfesional- fue abolido, ii. deberán enterarse a su vez de la manipulación oligopólica habida de su «lucha contra los infieles», interpretada como tradición aunque podría conjeturarse que tendrá un resultado homólogo al de la Iglesia de siglo XVIII enfrentada a la Ilustración y iii. deberán enterarse que apenas el 3% de sus combatientes proceden de Irak o de Siria). Mueren en Oriente Medio muchos mercenarios que no son musulmanes, siendo esto «exigencia» para su contrato por parte de empresas como ACADEMI (sucesora de BLACKWATER, especialista en captar criminales del campo paramilitar; aunque ya con anterioridad el presidente estadounidense George W. BUSH se valdrá del Pentágono para sistematizar el reclutamiento entre delincuentes comunes). Mueren también muchas más personas musulmanas inocentes (§9) –víctimas integrantes de la Ummah, de su comunidad de creyentes del Islam. Y es cierta también otra tragedia: mueren muchas mujeres y varones católicos verdaderamente valerosos (§12). El asesinato es «fundamentado» a partir de una tradición del Islam que aunque posee sabiduría literaria carece de filosofía (IBN RUSHD, conocido como AVERROES, fue quien intentó dotar de carácter universal al Corán, intentó situar el pensamiento árabe en las coordenadas del aristotelismo en su Kitab fasl al-Maqal, pero con anterioridad ya se hallaba el «esplendor de la civilización islámica» encauzada mediante el pensamiento clásico grecorromano que preservaron cristianos «nestorianos» -o difisitas- en Persia, quienes concibieron a María solo con el título de Christotokos). Ante esto, hay una aclaración necesaria –propia del pensamiento material histórico: el Dios monoteísta es una idea platónica -antes que una idea religiosa- a ser fundada y desarrollada posteriormente por Aristóteles como monoteísmo filosófico; es el Dios del «Acto Puro». La racionalidad, al amparo de una tradición institucional, al amparo de una discusión a escala histórica (no a escala de una experiencia-personal o del perspectivismo), es una matriz necesaria para toda discusión religiosa que refiera al producto salvífico (§28). Todo integrismo o todo fundamentalismo que atenten contra la «lógica humana» efectivamente corrompen la racionalidad de los procesos de laicización de las relaciones (de cooperación, de oposición, etc.), siendo que esa laicización no necesariamente deberá resolverse en el «abstencionismo». Y por tanto el hecho político de discutir acerca del odio, asumiéndolo como un ejercicio racionalista, solo se confirma resolviéndose una idea (filosófica) de odio –como lo es e.g. y legítimamente el histórico odio de clase del «proletariado» europeo, si es enseñado y aprendido ese reconocimiento de quién se es como entente psicológica, puesto que no refirió ese asumirse proletariado de siglo XIX a una identidad atributiva, como interpretación de un conflicto político que es metodológicamente reducido a las luchas de intereses de las clases sociales y de las fracciones de clases devenidas en un desarrollo económico (apreciado por un Karl MARX, durante su destierro a Londres, en Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850). Es un odio resultante de la experiencia no-personal, de la realidad política (sin implicar, esto, el tener que recaer en separaciones hipostasiadas que evitasen el reconocimiento de categorías lógico-materiales, en un análisis holótico, de dialécticas especiales como las propias de los estados o de las clases sociales en lo efectivamente concerniente a «oposiciones concretas»). En todo caso, el «odio» religioso, o patriótico, o racista -u otros a definir en relación adjetivada- podrían discutirse en una codeterminación de dialécticas a la que se ciñe el propósito de apropiación de medios de producción y de cambio por la sociedad política. Estas presuposiciones para una idea de odio resultan, claro, contrarias al sentido senequista de los «odios», contrarias incluso, en general, a todo senequismo cristiano revuelto -durante siglo XX- en el zarismo o el anticomunismo (en De la ira, Lucio Anneo SÉNECA reduciría el odio a una forma radicalizada y última de ira). Hay que considerar por otra parte que la «expansión islámica» de comienzos de siglo XXI prolifera en un neomedievalismo que se ha alcanzado mediante la andadura neoliberal, de un neoliberalismo que alimenta el proselitismo «antiislamista» (principalmente como «mundialismo antiislamista», pero también como «antiislamismo indentitario» al que más se van plegando los xenófobos), un neoliberalismo recreado mediante sucesivas intervenciones macroeconómicas sobre los países, adquirente incluso de formas fatídicas, como lo es la del terrorismo de estado harto conocida en Suramérica, y que es habida en un campo diplomático gobernado por las potencias occidentales y sus adláteres. No obstante, el problema de la expansión del Islam como «peligro demográfico» para Europa no es más que una hipotética delirante. El pontífice romano afirmará a cristianos franceses que solo Europa posee una vocación de universalidad. Y anteriormente afirmará: el único continente que es capaz de aportar unidad al mundo es Europa. E históricamente ha sido así, especialmente en cuestiones de filosofía política -y esto, claro, no es un tema menor. Y es precisamente por esta identidad arqueológica que resulta posible identificar lo infundado del temor proclamado -a viva voz, a los cuatro vientos- referente a una supuesta arabización progresiva (comúnmente reducida, de manera lábil, además, a islamización). Solo cinco naciones se declaran repúblicas islámicas: Afganistán (diezmada por el ejército estadounidense), Irán (limitada en su desarrollo energético por el gobierno estadounidense), Mauritania (país de acogida de miles de refugiados norteafricanos), Pakistán (decidida a no intervenir, al menos no de manera unilateral, en los conflictos de Oriente Medio) y Gambia (considerada como el quinto país africano que emite emigrantes hacia Europa). Los atentados terroristas a los que alude Occidente -según el orden de crecimiento de ofensivas a 2015 y que publicara el Instituto de Economía y Paz en su índice de paz global- remiten fundamentalmente a las siguientes organizaciones: Boko Haram (islamista), Estado Islámico («yihadista»), Talibán (islamista), Milicianos Fulani (catalogados como de «religión musulmana») y Al Shabbaab (islamista). Nótese que en este top five no se hallaría Al Qaeda (organización de resistencia islámica contra la invasión de Occidente, otrora pergeñada con fondos de la administración estadounidense de R. REAGAN). Se estima que hay unas quinientas treinta organizaciones terroristas en todo el planeta. Y nada permite vislumbrar que estas acotadas organizaciones criminales se hallen financiadas por estas otras pocas repúblicas islámicas. Además, en estas coordenadas geopolíticas, hay que considerar que la Liga Árabe junto con la Federación Rusa, en declaración conjunta, brindan su apoyo político a la concreción de una amplia coalición antiterrorista. Y es que no ha sido Europa quien más ha padecido atentados criminales -de la clase que se analizan- sino naciones de otros territorios: Afganistán, Irak, Nigeria, Pakistán y Siria. Es asimismo necesario -para la lectura de la declaración de las partes eclesiásticas- reconocer clases de terrorismo (más allá de lo fenoménico de sus semejanzas, triviales, como lo serían el de pretender sistemáticamente «oponerse al diálogo», a «procesos de pacificación», etc.). Hay que reconocer una clase de terrorismo fundamentalista que se concibe en una concepción supraindividual del entendimiento y que aunque dimana del Islam no hace del Islam -como organización religiosa- un «autor ideológico» de los atentados perpetrados en territorios no solamente occidentales. Este plano de análisis se propone como razonable, dado que es definitivamente razonable el discurso ortodoxo ruso y apostólico romano propuesto y documentado -entre las sedes, luego de discutido durante veinte años como agenda política- y finalmente resuelto en la República de Cuba, siendo que el encuentro ecuménico resultó posible también por intercesión de la diplomacia socialista de la isla. Es razonable especificar como problema que es una alternativa geopolítica objetiva la posibilidad del desplazamiento de la vida católica hacia «fuera» de Oriente Medio. Si se concretara esa «pérdida de territorio», los católicos deberían retirarse, desmontarse, del mismísimo suelo en que forjaron la prédica evangélica. Y esto no habría de producirse mágicamente (i.e. mediante mecanismos individuales), o ahistóricamente, sino en relación diplomática -no gratuita- con el desplazamiento de miríada de personas, de múltiples poblaciones, hacia una vieja Europa que aún añora ser imperial. Múltiples realidades del tercermundismo se incorporan al mundo europeo. El problema político fundamental es que la defensa del «mundo europeo» (y de Occidente como si se hallara devenido de un «mundo europoide») no se resuelva acaso mediante una distorsión del terrorismo fundamentalista, elevándose ese conflicto a guerra mundial –siendo que una tercera beligerancia no tendría por verdadero propósito la conquista de ninguna clase de terrorismo, sino el de una geopolítica que por vía talasocrática reduzca el derecho internacional a meros «tratados de libre comercio» protegidos por una OTAN que se valdría y no casualmente de su ejército turco como segunda fuerza militar con capacidad de combate que posee (inventándose acaso si fueren convenientes «guerras civiles», nutridas bien podría ser con nexos causales internos). En la primera mitad de siglo XXI, la gran tarea antiimperialista -la responsabilidad racional por antonomasia- es la de contraponerse a una tercera guerra que sea eslabón del ontocidio planetario (el registro de ESRI publicó unas dos mil seiscientas veinticuatro explosiones nucleares -en los hemisferios austral y boreal- a partir de julio de 1945; era iniciada por iniciativa estadounidense, única nación además que aplicó esa tecnología sobre poblaciones). Europa sabe de procesos de invasión (no solo por elucubrarlos y ejecutarlos durante siglos, siendo políticamente responsable del tratamiento inmoral a poblaciones coloniales o neocoloniales enteras en África, en América, en Asia). Roma en el siglo V debió enfrentarse a un fenómeno migratorio de pueblos (Völkerwanderung): lo denominó «invasión bárbara» a causa del saqueo que padeciera por las tropas de Alarico I, integradas por visigodos y por soldados supervivientes a la masacre antigermana habida en las ciudades del norte de Italia, como complemento al asesinato de Estilicón que perpetrara el imperio, habiéndose apoderado además tales tropas previamente de la Península Itálica y siendo que se le asocian al proceso los propios esclavos bárbaros sublevados contra sus amos romanos. En aquel entonces la capital del Occidente era Rávena con su corte imperial, donde se hallaba a su vez Innocentius PP (hijo del anterior Anastasius PP): intentó persuadir el pontífice al conquistador para que no conquistara. Pero el conquistador conquistó la tierra inexpugnable (hallar por parte de sus contemporáneos antecedencias -acaso de algo parecido- les implicaría una retrospectiva de ochocientos años: la batalla de Alia y el saqueo de Roma que se resolvieron a favor de la tribu gala de los senones; luego ardería Roma en el siglo I con Nerón y responsabilizaría del desastre a los cristianos). Durante más de un decenio san Agustín, como obispo de Hipona, se preocupará por lo sucedido en Roma y por convencer acerca de que la memoria de los apóstoles no radicaría en sus piedras sino en la fe de los creyentes que deberá prevalecer incluso en la calamidad. Eso defenderá en sus ensayos compilados como drama teándrico, resueltos en veintidós libros: De Civitate Dei (unos ocho años le llevaría la meditación y redacción solo de los primeros diez volúmenes, entre los años 412 a 419). Es a su vez en ese siglo V que se hallarían los hunos -gobernados por Rua primero, y, por un Atila después, capaz de imponerse como autócrata- disponiendo con logros efectivos la invasión del Imperio Romano de Occidente (aunque luego son vencidos mediante la colaboración política y militar del Imperio Romano de Oriente, recientemente dirigido por Marciano). El imperio occidental ya a partir del siglo III resultaría invadido en base a nuevos asentamientos dados por germanos (burgundios, francos, suevos, vándalos), iranios (alanos), anglos, jutos y sajones. Y esa conmixtión de poblaciones, de las que sobresaldrán las germanas, nutre la Europa medioeval. A esto podría agregarse que hay actualmente, además de registros documentarios, evidencia arqueológica que ratifica la coexistencia política entre musulmanes y cristianos durante la Edad Media (siglos VII y IX). En fin, Europa sabe de invasiones y sus concomitantes santos, pontífices, padres y doctores aún más saben de negociaciones en el audaz plano de la asunción política de territorios latinizados. Una y otra vez han logrado que se retorne a Roma. Demuestran que Roma verdaderamente les pertenece (capaz e.g. de una arqueología institucional de reconquista ante la arabización§16). La primera y segunda latinización de Europa (su homogeneización y asimilación milenaria, en tanto «lengua general») progresó hasta el siglo XIV con la cristianización-y-latinización de Lituania, lográndose ese proceso también al amparo del prestigio de la Iglesia de Roma. «Europa» (como voz de la lengua griega: la tercera parte del mundo), reconocida en el siglo X por el monje Ekkehart IV debido a su diversidad de civilización, de religión, de etnias y de lenguas, se expresaba en latín como idioma común a todos –siendo compartido por la res publica clericorum. Esto, la «vida latinizada» como sinonimia de una geopolítica de la cristianización, si se permite tal hipérbole en este y único instante (ya que el léxico español es de base latina, además de los préstamos y cambios de significado que posee), resultará de alguna manera volcada al Nuevo Mundo y continuará siendo defendida y renovada por una Roma que intenta reunificarse (§6–7). España -o aquel territorio que fuera de una Hispania romana a evangelizar- resultó de interés a san Pablo durante años -Ro. 15.24, 28- y, posteriormente, claro, algunos siglos después, la España imperial derramaría catolicismo apostólico, y lo haría sin titubeos, en su conquista de medio mundo. Así, la declaración lograda entre ortodoxos rusos y apostólicos romanos, dada en La Habana contra el terrorismo fundamentalista y la ignominia de la que han sido objeto los desplazados y refugiados durante décadas, no es un mero «acto simbólico» (sin desmerecer que fuese acaso resuelto simbólicamente, algo sin duda sustantivo para toda civilización, bastaría con recordar que los metafísicos racionales insistirían con que la palabra es el símbolo más complejo posible de una tríade de fases mentales en relación con las cosas del mundo). Los desplazados y refugiados no solamente deben protegerse de los terroristas fundamentalistas o de los activos de la OTAN y algún que otro socio anquilosado en la monarquía absoluta como lo es Arabia Saudita que nutre las creencias de los «salafistas» (denominados a su vez wahabistas, religiosos fieles a la Casa de Saud, propagados, además, a través de América Latina a partir de sus operaciones en Chile). Deben protegerse incluso del neonazismo que los repele, o del desalojo de campamentos, o de los alimentos de las UN que no llegan a destino, o de un Parlamento Europeo centrífugo (antropológicamente retrógrado en sus omisiones humanitarias y elusión de leyes, ante un Comité Militar y un Comité Político y de Seguridad que operan contra los flujos de refugiados, aplicando el eufemismo de detención de contrabandistas y de destrucción de barcos, teniendo por foco de su coerción el territorio norteafricano de Libia, una Libia donde M. GADDAFI fuera derrocado por islamistas radicales con la colaboración irrestricta de la OTAN y siendo que la inteligencia marroquí ya ha advertido del probable desplazamiento del mismísimo cuartel general de los «yihadistas» a ese territorio). En esta situación política hay una advertencia genética necesaria a todo racista o nacionalista, o también a otros energúmenos (comúnmente poseídos por el idiotismo): el europeo de la Europa imperial, así como el europeo tercermundista de siglo XXI, no-es por naturaleza el «verdadero europeo». El verdadero europeo -en las condiciones de la geografía humana, de hace 7 mil a 35 mil años atrás- perteneció al haplogrupo M. Ese haplogrupo es posible reconocerlo e.g. en la población de Australasia, aunque es ya prácticamente inexistente en el europeo institucional del debilitado espacio Schengen. Un neonazi o nacionalista alemanes, franceses, o griegos, etc., serían genéticamente igual de europeos que un autóctono de la Patagonia americana (siendo sus haplogrupos también distintos, claro). El europeo institucional -al menos, en las condiciones de una dialéctica de estados- es una cuestión de otro corpus disciplinar complejo de la política, de una política que ya Occidente forjara (incluso en condiciones metodológicas asumidas por una protofilosofía resuelta en el monismo axiomático): el Derecho, en relación necesetarista con categorías como las de isonomía y de isegoría –siendo que los actuales desplazados y refugiados de facto se hallan carentes de igualdad ante la ley y de una libertad de expresión que los habilite a defenderse. No hay conclusión material de tales derechos. El problema de la «invasión» de Europa no es un objeto de trabajo nuevo –a pesar de hallarse algún intelectual que presume que la Europa colonizadora nunca resultó colonizada. La transformación poblacional y política de Roma ya era tesis ensayada en el siglo V. El hecho político del agobio sistemático a los desplazados y refugiados se refracta inevitablemente como una iconografía del miedo sobre poblaciones de miles. Y no es solo un problema europeo, o habido sobre las «fronteras amuralladas» de Europa. Se halla la población habida en el campo de detención para inmigrantes de Nauru (región de la Micronesia): hay desatención sistemática a los derechos humanos y, aunque es un país independiente, el centro resulta administrado por Australia. Se halla una población palestina «oprimida» -concepto político desarrollado por las UN- y vulnerada en su juridicidad, reducida a hostilis terra, ocupada mediante asentamientos multiplicados, a fuerza de ejército y de proselitismo (hasbará) resueltos por Israel. Se hallan los desplazados y refugiados del Triángulo Norte del Caribe en México y en los Estados Unidos de América: la respuesta política que sobresale consiste en detenciones y deportaciones diligentes (el empresariado de la «privación de libertad» -como la Corrections Corporation of America Jails and Detention Centers estadounidense- comercia con la aprehensión a inmigrantes siendo un mercado que se incrementó positivamente en un 120%). Y «dentro» de Europa, la población de refugiados con paradero desconocido se cuentan a su vez de a miles. Es «dentro» de Europa que se gesta una política neonazi: Austria pretende que se desplieguen tropas, incluso propias, en los países de los Balcanes para reducir, suprimir o tal vez detener la afluencia de inmigrantes –Grecia protestó contra ese desborde de medidas castrenses propuestas: el heleno Y. VARUFAKIS lo advierte; el rechazo político a los inmigrantes reduce la labor de Grecia o de Turquía a grandes campos de concentración para los refugiados desafortunados. Esto no se afirma para irresponsablemente promover el desvarío entre los estados y sus relaciones diplomáticas. Se discute para que se promueva una pedagogía de la autocrítica in media res (y no in extrema res que es como de ordinario se resuelve el propagandismo de la «noticia periodística», reduciéndose las realidades a un último acontecimiento, la más de las veces de consistencia volátil o hasta ajeno a toda prospectiva). Hay que discutir acerca de los alrededores del status viae –es una tarea necesaria en la relación docente-discente en el aula, si el propósito es el de resolver en la codeterminación de las cosas algún «conocimiento del mundo» verdadero. En las «fronteras», la salvaguarda de las poblaciones -no de una población en detrimento de otra- requiere de una «ayuda humanitaria» (§10) donde las armas de fuego resulten replegadas a la condición de obediencia al derecho internacional de los refugiados (siendo su fundamento la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951). El ordenamiento territorial al que obliga este hecho político -antes que del «mílite» como agente de repulsión de personas vulneradas en su dignidad- requiere de trabajo de albañiles, de agrónomos, de carpinteros, de cocineros, de médicos, de pescadores, etc., i.e. finalmente de un verdadero gobierno de la distribución de la riqueza (§17); necesariamente opuesto al economismo y tecnocratismo aplicados por organizaciones de intermediación financiera, siempre «carentes de patria», siempre bien dispuestas al versátil negocio de las guerras (como aconteció con el caso de la banca multinacional británica HSBC -y sus cuentas secretas en una sucursal helvética- al ser denunciada en 2015 por evasión de impuestos, lavado de dinero, comercio de armas y de sustancias ilícitas y, esto, sin atender el negocio especulativo que el pretendido «Estado Islámico» ha desarrollado en el mercado de valores para su mayor sustento). A los oligopolios preocupa en general que las empresas europeas o estadounidenses ya no dominen el comercio de Oriente, reencauzado por una China que avanza con la iniciativa «Un Cinturón – Una Ruta» (esto, aunque -talasocracia mediante- el transporte marítimo por sí solo hace al 95% del transporte mundial). Las Fuerzas Especiales estadounidenses se descompasan una vez más con una reacción desmesurada ante la geopolítica que se transforma; han entrenado a «yihadistas» que a su vez entrenaron a combatientes extranjeros, quienes sistemáticamente han atentado durante años contra el gobierno legítimo de Siria. Y esto no implica canonizar gobiernos o desatender diferencias políticas de larga data. Valga mencionar el caso kurdo, paradigmático, multifacético en sus identificaciones comunitarias, distintas según las coincidencias o diferencias estratégicas que mantienen en los territorios que habitan: Irak (donde se hallan en plena reconstrucción de su economía autonómica), o Irán (donde hay ataques armados de la organización terrorista Partido Radical Kurdo), o Turquía (donde el Partido de los Trabajadores del Kurdistán lucha por el reconocimiento de sus derechos y libertades), o Siria (donde las autodefensas de los kurdos sirios se enfrentan con efectividad sobresaliente al terrorismo salafista, aunque -en un área bajo su control, siendo una región siria que administran de manera interina, la de la gobernación de Al Hasaka- han dispuesto que las Fuerzas Especiales estadounidenses se desplieguen y se apoderen, además, sin autorización del gobierno sirio, de una base aérea como la de Rmeilán al Basha). Hay que atender estos signos relacionados, o de lo contrario se proseguirá por parte de los estados ricos con el otorgamiento de fondos al entrenamiento de terroristas propensos al fundamentalismo. Es -debe ser visto- una operatoria destructora de estados que la Casa Blanca despliega si su «libre mercado» es repelido: el propio R. F. KENNEDY jr. lo denunciaría, afirmando que la guerra contra Bashar AL ASSAD no comenzó a causa de publicitadas «protestas civiles» (Primavera Árabe de 2011), sino como consecuencia de su negativa a un proyecto catarí de gasoducto hacia Europa (estimado en diez mil millones de dólares estadounidenses, atravesaría Arabia Saudita, Jordania, Siria y Turquía). La negativa de Siria hizo que los reinos suníes del golfo Pérsico perdiesen la oportunidad económica de tener una ventaja decisiva en los mercados mundiales de gas e impidió a la monarquía absoluta de Catar fortalecerse (los Estados Unidos de América no podrían tolerar que se haga esto con un aliado en extremo cercano y en efecto no lo hizo: se propuso destruir gobiernos legítimos; se propuso deshacer la civilización siria, siendo no un caso aislado de siglo XXI sino la reapertura de las revueltas internas infructíferas que influenció durante 1957 y esto para perpetuar la economía petrolera de esos reyes de pocos). Y es por esto que tantas y tantas personas mueren asesinadas en manos de terroristas petroleros, quienes contratan a terroristas fundamentalistas para oprimir a poblaciones enteras. Si ese terrorismo petrolero fructificara, no cabría más que retrogradarse al feudalismo habido anterior a las propias revoluciones burguesas. A esa «política exterior» envuelta en el asesinato a miles -especialmente renovada como característica imperial a partir de la administración estadounidense de B. CLINTON- es a lo que finalmente se opone la declaratoria de las autoridades católicas de 2016, consignada por el patriarca ruso ortodoxo y el pontífice apostólico romano. No obstante, las afirmaciones del documento -en la universalidad de las preocupaciones morales que presenta- son remitidas expresamente a su antropología. Se declara una primera preocupación eclesiástica acerca de la familia como objeto institucional. Se denuncia y con justicia el exterminio de familias enteras, incluso de pueblos y de ciudades, en Oriente Medio y África del Norte (§8), así como del éxodo de cristianos en territorios como los de Irak o de Siria. Ahora, esa «familia» que es defendida y por la que testifican (§19) no necesariamente coincide y mucho menos remite a una comprensión seglar de lo que podría ser e.g. la existencia del «hogar constituido» en un análisis censal para un estado laico moderno. Remite solo al sentido de familia de quienes se hallan hermanados en Cristo, donde la familia es organización reproductiva –en el canon genesíaco de la multiplicación (§20). Pero debe atenderse que los perseguidos y ejecutados por el terrorismo fundamentalista -como cuestión moral- no refiere a un problema solo de «heterosexuales». Abarca a multiplicidad de personas, siendo que la «convivencia fraterna» (§11) entre pueblos, Iglesias y religiones que se profesa -y que es para el mundo- implicaría constituirse en el desbordamiento de los respectivos catecismos. No hay manera razonable de reducir los multiplicados intereses de las naciones a las normas canónicas. Desmerecer ese desbordamiento -como ha de estimarse que subyace en algún que otro parágrafo de la declaratoria religiosa- implicaría tratar el asunto político de la «muerte» (§21) en condiciones generalistas (involucrándose en el documento cuestiones como la sangre de los niños no nacidos o la eutanasia), subvalorándose la implementación de las tecnologías biomédicas –parecería que al amparo conceptual de alguna bioética anantrópica. Así, la exclusión del proselitismo por el que se aboga (§24), al amparo de la Tradición común de la Iglesia del primer milenio, entre ortodoxos y católicos, debe permitir que como principio de actuación también sea realidad política fuera de los templos. Puesto que esta solicitud difiere de los oscuros tiempos donde -para el sujeto evangelizado- la cuestión religiosa no resultaba de la atracción sino del proselitismo (modo infructuoso que retomó el terrorismo fundamentalista, además). Vale resaltar por otra parte, en aras de la tolerancia que se promueve (siendo que como objeto histórico-religioso dimana del intolerantismo el tolerantismo), la lamentación compartida por el caso ucraniano y la profunda crisis económica y humanitaria que padece esa nación (§26–27) y algo más, también relevante: instan a sus Iglesias a abstenerse de participar y de apoyar el desarrollo del conflicto. Es una observación conveniente, si se considera que respecto del caso ucraniano hubo trabajadores comunistas que enfrentados a los neonazis eran atrapados por la horda fascista y se les obligaba públicamente a besar la cruz (a la manera de una liturgia degenerada). Esto, en su progreso demencial, implicó incluso que posteriormente se quemasen vivos a trabajadores judíos antifascistas junto a otras víctimas que quedarían atrapados en Casa de los sindicatos de Odesa. Por tanto, la razonabilidad de la declaratoria y su valor histórico-teológico (o incluso como objeto nematológico) se hallaría en comprender finalmente que las disputas religiosas (§13), repujadas por Occidente, no deben resultar en instrumento político de intervencionismos donde se sistematiza la matanza a miles, de poblaciones enteras.



Una versión hemerográfica de este escolio: «DEL STATUS VIAE CONFRONTADO AL "MUNDO NOTICIOSO"» de PALLAS, Pablo en La educación encierra un tesoro; Revista VOCES (Asociación de Educadores de Latinoamérica y el Caribe); ISSN-1510-7175; Impresión DELTA; AÑO VI, N° 16, Segunda Época; Montevideo, agosto de 2016 (págs. 46-57).




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