domingo, 10 de abril de 2011

Memorial del Holocausto del Pueblo Judío


Tatiana Plakhova – Music Portraits series.













Aproximaciones a una textualización del dolor, o un caso montevideano de semiología urbana: el Memorial del Holocausto del Pueblo Judío como síntoma de poética

¿Acerca de qué trata la "representación", siendo que la semiología urbana intenta deshilvanar la razón de existencia de la cosa monumental entre sus múltiples confirmaciones, o poéticas o políticas?

Por Pablo Pallas 


II. Objetivar (objetar) miradas, verter lo vivencial de las cosas en palabras

10. Podría suponerse además que hay, por defecto, un bricolaje de fragmentos de habla -provocado por quien se allega al Memorial- que distingue al objeto, en un contexto transitivo ahora transformado por efecto de su referencia (implicando en su expresar la existencia de una relación que poseería “algo más” que una mera constitución estructural). Esa impresión que provoca la cuestión poliédrica en el ánimo de quien la piensa, juzgada en el lugar, quizá para que la verdad[68] se narre, depende del propio sujeto de inteligencia que como contenido microcósmico -extensivo, en ese functor holótico que se hace geografía política- practica criterios de relación con el propósito de hallar, de denominar y de resolver. Para que algo así se logre hay que intentar algún tipo de saber, i.e., hay que saborear, principalmente, lo escultórico y arquitectónico del Memorial que pretende participar de dos dominios no necesariamente convergentes:  i. el de la figuración y ii. el de la verdad. 

11. Ese “realismo”, en términos sociológicos, no se afirma para intensificar algún tipo de formulismo respecto de modelos consagrados, o para que prolifere una mera repetición de modelos impuestos. No. Trata, sí, acerca de una cautela política[69] aplicada al tratamiento de ese “dolor” vivido-vívido (aunque no necesariamente relatado, no necesariamente resuelto en un léxico) por la primera generación de la Shoá, respecto de la propia Shoá[70], cuando se discute cómo interviene la (implacable) metáfora[71] -o por su mimesis, o por su diégesis, o por sus disociaciones con las prácticas de la representación- en una realización poética.  

12. Se hace necesario discutir, así, en qué consiste esa sensación de pudor anti-metafórico que podría estimarse subyace en el temor político no a un poliedro sino a cómo ese poliedro -su fetiche[72]- es asumido ideológicamente por las múltiples miradas.[73] ¿Y es que acaso es posible, en términos de sociedad humana, participar de una ciudad[74], de una construcción urbana, hallándose aquel-que-mira-sus-objetos ausente en el conocimiento político de sus causas? ¿Acaso esa situación no convierte a su propia ciudad en un dédalo? ¿Acaso esas prácticas complementarias de omisión y de ignorancia no inhiben la densificación prolífica de lo real urbano, si todo se pauperiza al  binarismo[75] de “aprobar” o “desaprobar” -por efecto de una imagen carente de historicidad- el objeto en lo cotidiano, no habiendo oportunidad para una fuga poética, para producir algo más que una continuidad, algo más que una planicie por paisaje? 

Esa poética confrontada con el hecho político, o con alguna consecuencia de ese hecho político, o con una poética devenida de otra poética[76], etc., de alguna manera, confunde en términos de estilo -si se considera, de una arqueología clásica, una cronología monumental- la “expresividad”[77] que resuelve el realismo con la que logra el hieratismo. Quizá esas confusiones podrían visibilizarse si, en toda narratología con que se comprendiese el objeto, se descubriesen tanto el academicismo estéril como el patetismo emocional que hubiese subyacentes en sus prácticas de acercamiento.[78]     

Quizá, respecto del asunto Shoá, se confunde la lucidez y lo entrañable de lo vívido cotidiano con la exigencia de una solemnidad extrema.[79] El carácter supletorio que se estima posee el realismo como inhibidor de lo metafórico[80] -esa inclinación realista, fundamentalmente- se hallaría anclado en la “fidelidad” que se supone produce en los rasgos destacables de una causa de poética, entendiéndose ese carácter como la conformación de un “acento de verdad” en lo sustantivo-concreto de su quehacer. Ese requisito, esa inquietud que rastrea los objetos con pretensión arqueológica, termina convirtiéndose en un fijismo político que impide confirmar diairológicamente la validez estético-histórica de una construcción pensada para la urbe.[81]  El opus que fuese creado, sin embargo, no es prueba inmediata de un hecho de la Historia, o del cumplimiento efectivo de una responsabilidad. Crear una escultura a la Paz, no convierte a su creador por esa sola acción en pacífico, a lo sumo remarca una hipóstasis, y otro tanto, igualmente, con otros símiles correspondientes pues o con la Justicia, o la Pedagogía, o la Libertad, etc. Hay que sencillamente admitir que no toda imagen producida trata acerca de una evidencia jurídica.[82]      

Mediante la semiología urbana -distinto de las prácticas hermenéuticas con las que no se requiere necesariamente de una constitucionalidad apodíctica[83], aunque sus componentes simbólicos[84] se trasvasan mutuamente- se intenta objetivar la fórmula a qué alude ese poliedro. No consiste ese trabajo intelectual, pues, en descubrir “el mensaje” del objeto sino en dilucidar, respecto de su ambiente, la pertinencia efectiva que posea o en qué consiste acaso esa realidad nueva que es, o con qué construcción de historia verdaderamente se corresponde. Se discute así el valor político de la realización poética, sin que esa práctica teórica implique reducir el placer de representar a una mera evidencia política o manual para párvulos. Por tanto, las contradicciones que emergen entre sujeto y objeto no se resuelven mediante ablación: la-cosa-que-algo-representa deviene de la relación paratética en que se compone un espacio antropológico y, no obstante, ese efecto no es inmanente, inmediato, o absolutamente correspondiente a todo sujeto de miradas (integrado inevitablemente a algún tipo de totalidad). Esa problemática podría suponerse que subyace, sobremanera, cuando se le exige “realismo” escolástico a una obra, al Memorial, al recuerdo[85] poético del dolor de los hombres y las mujeres judías que resistieron y pervivieron el nazifascismo. 

Representar no implica que se “debe comunicar algo” en el opus, como si acaso esa práctica fuese una condición necesaria de existencia para considerar, en principio, lo estético-sustantivado de la pieza. No se trata de reducir la idea de lo representado -su literatura- a asunto propagandístico (a una cuestión de “repeticiones”), como tampoco a una disertación lógica respecto de alternativas habidas de desambiguación acerca de su efectivo desenlace o lema.  Si bien es posible, en la gnoseología aristotélica, reducir toda poiésis a política (o todo objeto de poética a su función organizadora)[86], incluso la responsabilidad política del sujeto de inteligencia -en sus creaciones- no debe tergiversarse en servilismo ideológico, en simplismo expresivo. Si bien la finalidad de con-vencer es ontológicamente política, es el pedagogo que tiene ante sí al educando sin neutralidad ni eufemismos[87] posibles respecto de la Historia.[88] Y no por pretenderse el convencimiento se debe de desatender el síntoma de infra-humanidad que surge como pretensión de subsumir la creación poética a “comunicación”[89] (es una práctica absolutizante que erradica la oportunidad hermenéutica[90] justamente, la experiencia con el objeto y su densificación polisémica, el hacerlo superlativo[91] descubriendo la universalidad que lo comprende).[92] 

Las especulaciones pues que se consignan en la tesela se distancian de aquella antropología que con exceso de generalidad -respecto de los mundos de la práctica y los intercambios- afirma que los sujetos de inteligencia se comunican por medio de símbolos y signos. Puesto que se intenta apreciar una antropología urbana (social) que -desprovista de miramientos biológicos[93]- no intente comprimir las totalidades poéticas a una lógica comunicativa. Esta noción depende de las siguientes premisas: i. el “idioma” en el progreso de una textualización solo interviene radicalmente -en caso de hallarse de alguna manera formuladas- a las enunciaciones con que es comprendida; ii. ninguna realización poética (no por las tecnologías aplicadas, sino por sus resultantes), a su vez, depende sintomáticamente de prácticas de desambiguación o de resoluciones que deterioren la perplejidad de su composición. En términos arqueológicos, un encerramiento comunicativo, impide la existencia de lo enigmático del objeto -prácticas de comprensión e intercambio mediante- y deteriora por tanto toda ontología que lo discuta, oblitera las disquisiciones concernientes con la metodología de su abarcamiento, en tanto que prohíbe razonar el objeto (inquirirlo, en un sentido cartesiano). 

La poética, desligada de la cuestión propagandística[94] o de supeditaciones a entimemas morales, es objeto de crítica estética respecto de los intercambios en los que justamente se objetiva como producto emancipado de la sola cotidianidad. Las relaciones mantenidas con el objeto, las afectaciones de las que de alguna manera dimana, no se “extirpan” mediante la desaparición del objeto (desafortunadamente, esa premisa en general no resultó atendida ni durante inquisiciones ni purgas), tampoco se “insertan” mediante su imposición. Porque la poética estructuralmente se contrapone a la premisa infra-humanizante del hacer sin pensarse, a esa aporía.[95] La poética que se produce para destruir a la poética, i.e. para canonizar un canon, una escuela, una única manera de digresión, etc., resulta en un efecto de compulsión discursiva, solo eso. Y es que la poética no debe ser reducida a “mensaje”, a una funcionalidad carismática, a una práctica cúltica de la personalidad, finalmente, a profusión religiosa o evangelización[96] incontestables.    

La poética no se resuelve ni en la lógica ni en la retórica y no son sus entimemas un dominio del que dependa.[97] Afirmar que el opus poético debe comunicar, asimismo, implica conjeturar que trata acerca de una práctica comunicativa. Y una realización poética bien puede existir independientemente de un propósito de desambiguación. Quien mira, además, no es reducible a una circunstancia de recepción.[98] La construcción poética destruye las confirmaciones comunicativas, pretiriendo la exigencia de caracterizar lo creado o de relacionar -en términos unívocos- el objeto a su admiración.

Y es que si bien una pieza es reconocida y resuelta por su título, evidentemente también podría existir poéticamente, igualmente, sin aquel título o sin aquel título único, puesto que siempre se concentra un objeto en algún sintagma que lo comprende. Así, en términos lingüístico-cognitivos, la semántica de la textualización es orientada por su título (i.e. o por el idioma aglutinante en que se realiza, o mediante una formulación matemática, o incluso mediante la carencia de atribución de significado en aquello que se escribe, etc.), haya sido consignado o no por su “autor”. Y esa formulación puede existir incluso en la ambigüedad o en la vaguedad, en la inexactitud de la expresión de la experiencia respecto de la palabra con que se intenta narrarla. Porque la experiencia que deglute al sentido -impelida por los intercambios que la conforman- es simiente a su vez de la propia densificación del sentido.                

13. Y así, la cuestión dudosa se formula: ¿Es pertinente un Memorial?[99] Ante esa incógnita, habría que agregar:  ¿respecto de qué espacio-temporalidad y responsabilidad?[100] En el caso montevideano, en el que el voto mayoritario de la ciudadanía uruguaya ratificó una legislación que como consecuencia limitó las funciones del Poder Judicial para atender los casos de violación a los Derechos Humanos -siendo que posee constitucionalmente independencia del Ejecutivo y del Legislativo en sus resoluciones- durante el gobierno fascista que se instauró de 1973 hasta 1985, un Memorial del Holocausto del Pueblo Judío es, en efecto, además de una explicitud estética, un síntoma de verdad que convendría se detectase a tiempo (comprometiendo en esa labor intelectual a toda una didaxia urbana) para no padecer de ceguera ideológica, de espontaneísmos ciclópeos a la hora de ejercerse en las elecciones y decisiones políticas. Es una construcción que hace de la persona humana eslabón de lo retrospectivo con lo prospectivo. El poliedro, pues, su síntoma de poética que no amalgama (aunque tampoco excluye), desinhibe la comprensión de lo verdadero así como la de otros síntomas existentes.

¿Qué tipo de pertinencia, a su vez, sería la del Memorial?, asumiéndose la premisa de su consistencia genésica. En términos pedagógicos, sería una pertinencia social. Finalmente, como objeto de estudio urbano-semiológico, ese poliedro-significante trata acerca de una agregada “textualización” que interviene el ambiente y lo convierte. Trata acerca de un cierre tecnológico (arquitectónico, escultórico e ingenieril) que en términos patrimoniales muestra i. literalmente la realización de una geometría y ii. metafóricamente la estimulación de las humanidades. El desarrollo de criterios de relación que aúne ambas confirmaciones implica, a su vez, como efecto, llegar a conocer el sitio, verdaderamente pues -mediante sus transfiguraciones[101]- allegarse al sitio. 

La emergencia fundamentalmente de los memoriales conviene pues a la explicitación de las carencias significantes por las que de facto podría resultar caracterizada una población urbana. Ser a partir de lo que no se posee desarticula las oportunidades de poeticidad, siendo que justamente se concretan para desafiar la carencia. Auxilia, mediante el signo interrogador, a la laboriosa concreción de una perspectiva de las acciones:  ¿quién logro ser para mí y para otros, ante ese objeto que vivo, mientras pienso y construyo historia? ¿Cómo resolverse en personalidad, cuando el “alrededor” es el lugar y la historia? La heroica desautorización del ghetto[102] -como concepto urbano- lograda por los judíos, en sus resistencias clandestinas, implica, de alguna manera, la discusión de lo fronterizo en el dominio topográfico. Esa expansión política -quizá de manera intuitiva- resultó continuada en el Memorial por el cierre tecnológico de la arquitectura, la escultura y la ingeniería aplicadas (inherentes o subsidiarias unas respecto de otras, en lo disciplinario). 

El memorial montevideano (de noviembre de 1994) precede la fundación del Holocaust-Denkmal berlinés (de mayo de 2005) e incluso la reinauguración israelita del complejo museológico de םשו די -Yad Vashem- (de marzo de 2005) que se iniciara en 1953. El caso montevideano, incluso, logra concretar una construcción que anteriormente se  hubo dispuesto como un objeto urbano no suficiente o controversial: el presidente estadounidense J. CARTER nombró en 1978 un comité dirigido por E. WIESEL para estudiar la posibilidad y factibilidad de un Memorial[103] y se entendió que éste no comprendería de manera suficiente la labor de recordar las lecciones del pasado (ese problema, igualmente, se superó creándose en Washington DC el Museo de la Shoá).  

No se comprende su concepción como un mero ensimismamiento étnico y esto queda dilucidado mediante la labor de confirmar a los justos entre las naciones que revela la integración-trabajo propiamente del judío, y, su atención a realidades poblacionales y nacionales diversas y que se acompaña, además, tanto de las reconstrucciones archivístico-históricas como de una proliferación coram populo de prácticas de texto-escultura y de texto-arquitectura[104] que rotulan y discuten las formas del dolor. No hay sectarismo o chovinismo, pues, donde se intenta la apertura comprensiva hacia los recovecos relacionales y los traumas de un belicismo de relevancia secular, para una nación[105] que -tal como lo reafirma R. VINOCUR[106]- padeció la “unicidad” y la “especificidad” persecutoria con el propósito de su exterminio[107]. Y es que incluso lo propiamente “judío”, en términos sociológicos, hace referencia a multiplicidad de prácticas económicas, políticas y sociales que no se acotan a la sola cuestión religiosa o de colectividad

Ha primado en la construcción de los memoriales la apertura en el desplazamiento por-entre-sobre el poliedro arquitectónico (respecto de sus proyecciones:  forma y espacio). En ese sentido, el memorial de Montevideo convierte lo macro-longitudinal o cósmico de  la cuestión fronteriza | tierra-agua |,  | tierra-aire |, | agua-aire |, etc. -respecto de las imágenes que se presentan al “mirar” su complicación corpórea- en oportunidad semántica o intento de transliteración, de transcripción, de traducción, de comprensión de las procedencias para que el objeto, en su policompuesto[108] de significantes, finalmente, se “textualice”[109] y cumpla con su efecto de evidencia y rememoración. 

Esa apertura, quizá posible de afianzar mediante dúctiles nociones de urbanidad, resulta involucrada por su práctica en las temporalidades de la microfísica de los cuerpos trashumantes, o peregrinos, o advenedizos, o meridionales, en el quehacer vincular dulce-inevitable de lo vulgar y mundano, en las ramificaciones de Tánatos y de Eros[110], en la erógena misma de la discordia y del placer esparcida en el sitio mineral, reducida a argumento y justificación del encuentro y la carne (a maneras glíglicas de expresar gozo y goce explícito de sí y de otros), en sus días y en sus noches, en el cardinal polar y austral de sus estaciones, i.e. en sus eventualidades y especificidades.  

14. Si bien ese cierre tecnológico del Memorial -como disposición estética de su resultante- trata acerca de una comprensión interartística[111] de las técnicas aplicadas, no habría en el caso montevideano una adaptación o yuxtaposición de sustantivaciones entre sí o asociaciones mecánicas (no se trata de reciprocidades[112] entre arquitectura, escultura, o ingeniería). Hay una producción resuelta en la inmanencia de las prácticas[113] que construyeron el objeto a estudio por la semiología urbana:  un poliedro en comprensión (i.e. en tensión poética). Al acercarse a un sitio, pues, es imprescindible la orientación. Concebir esa labor es una tarea pedagógica que requiere para existir, sin duda, de antecedencias interpretativas acerca de la cosa urbana, de alguna semiología acerca de sus poliedros en lo urbano.[114] 

El Memorial -atendiendo las nociones formuladas por A. KLEINER[115]- es pertinente porque habilita la recordación de un tiempo[116] de dificultades y de tragedias.  Ayuda a consagrar ese tiempo y a distinguirlo, teniéndose el deber de rememorarlo y de aprender de sus hechos. Es importante en la mirada religiosa -no en lo cúltico- porque lo es para la sociedad. En la religión -afirma el Rabino- se poseen o monumentos como los habidos en los sepulcros, o señalamientos de lugares (como el referido bíblicamente en el sueño de Jacob), y, a su vez, en igual sentido, a partir de su fundación, se cuenta además con un “Memorial del Holocausto del Pueblo Judío” que también señala un tiempo propio. En el judaísmo no se santifican los lugares sino los tiempos.  Al decir de Abraham Joshua HESCHEL, la tradición judía construye palacios en el tiempo. El judaísmo, asimismo, como forma de vida, vincula a la persona con lo positivo (lo reglado y la distinción misma de los momentos), sin prescindir de los alrededores.

Fuera de las sinagogas -especifica KLEINER- las imágenes poéticas son de apreciarse en tanto no se realicen figuraciones de Dios. En el Memorial de Montevideo no se presenta por tema a Dios; no es un memorial teológico.[117] La Shoá es un hecho político de la Historia, para ser mirado y comprendido respecto de las propias personas y no como castigo de Dios.[118] Y es que hay que conocer el obrar del ser humano -así se formula en el Capítulo III del Génesis- en su libertad de hacer. El Movimiento Conservador -especifica KLEINER, acerca de una narratología del holocausto- publicó el opus de Avigdor SHINAN:  Meguilat HaShoá.[119] Ese rollo de la Shoá, ese relato de la devastación, es leído en instancias de culto, no con un propósito de literalidad[120] sino de aprendizaje, de vínculo del ritual con lo cotidiano. 

15. Ahora, esa pedagogía requerida, si bien cabe la oportunidad de enunciarla a partir de infinitas propuestas formales[121], no tendría concentrada su preocupación -asumiéndose el Memorial como oportunidad de didaxia- en cuestiones puras o cuestionamientos puros. Tendría que ser una pedagogía que inmersa en la laicidad (no en la neutralidad, ni en el sectarismo mecánico, o en la discriminación injusta) promueva por el intercambio entre los sujetos de inteligencia una construcción de historia, la historia de la libertad, de una libertad que resulte hermenéuticamente incompatible con la infra-humanidad. Y para lograr algo así -y evitar la habladuría utópica- es que son necesarios de aprender los conocimientos políticos.[122] Porque la historicidad a la que aluda el objeto-Memorial, e incluso su historia misma de construcción, no definen ni siquiera tangencialmente su valor estético. La provocación poética en tanto nueva realidad a construir -en los términos de alguna hermenéutica que la discuta- no es ontológicamente concebible como una mera reducción a su causa, sino todo lo contrario puesto que la disemina. 

16. De alguna manera, además, si en algo colabora la semiología urbana -como práctica teórica compendiadora de perspectivas- es en el propósito de hablar acerca del objeto sin prescindir de su historicidad (siendo que hay intercambios entre sujetos de inteligencia y hay, a su vez, evidentemente, en el caso de los poliedros, la intención, o, algunas veces, pretensión, de representar alguna finalidad interesada). Salvo el nihilista, un sujeto de responsabilidades deseará discutir el “uso” requebrado de la poética como instrumento desacreditador de la verdadera causa que -existiendo independientemente del sujeto de creación- promueve o de alguna manera incide en la experimentación estética de destrucción-y-construcción que se concreta con materiales-y-materia. La cuestión dudosa acerca del Memorial, el enjuiciamiento de su existencia como poliedro urbano, quizá, para responderse en términos categoriales, deba preliminarmente resolver aquella composición teorética que caracteriza un objeto poético: no debe de confundirse, pues, por un lado, i. la historicidad que pretende representarse -lo que abarca en su determinación una diversidad de procedimientos[123], de los macrohistóricos a los microhistóricos, además- con, por otro lado, ii. las prácticas de un “cierre tecnológico” que en la realización urbana de la | cosa | no le son funcionales ni unívocas, puesto que en principio construir solo asegura la presencia evidente y radicalizada de sus “elementos restantes”. 

17. En términos de finalidad pedagógica, se postularía pues que no debe confundirse o amalgamarse al sujeto de inteligencia con sus resultantes poéticas, sino que, en todo caso, a partir de las cosas construidas, deben discutirse las virtudes y los talentos, no para meramente catalogar tales atributos y mucho menos para estereotipar al educando, sino para, mediante ese trabajo, transformar, no lo caduco que finalmente se niega, sino lo apetecible y veraz que resiste anegarse, sino, pues, las dificultades de la personalidad que no se sabe en oportunidades de libertad. La mirada con conocimiento político efectivamente especula acerca de la economía (oikonomía)[124] del objeto de su atención, en vez de simplemente aprehenderlo o describirlo. 

Lo construido habilita la afortunada oportunidad de desagregar -respecto de quien admira- algún resabio de inocencia mítica, o, inclusive, desprenderse de alguna que otra visión fijista acerca del ambiente. Aunque ese logro -entre cosas- es resuelto entre personalidades. Si como fin de esta tesela se intenta caracterizar el objeto de estudio que es el Memorial, cabe pues considerar que el poliedro alude al quebrantamiento del silencio paranoide -de ese tipo de silencio- que provoca toda infra-humanidad. El Memorial trata, así, acerca de la representación de la resistencia de un pueblo milenario, i.e. el judío, junto con otros pueblos, entre otros pueblos, y, hasta dentro de otros pueblos, contra la infra-humanidad. 

Esa misma infra-humanidad fue, como criterio reductor del sistema educativo alemán, categóricamente asumida por GOEBELS.[125] La educación nazifascista se constituyó de una pedagogía de pretensión totalitaria (i.e., de finalidades ceñidas a un doctrinarismo decididamente inmerso en el nacionalismo) que tuvo por finalidad el surgimiento del hombre-Dios y para lograrlo negó la educación intelectual (la Ciencia fue entendida como oportunidad corruptora del educando). El aprendizaje, según el ordenamiento profesado por el propio A. HITLER, debía confirmar cuatro formas fundamentales de comportamiento: i. la brutalidad, ii. el autoritarismo, iii. la impavidez y iv. la crueldad.[126] 

La “actitud pedagógica” del docente nazifascista debía fundarse en la irracionalidad, la verticalidad y la intolerancia. Y debía desarrollarlas como actitud en niñas, niños y adolescentes.[127] Esa enseñanza infra-humanizante, en términos sociales, pretendió conformar intercambios regidos por la subordinación (intelectualmente afirmada en un principio medioeval de autoridad).[128] Es atendiendo antecedencias tales que debe discutirse la memoria; para que por su didaxia logre promover la transformación de lo opresivo en libertad, antes que para provocar resultantes conservadoras o reaccionarias en el proceso mismo de comprensión de los hechos políticos en general o, más particularmente, de las tradiciones.[129]

18. Hay un aparecer minimista que tensa de alguna manera i. lo intrínseco de todo memorial-de-memoria-esculpida que es la “escritura” -y que es imprescindible además, junto con el verbo, para la resolución lógica de un valor de verdad- con ii. la figuralidad que compone (no solo por lo estrictamente exterior o escultórico, sino también respecto de su interioridad arquitectónica o de su sentido de habitabilidad o tránsito). El código escrito resulta asumido solo tangencialmente en la resolución corpórea del diseño poliédrico del primer Memorial de Montevideo. Es un caso en el que originariamente no se hizo mención de nombres propios, distanciándose así lo memorable o histórico de lo superlativo o individualizado. 

Ese germen posteriormente fue convertido, y, luego el título fue título justificado[130], fue contristado mediante el ejercicio de consignar personalidades desaparecidas durante la guerra. Si bien ni la interioridad de la arquitectónica ni lo exterior de su monumentalidad se resolvieron en el nombre propio, lo construido-fetiche que se significa como sitio del Memorial, entre sus “túmulos” de granito, incorporaría en el hecho político de lo fundado, pues, lo real inconcluso de las vidas truncadas, y, de alguna manera, a su vez, lo testimonial[131] de la carne que se convierte en una concordancia titular, en un registro cuneiforme en el que la mismísima piedra[132] es trazo intelectual en su doblegamiento técnico.

Simplemente, en su inicio se compuso nematológicamente una identidad enunciativo-afirmativa en la que fuese estilísticamente posible hacer converger los elementos del lugar con los asuntos de un hecho político (el Holocausto), reduciéndolos a la existencia de un título: “(…) del Pueblo Judío”. En ese sentido, habría una correspondencia entre la brevedad del texto (como si se quisiese atender la advertencia de Eclesiastés[133] acerca de que todo es vanidad) y el despojamiento del poliedro que extensivamente se expande en un suelo pedregoso confundiéndose -cada vez más- con intrincados escombros (vestigios quizá de objetos desarmados) hasta resultar en una metáfora o de la nada[134] o de la “pulverización” de las cosas.        

Es una “identidad” milenaria (intensificada) a partir de la que emerge el título[135] del opus. El título del poema-objeto que es finalmente el poliedro no trata acerca de un mensaje añadido sino, en una arqueología del reconocimiento, de una elección-decisión de sentido (de una concreción decisiva), i.e. de una práctica figurativa nuclear. Es la reducción -nunca acabada y que la aristotélica intervino mediante la lógica- de la experiencia a su sintaxis, logrando o no ser objeto por su nombre, nomenclátor, entre las complejidades del modo subjuntivo[136] y las generalizaciones accidentales, una asociación y sociedad de palabras en reconocimiento. Es algo más que una mera escapatoria terminológica. Es una manera de designar y trata acerca de alguna práctica de complicación del sentido, ante el señalamiento mismo del objeto. Puesto que, en términos de perspectiva, lo que se evoca pertenece[137] a quien intenta miradas: la enunciación orienta, dispone, distrae, distiende, o contrae, en lo relativo a concepciones. Su resultante denominativa manifiesta.  
 
El título, pues, y los elementos de la construcción conforman una indivisibilidad -que no implica necesariamente univocidad, i.e. imposibilidad subjetal de crítica histórica acerca de la veracidad de sus correspondencias- y si bien, de alguna manera, cabría la cavilación de que el título inscripto en la piedra trata acerca de una manipulación de las palabras[138] como | cosas |, hay que proponer (aunque sin aseverarlo definitivamente) que la cosificación se evita justamente mediante la discusión de sus secuencias compositivas. Es más, el valor estético del elemento piedra[139], si bien se resuelve por la práctica figurativa que especifica su “forma”, a su vez, se define mediante una comprensión del objeto que depende de una decisión de lenguaje, de su existencia como epigrama expandido.[140] La piedra esculpida (escrita-descripta) es causa de perspectiva semiológica, por lo que su vivencia-videncia o transitoriedad se reduce a alguna problemática de lectura.[141]

El componente verbal[142] inscripto en la piedra[143] aparece (i.e. se constata), en términos de referencialidad, independiente del | Memorial | aunque comprendido en el reconocimiento del “Memorial”. Es un texto tangencial a la textualización por causa de los materiales del poliedro (puesto que sensu stricto cosa y escritura son reconocibles, críticamente relacionables, espaciotemporalmente) y, no obstante, esa huella sobre el objeto -y la huella sobre el objeto es en sentido literal- generaliza y define con suficiencia la totalidad de la figuración que no trata acerca de la | cosa | en sí sino del “poliedro comprendido”. La | cosa |, así identificada, de alguna manera retrotrae a escenificaciones anteriores al código escrito[144], cuando la expresividad era experiencia (no obstante, ese objeto de tránsito y transitoriedad no debe omitir la configuración de algún tipo de crítica a la movilidad incesante[145]).

Es ese texto -aparte de la textualización- un conglomerado de enunciaciones generales y título que se componen como dispositivo semántico, siendo que se reduce el poliedro a una experiencia de caracterización, a la destrucción de la | cosa | mediante la construcción de la “cosa”. Implica, en efecto, superar el concepto | piedra | para especular acerca de una idea de “piedra”, como asimismo de | agua | respecto de “agua”, etc., y así con la totalidad de los significantes típicos (cuando el omphalos de la memoria se orienta a causa del Memorial). La mirada[146] de ese esquema compositivo, pues, trata acerca de alguna práctica interpretativa.  Si la sintaxis de la obra, finalmente, verdaderamente, se halla universalmente existente en quien la mira, la correlación histórica del objeto al que la representación habría de referir (o efectivamente refiere) -su causa histórica, así como la historia de su realidad- se implica en su resolución semántica, y, compele a la caracterización de las cuestiones dudosas (imprecisas, recusables, indomables) que su objetivación provoca.[147] 

Carece de sentido ingresar por los durmientes de la vía férrea inconclusa[148] que son cuatro; carecen de origen y destino -y algo así es visto- como si acaso la idea de desplazamiento fuese discutida en su mismísima ontología, (sus maderos, las traviesas[149], se hallan ocultos bajo las hierbas y los tréboles, síntoma quizá de los vagones que ya no los recorren de camino a la matanza). Hay que elegir el camino, avanzar a pie. El jasidismo podría hallarse presente a través de lo que se consigna de Baal Shem Tov en la primera piedra escrita, instalada aisladamente a la finalización del descenso: “En el recordar está la redención”. Y es que el propio Memorial podría poseer la apariencia de un “refugio”, donde la brevedad de las palabras afirmadas, lo limitado de su secuencia, colinda con los esfuerzos del silencio, de ese silencio que no es el que reniega de la emancipación sino otro, el que acota perspicacia y supervivencia. Esa sola piedra, erguida, con escrituras, esa verticalidad fálica, es una resistencia que posee por semen y fruto dulce al paladar la palabra. Habrá que -recorriendo los pontones- acceder a la Plaza de la Meditación, a otro vestigio de temporalidad, para encontrase con los restantes tres epigramas.  

Se construyó con veintiséis maderos el primer pontón y con treinta el segundo. En esa diferencia de maderos -que son cuatro- entre uno y otro de los pontones, al avanzar hacia la esperanza, parecería subyacer la idea del tetramorfos[150] así como la del Tetragrámaton. En esa brevedad de pasaje, ese ejercicio de virtud teologal de deseo y espera que invita a creer en lo por venir sin sumirse en la desesperación, parecería nutrirse pues de una teofanía que -si vivencial- complica la sensación sublime o abismal de lo impronunciable, de ese carecer de palabras ante el regocijo a causa de la supervivencia y la libertad. 

En el ascenso hay tres piedras erguidas con escrituras. La relación de éstas últimas, como tríada, y por su relación de segmentos de rectas entre sí -burdamente mencionado, de un tercio y dos tercios- hace pensar en la armonía discutida por los áticos en su razón áurea o Τ[151] (aunque más generalmente se la denomina Φ), y que tanto influyó en el constructivismo[152] uruguayo mediante la labor plástica y académica de J. TORRES GARCÍA. La “armonía” -como dispositivo subyacente a la cautela en los intercambios habidos en los campos de concentración y exterminio- resultaría una proeza, revestida de persistencia, si lograba ser recreada una y otra vez incluso durante la barbarie nazi.[153] 

La segunda piedra presenta a Maimónides: “Elegid siempre la vida y el bien pues la elección está en vuestras manos”. Si a partir de ese sabio judío se presupone  la problemática de la perplejidad, si esa elección implica pensamiento, y, por tanto, hesitación[154], la propia persona humana se confirma en su progresión apotética, en el desarrollo de sus asociaciones con lo simbólico, en su libertad de pensar.  La tercera piedra es para los Proverbios (24.16): “Siete veces cae el justo y siete veces volverá a levantarse”. Esa afirmación convierte el memorial montevideano en “resistencia” -para las judías y los judíos que padecieron el horror- y lo confirma como un resurgimiento metafórico de los cuerpos, a partir de su muro alzado, a partir de una recordación procreada, de un pensamiento que los levanta.  Y la cuarta piedra, el último de los epígrafes, es alusivo a Elie WIESEL: “A la tristeza queremos que la acompañe la esperanza”. Ese enunciado, explicitado ante los sufrientes, ante los humillados, ante los degradados, ante los infelices, ante los explotados, ante los expoliados, ante los exterminados, ante quien padece la injustica por causa de la tiranía nazifascista, parecería avisar poéticamente acerca de un deber ético irrenunciable. 

Ese enunciado de WIESEL -con que se finaliza el peripatos o recorrido en el jardín mineral de la recordación de las transgresiones a las libertades- parecería ser el muro en sí mismo y si acaso ese muro quebrantado o multiplicado es el pueblo judío, o la historia de los pueblos que resisten los imperialismos, hay que decir que el muro es accesible, es de aristas pulidas y fáciles de descubrir, no evade los vendavales del territorio sino que se instala allí dónde el pampero arrecia; allí se erige, valiéndose de las sinuosidades del propio suelo, de su orogénesis, en el que sus formas esculpidas existen concentradas. La piedra que es “formato” y anterior al texto, ahora se relega; la acción de la teletécnica la pospone con la finalidad de narrar.  La piedra entre el texto y el texto entre la piedra son ahora arqueología de una huella (de una brevedad semántica premeditada, aunque no de una adustez de sentido).  Ese archivo pétreo resulta en umbral inquisidor; es un intersticio físico relativo a un hecho político de dolor y muerte.  Y al fin, el ascenso (al fin un declive transmutado que aflora):  la escalinata -de ese avance hacia el cielo- es de doce escalones. Y, o por aleatoriedad, o por una sustantivación hermética, vienen a la memoria las doce tribus de Israel[155] que participarían así -su idea de orden del mundo entre las horas, los días y los signos, al menos- no de una “escapatoria” sino de una victoria por sobre el verdadero enemigo de las humanidades, la estirpe innoble de los tiranos.  

19. Esa práctica cuestionadora es, a su vez, causa y consecuencia del sujeto de inteligencia que algo construye, intentando reflexionar acerca de esa singularidad que existe como problema porque distorsiona su cotidianidad. Y es que esos componentes visuales[156] que a-parecen en la construcción de una singularidad resultan intransferibles a la voz; la acompañan, no se suplen, no necesariamente se asemejan; y, no obstante, resuelven en su tensión nuevas imágenes.[157] Y es que el Memorial -aunque esta afirmación disloque alguna intencionalidad hermética que confunda lo superlativo con la universalidad en la que se distingue una práctica- hace presente un tiempo y presenta un tiempo no por la | cosa | -que podría haber devenido en otra- sino por su titulación[158]: “Memorial del Holocausto del Pueblo Judío” que es lo que logra que esa “cosa”[159], ahora siendo signo de alguna sugerencia, represente un “dolor”. Y es que respecto de la palabra y la imagen no verbal, no se hace intención de “incompatibilidad” sino, según el caso, de verdadera correspondencia o no (no siendo además esa tarea un asunto estético, sino especialmente pedagógico). La hermenéutica a aplicar (no necesariamente dependiente o funcional a una práctica estética[160]) se hallará dispuesta, pues, sobre y a partir del “dolor” o del “heroísmo” que se emparentan y comulgan cuando ser en la carne implica, en sentido socrático, discurrir acerca del valor moral de padecer lo injusto. 

20. La propia Montevideo (en su origen mismo, cuando era concebida como la Ciudad de los Apóstoles San Felipe y Santiago), cuando fue edificada como presídium y fortín, emergió de la piedra (de lo “útil” de una explotación minera de cortezas, finalmente), tal como se produjo el Memorial que es fundamentalmente piedra trabajada mediante diversos cortes. En ese sentido, en el de “conformación y conformidad paisajística” y en el de devenir patrimonial en el que se conjuga su caracterización, las “piedras” son un dispositivo de poeticidad[161] del entorno urbano al que se confina -o en el que se sitúa- la memoria monumentalizada (no como sustancia evidentemente inorgánica, sino, en efecto, como elemento sobresaliente que es asumido para la representación y retocado por quien comprende el sitio).                

21. El cierre tecnológico del “Memorial del Holocausto del Pueblo Judío” (las fisiones y tensiones estéticas entre arquitectura-ingeniería-escultura en que se conforma) especifica en su primer nombre -“Pueblo”- lo que logró permanecer, incluso luego de la desaparición de millones de nombres propios y de cuerpos a quienes pertenecían, de millones de judías y de judíos. El Memorial, por su título, es un intento de lógica supeditación a lo universal. Y es que la construcción de la historia judía implicó al pueblo judío participar de la construcción de la historia, asimismo, de otros pueblos. El fracaso del racismo, pues, es un hecho social antropológicamente consumado (el mestizaje proseguirá, igualmente proseguirán las proliferaciones arquetípicas del intercambio), aunque, no obstante, la aparatosidad xenófoba engendrada en el vientre del nazifascismo[162] siguió resultando una problemática política que no concluyó en el siglo XX. Incluso así, el pueblo judío existió y existe.  

22. Si una patencia conclusiva es posible de conformar al proyectarse la modernidad es que las formas de lo infra-humanizante del nazifascismo, las formas del fascismo y sus tecnologías del terror[163], finalmente, pueden replegarse e incluso vencerse.[164]  Esta premisa, especialmente en América del Sur[165], podría orientar la comprensión de la defensa civil de las instituciones democráticas que se organizó contra los gobiernos anticonstitucionales, o los movimientos foquistas seudo-revolucionarios o ruralistas, o los paraestatales de raigambre fascista, etc., que se gestaron durante el siglo XX mediante ese despotismo legado de ultramar.[166] 

La discusión, pues, de esas antecedencias, debe infundir esperanza en quienes se hallan presa -mediante discriminación injusta- de verdadera persecución y opresión de sus derechos individuales. La barbarie debe de ser identificada[167], es un ejercicio de responsabilidad.  Y se cumple no solo desenmascarando el fascismo de ayer sino, a su vez, mediante el abatimiento de sus diversas formas actuales.[168][169][170] Porque conocer un horror implica el deber moral de alzar la voz contra otros horrores.[171] No como una práctica simplista de reconocimiento estereotipado del  devenir, no como una estética panfletaria, sino como un intento de aplicación mínima de sentido[172] histórico-crítico[173] a las antecedencias que resuelven la comprensión prospectiva de un mundo-entorno; de ese intento de logos que los protofilósofos legaron a Oriente y Occidente a partir de Tales, el sabio de Mileto (aunque los imperialistas romanos, luego, quitándole al logos los componentes socráticos de autocrítica y érgon, redujeran los criterios de relación conformantes del cosmos, de su ratio ahogada en la intertextualidad, en el mero diálogo escriturístico).

La historia acerca de la que trata el monumento y la historia en la que resulta involucrado como objeto-referente y significante, mediante el ejercicio mismo de comprensión de su monumentalidad[174], involucra -en el sitio- al propio sujeto de vivencias.[175]  La judeofobia[176][177] -término que formula M. POLAKOFF para inhibir el concepto “antisemitismo” iniciado por Wilhelm MARR en el siglo XIX, siendo una práctica denominativa que entiende como racista en sí misma- logra exabruptos en la urbe montevideana, emergencias repentinas en cal (aunque no por esto desligadas de antecedencias[178]) que, aunque borradas (atenuadas), implican la adoración de una infra-humanidad, de una infra-humanidad a vencer mediante esa asociación factorial en que la semiología urbana converge acerca de lo construido: i. la del cierre tecnológico junto con ii. la de una formulación político-pedagógica[179] de las Humanidades. Y es que admirar un objeto monumental tendrá que implicar -al menos, como implícito lógico- una recurrencia que explicite finalmente la falacia antropológica fundamental de la infra-humanidad: elegir y decidir acciones a partir del mito, puesto que es un dispositivo que deshilvana la transindividualidad y que retrograda a la persona humana a mero primate genético.  

23. No es una problemática menor en esta semiosis[180] que trata acerca de la cosa construida para todos lo mediatizado de su referencia como Memorial (siendo que la práctica intelectiva se provoca en el intento de resolver alguna reciprocidad entre los objetos, respecto del sujeto de construcción de imágenes, de quien resuelve alguna perspectiva asociada a la acción de mirar). Es una problemática que compuesta, e inmersa en la estereotipia denominativa, connota la propia dificultad conversacional que subyace -realizándose- en aquellos semas aferentes con que se tilda la cuestión judía para esbozar, incluso mediante la práctica del dicterio[181], a una minoría no ante sujetos de libertad con conciencia histórica sino ante una aparatosidad racista que mediante la máxima Panem et circenses los -nos- comprende a manera de muchedumbre. 

Así, esa comprensión posible y limitativa solo se compone de moldes, carente de verdaderas enunciaciones, si de verbalizar significantes se trata; las prácticas conversacionales, la propia textualización de lo urbano, se resuelven-disuelven en el automatismo. El Memorial, en efecto, expande la historia judía y a la vez expone al hombre judío y a la mujer judía a la aleatoriedad de las lecturas. Aunque, finalmente, si se trata de discutir miradas extremistas como lo podrían ser aquellas que se manifestasen mediante el asco estético -si acaso subyaciese en el sujeto de desplazamiento, insinuado aunque más no fuere mediante una credulidad ideológica en que intentara sustentarse- hay que especificar que esa situación urbana es algo más que un mero efecto proveniente de un universo vago de probabilidad y de apetencias; es un problema político.[182][183][184] Y es que si algo así acontece -en el maremagno de léxicos falazmente inocuos- hay que discutir las causas de la escasez de certidumbre, hay que reflexionar, sin desestimar incluso los amargores que provoque, acerca de cómo se resuelve la componenda de un significado poético que coexista con un sistema[185] urbano de espacio-temporalidad a partir de aceptaciones formales y materiales. 

Si hay carencia de sentido, respecto del lugar en el que se halla aquel que mira si acaso los objetos que conforman una territorialidad existen como elementos[186] apropiables o no y en qué manera, entonces, hay una historia a dilucidar -y una causa de poética- que no logra articularse consigo misma.[187] Y es que si se ignora el lugar, reduciendo las mutabilidades físicas de vivirlo, no haciendo del sitio algo explícito, nunca un “aquí”, el cuerpo implicado se adentra en un espacio insignificante[188]. Y si eso acontece, la urbanidad se pauperiza:  los trashumantes, por efecto de esa empiria opaca, desconocen las construcciones de su suelo (resolviéndose “fuera” del conocimiento las prácticas de habitarlo, ahogándose en la sola autenticidad o apariencia). 

Esa operatoria consumada como un existir fácticamente[189], “desritualizante” del sitio[190], es asumida -en los campos semiótico y hermenéutico, entre otros que discuten la ontología interpretativa- como dogma, algunas veces, siendo resultado de composiciones heideggerianas que atendiendo la problemática lógica de la “espacialidad” reducen la empiria de la habitación a su sola posibilidad geométrica, los espacios son limpiados de toda historia y valorados [únicamente] por sus condiciones mensurables.[191] Y es que la radical diferencia entre una significación[192] crítica y una mera funcionalidad o contemplación material -inmersa en la “eficiencia”[193]- se trasunta en el efecto de la piedra en la carne; de no ser así, no podría resolverse esa apreciación de su ambiente como una consecuencia “justa”.[194]



[68] Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 27):  “La contaminación del concepto de imitación con el concepto de verdad trae consigo el olvido de una diferencia aún más insalvable que la que separa las artes”.   
[69] Los procesos de metaforización no necesariamente resultan congruentes; no hay que confundir la metaforización del crimen como efecto de la falacia política -o, en términos lógicos, de sus afirmaciones equívocas- con la metaforización del Holocausto como efecto poético. Cfr. “Los dos rostros de las palabras” de LIBERMAN, Arnoldo en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto – Museo de la Shoá; Año XVI, Número 34; Buenos Aires, diciembre de 2010 (págs. 214 - 215).
[70] Respecto de la tesela, no se alude a diferenciaciones historiológicas -de procedimientos de nomenclatura- entre “Shoá” o “Solución final” cuando se enuncian, y, por tanto, en cualesquiera de sus sentidos no necesariamente concordantes entre sí (incluso careciéndose “técnicamente” de metodología historiográfica en la discusión poliédrica aplicada), el propósito es el de aludir decididamente a crímenes contra la Humanidad.  Porque es en ese “foco” que cabe la oportunidad de discutir la causa poética como manifestación de resistencia al “Holocausto” en tanto objeto histórico dimanado de la II Guerra Mundial. Cfr. “El Holocausto, una aproximación desde fuentes primarias” de RAS, Marcia en Op. Cit.; Buenos Aires, abril de 2010 (pág. 347).
[71] No es cuestión de evadir la metáfora, sino de ser rigurosamente analógico o analógicamente riguroso. Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 24).
[72] En los términos de espacio antropológico con que Gustavo BUENO discute la problemática del “fetiche”, el término hace referencia a cómo comprender la existencia del objeto a partir de connotaciones axiológicas positivas y, por tanto, a cómo contraponerlo con la religión, la etnografía y la nosología psiquiátrica cuando lo confunden con la "magia" y lo restringen a sinónimo de "aberración", "perversión", "degeneración", o "primitivismo". 
[73] En efecto, la “libertad de expresión” -en su sentido más general que hasta incluye problemáticamente su acerbo maniqueo y fijista- es incongruente e incompatible con la apología del terror.  Cfr.  “Libertad de expresión o apología del terror” de REYES MATE, Manuel en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 33; Buenos Aires, abril de 2010 (págs. 35 y ss.). 
[74] Es la ciudad un “espacio significante” en sí mismo; es un poema que despliega el significante.  Cfr.  BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 350).
[75] No debe admitirse la práctica de un clasificacionismo irracional como el implementado mediante la “Entartete Kunst” que los nazis desarrollaron en Münich.  Cfr. “La Bauhaus, la construcción del Tercer Reich y el Holocausto” de KURYJ, Daniel en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 34; Buenos Aires, diciembre de 2010 (pág. 233).
[76] En efecto, en términos narratológicos (de “metáfora pop”), el Holocausto puede metamorfosearse hasta alcanzar resultados fílmicos como X-Men. Cfr. “Cine y Shoá, los debates actuales” de ZILBERMAN, Lior en Op. Cit.; Buenos Aires, abril de 2010 (pág. 190).
[77] Se afirma en un sentido representativo, puesto que un objeto no “expresa” en sí:  el sujeto de inteligencia elige y decide qué “representa”.
[78] Cfr. “Acerca de la representación y los testimonios en los museos de la Shoá” de WEINGARTEN, Sima en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año VII, Número 19; Buenos Aires, mayo de 2002 (pág. 19).
[79] Respecto de la representación y los prejuicios ante la construcción estética, se hallan los estudios del comic Maus creado por Art SPIEGELMAN en “Maus.  Un manifiesto contra el silencio” de LIENDO, Josefina en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 34; Buenos Aires, diciembre de 2010.
[80] Trataría acerca de la inhibición tanto de la catacresis como de la metáfora (i.e. el hallazgo de la dificultad de caracterizar:  a falta de una palabra propia de la cosa, por efecto de una limitación del lenguaje, se emplea una palabra ajena que es solamente apropiada). Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 15).
[81] Valga por caso mencionar que la arquitectura y escultórica promovida por el fascismo italiano en la urbe montevideana (entre sus diversos significantes, destáquese el símil de la Lupa Capitolina inaugurado en 1938 y localizado en las cercanías del Parque J. Batlle y Ordóñez, como homenaje de Roma a Montevideo), luego de la segunda mitad del siglo XX, fueron ineludiblemente resignificados (sin aceptar su causa política o trascordada, se cohabitó con su valor poético, o su valor de reminiscencia, o su valor técnico, etc.). Y, asimismo, esos significantes pretéritos ya a finales del siglo XX debieron empezar a “con-vivir” con mundos de pensamiento que desplazan el ideario infra-humanizante.
[82] Cfr. “Cine y Shoá, los debates actuales” de ZILBERMAN, Lior en Op. Cit.; Buenos Aires, abril de 2010 (pág. 191).  
[83] La realización hermenéutica -entre univocista o equivocista- si se discute el sentido analógico que le brinda Mauricio BEUCHOT, implica una labor interpretativa que el sujeto de contextualización orienta hacia sí y que complica el estatuto de cientificidad de las disciplinas metodológicamente científicas (ante la finalidad de un conocimiento entendido como circunstancia de supervivencia).  Véase BEUCHOT, M.; Microcosmos.  El hombre como compendio del ser; Universidad Autónoma de Coahuila; México, 2009 (págs. 133, 136 y 149). 
[84] Una “ciudad”, en efecto, resulta en símbolo de un ambiente.
[85] En el sentido discutido por TODOROV, es conveniente establecer que el “recuerdo” se distingue de las meras prácticas de sacralización de la memoria.
[86] ¿Acaso debería un docente en su discurso tergiversar los “campos de exterminio” en “campos de trabajo”, tal como resultaban denominados por los nazis? Cfr. “Del antijudaísmo precristiano al antisemitismo racial” de VÁNDOR, Jaime en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 33; Buenos Aires, abril de 2010 (pág. 97).
[87] R. YÁÑEZ, para una semiótica científica que asuma el asunto de la shakespearización discutida entre MARX y LASSALLE (1859), especifica la necesidad de resolver el contenido respecto de la “materia del contenido” y la “forma del contenido” -que es lo que individualiza el opus- y de la forma en general como resolución estética.  El “conflicto”, así, es lo que predominaría respecto de la sola exposición discursiva.
[88] La dinámica didáctica, dependiente de las prácticas de corroboración y de autocrítica en la realización conversacional, orbita alrededor de “modelos” convenientes a la presentación de un tema; se aplica el recurso didáctico para inmiscuirse en asuntos previamente cartografiados, para formar en un interés intelectual por el “problema”, aunque no especializa en los dictámenes de las disciplinas en general o las ciencias humanas más particularmente, siendo que no se reducen a la pedagogía ni le son necesariamente correspondientes. Eso no implica que los “modelos” conlleven una presentación falaz aunque sí, decididamente, tratan -en su ductilidad entre lo disciplinar y lo mundano- de un esquema, i.e. de un tratamiento inexacto o no especializado respecto del objeto de estudio al que referencian.  Algunos casos de recurrencia son propios de los laboratorios escolares:  la tradicional maqueta del sistema solar, o la del átomo (uno, ninguna proporcionalidad posee respecto de la extensión real que la estrella Sol guarda con los macrocuerpos que la orbitan, el otro, en nada se corresponde su figuración con una verdadera nanoescala).
[89] El grupo de Leningrado que teorizó, siendo su referente M. BACHTIN, en función de tesis formalistas, propuso el desarrollo de una teoría del arte que pudiese ser caracterizada como comunicativa y semiótica. Cfr. STEINER, Peter; El formalismo ruso:  una metapoética; Ediciones Akal SA; Móstoles, 2001 (pág. 33).
[90] Hablar de la ciudad en términos de significación, concebir el monumento y la ciudad en términos de escritura con que se narra, como inscripción del sujeto de inteligencia en el lugar, asumir pues los problemas de semántica urbana que conjuga, permitiría encontrar la imagen de la ciudad en los términos de quien -a conciencia- la percibe (la sabe, la saborea). Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 339).
[91] Si se consideran las afirmaciones estéticas de R. YÁÑEZ, hay que conjeturar que es en la propia superlatividad que se halla lo multiforme del fenómeno y que aunque la ley lo comprende, en efecto, evidentemente, no lo explicita.
[92] Para una discusión inicial acerca de lo comunicativo y de lo ontológico referencial, véase la tesela siguiente: “La ceremonia ensimismada:  un ensayo sobre alienación y pacto en la comunicación” de AVELLO FLÓREZ, J. en REIS/ Revista Española de Investigaciones Sociológicas; CIS, Nº 33; Madrid, enero-marzo de 1986 (págs. 83-119).   
[93] La semiología urbana, si sustenta sus análisis de tensiones poéticas y políticas, desestima corresponder el estudio de sus casos a una continuidad funcional del orden de la naturaleza en el orden de la cultura, (además de subyacer en tales términos, como “naturaleza” o “cultura”, la propiciación de contraposiciones ficcionales antes que interpretación histórica). Evitándose, pues, el marco biológico, tampoco se discuten cuestiones neurocientíficas tales como la tardía incorporación del “color” por parte del ser humano, siendo éste un objeto de estudio propio de la genómica perceptual, o en el campo médico los estudios fotobiológicos (de fotorecepción) para el tratamiento del ritmo circadiano o de estados de bipolaridad, etc.  En todo caso, hay empiria realizada acerca de esos asuntos por el neurocientífico David EAGLEMAN: “Visual ilusions and neurobiology” (Nature Reviews Neuroscience; 2001), o “The neuroscience, behavior, and genetics of synesthesia” (Presentation; Society for Neuroscience; 2007), entre otros avances de investigación.     
[94] Distinto de la propuesta sociológica weberiana de “racionalización” a partir de un materialismo político, habría que discutir, acaso, cómo es que la poética -recluida en la tarea propagandística- convierte complementariamente su atención al carisma en un mero servilismo burocrático. 
[95] El propio pensamiento resulta dañado si se inhibe la oportunidad del cuestionamiento. Cfr. “Holocausto y modernidad.  Tres tesis críticas” de SUCASAS, Alberto en Op. Cit.; Buenos Aires, abril de 2010 (pág. 18).
[96] En principio, los evangelios trataban acerca de mensajes procedentes de emperadores que eran tenidos por dioses. Cfr. RATZINGER, Joseph (trad. BAS ÁLVAREZ, B.); Op. Cit.; Buenos Aires, 2007 (págs. 73-74).  
[97] Movimientos como el esteticismo o el simbolismo incorporaron esa premisa de independencia para las prácticas creativas, para el propósito de discutir una figuración en libertad. Véase NAVARRETE, A.; La crítica de la modernidad como crítica a la autonomía del arte; Universidad de Castilla - La Mancha; España, 1993. 
[98] Especialmente, si se considera el esquematismo algorítmico del formalismo fundacional, se alude a la propuesta jakobsoniana de la emisión y recepción.
[99] Esa cuestión dudosa se formula atendiendo los cuestionamientos de James YOUNG que en una conferencia desarrollada en el Jewish Community Center de Washington reiteró su escepticismo respecto de la reducción de la Shoá a un memorial. Cfr. “Con el Memorial del Holocausto, Berlín tiende una mano al pasado” de CAVALLERO, Pedro G. en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año VIII, Número 17; Buenos Aires, marzo de 2001 (pág. 14).
[100] Respecto de la propia Humanidad, no se trata de la responsabilidad por el Holocausto sino de la responsabilidad ante el Holocausto.  Ese último requisito que trataría, de alguna manera, acerca de la verdadera superación histórica del conflicto bélico provocado por el nazismo, es una labor política que impide la neutralidad e impele a acciones inmersas en la finalidad del abatimiento de todas las formas de fascismo: “Las condiciones de posibilidad que estuvieron en la base del exterminio burocrático de millones de seres humanos se hallan aún intactas [año de 1997] (…)”. Cfr. “Las lecciones del Holocausto (leyendo a Bauman)” de TATIÁN, Diego en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 33; Buenos Aires, abril de 2010 (págs. 151 y 153).
[101] Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 26).  
[102] La situación de “ghetto” se remonta a los hombres y mujeres judíos de la Antigüedad Tardía, del año de 315 en adelante.  Aunque el término como tal comienza a aplicarse en la Venecia de 1516. Véase “Del antijudaísmo precristiano al antisemitismo racial” de VÁNDOR, Jaime en Op. Cit.; Buenos Aires, abril de 2010. 
[103] Cfr. “La importancia del Museo de la Shoá” de BLOOMFIELD, Sara en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año VII, Número 16; Buenos Aires, agosto de 2000 (pág. 21).  
[104] Hay variados memoriales, aunque atienden rasgos o anécdotas del Holocausto más que el hecho político en sí mismo alrededor de la Shoá; valga por caso el memorial de los deportados judíos en Francia, de Serge KLARSFELD. Véase en URL:   http://www.memoriales.net/   
[105] Quizá una manera de discutir la idea misma de “nación” sea comprendiéndola en el dominio político de las asociaciones que tienden a producir un Estado propio y en relación con una lengua (en su sentido moderno, puesto que con anterioridad el término natio, además de como concepto legal, surge como una reacción conciliar, a fines de la Edad Media, contra el universalismo del papado romano). Cfr. WEBER, Max; Ensayos de sociología contemporánea I; (1ª ed.) Planeta – De Agostini; Barcelona, 1985 (págs. 140-141 y 144).  
[106] Entrevista a la profesora Rita VINOCUR, Directora del Museo de la Shoá en la R. O. del Uruguay, asociado al Centro Recordatorio del Holocausto Sherit Hapleitá, (Montevideo, noviembre de 2010).
[107] En ese sentido, valga especificar que “(…) el exterminio de los judíos no fue llevado a la práctica como una estrategia para obtener un objetivo ulterior, sino que fue un fin en sí mismo”. Cfr. “El Holocausto, una aproximación desde fuentes primarias” de RAS, Marcia en Op. Cit.; Buenos Aires, abril de 2010 (pág. 346).
[108] Se aplica en su sentido transcultural, aunque es un término “extrapolado” de la ciencia química.
[109] Hace referencia -respecto de una progresión del análisis y la producción discursiva- a la obtención de un sentido global, a la dilucidación de cuál es verdaderamente el tema.
[110] Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 348).
[111] La noción de lo “interartístico” es una fórmula que analiza Antonio MONEGAL y que discute mediante tres “vectores”:  i. de la naturaleza al arte, ii. de un arte al otro, iii. de una teoría artística a la otra. Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 20).
[112] Cfr. Ídem, (pág. 66): “No se ““prestan”” las técnicas.  Se delimita un marco común más amplio, que depende del concepto de intervención -o creación- artística y del equilibrio en el producto resultante entre […] la realidad y la construcción del artificio”. 
[113] Cfr. Ibídem, (pág. 65): “Convergen las artes en el principio rector de sus poéticas, en la fidelidad primordial al acto de creación, a la poiésis”. 
[114] Esa metodología que se postula, en efecto, no solo separa la labor semiológica de la sociológica sino además que reorienta en términos arqueológicos la cuestión interpretativa hacia el objeto, no para finalizarse en el objeto sino para discutir la existencia de atributos poéticos en los intercambios productivos que se resuelven entre sujetos de inteligencia (en términos de territorialidad y referencia).
[115] Entrevista a Ariel KLEINER (integrante del Movimiento Conservador); es Rabino de la NCI* - Uruguay (Montevideo, enero de 2011). 
* La NCI es originada por la comunidad judío-alemana; sus integrantes fundadores llegaron a Montevideo -en los años ’30 del siglo XX- como refugiados, a consecuencia de los conflictos raciales en Europa.
[116] J. BENDA acota en su análisis acerca del pensamiento kantiano que este poblador de Koenigsberg asumía la dependencia dimensional del espacio respecto del tiempo.
[117] Esta afirmación de KLEINER, no obstante, se  podría condicionar a un supuesto que MONEGAL analiza:  toda poiésis, inevitablemente, se resuelve como significante mediante las “alusiones” y “elusiones” que proyecta. Así, el hallazgo de lo divino en un objeto no implica que lo divino en sí se halle representado, no implica un totemismo, aunque sí un algo subyacente en la mirada (y es que el hecho de “imaginar” e incluso el de apreciar vívidamente la “fe” sobrepasa el sobrepeso de lo religioso-institucional; algo así también concebían los pietistas).  Su formalización:  “La imagen de la divinidad es el ídolo, y la confusión entre presencia y representación es idolatría”. Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (págs. 51 y 186-187).    
[118] A ese postulado de KLEINER, podría asociarse una afirmación de Abraham SKORKA, Rabino de la Comunidad Benei Tikva: “A Dios no se lo inquiere, sólo debe responderse a su imperativo”.  Respecto de la incógnita de “¿Por qué el cielo calló?”, responde: ““¿Dónde estuvo el hombre?”” es la pregunta que deben formularse todos, para desnudar lo tenebroso que sabe ser parte de lo humano y elevarlo en los escenarios del mundo con el clamor ““¡Nunca más!””. Cfr. “Dios en la Shoá” de SKORKA, Abraham en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 33; Buenos Aires, abril de 2010 (págs. 78).
[119] Asimismo, hay un proyecto de manual “IOM HASHOA VEHAGVURA” que fue producido por el Rabino M. POLAKOFF. Respecto de la tesis de existencia de una relación dialéctica habida entre memoria y olvido, el material presenta lo mencionado por el Rabi de Bluzhov, Israel SPIRA:  “Hay eventos de una magnitud tan inasible que uno no debiera recordarlos todo el tiempo, pero tampoco debe olvidarlos.  Un evento así es el Holocausto”. Véase en URL: http://www.morim.org/getfile.aspx?id=5234
[120] En ese sentido, KLEINER especifica que el Movimiento Conservador asume que incluso la totalidad del Pentateuco no es literal. Hay que agregar asimismo que la propia "literalidad" posee por correlato, para el estudio de los textos bíblicos, la discusión exegético-homilética de la prédica expositiva (ese tipo de hermenéutica puede hallarse en un escriba como Esdras, en su manera de pensar, concentrada en la intencionalidad i. del “estudio”, ii. la “práctica” y iii. la “comunicación” diligentes de la Palabra). Cfr.  MacARTHUR, J. ;La predicación:  cómo predicar bíblicamente; Grupo Nelson Inc.; Nashville, 2009 (pág. 190). 
[121] Cfr. YÁÑEZ, R.; El fascismo y el pueblo; (3ª ed.) EPU; Montevideo, 1972 (pág. 147).
[122] Cfr. Ídem, (pág. 148).
[123] Véase BRESCIANO LACAVA, J. A.; Los enfoques macrohistóricos y sus aportes recientes (1974 - 2001). Una bibliografía introductoria; (1º ed.) Librería de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación; Montevideo, 2003.
[124] Ya los bizantinos estudiaban la unidad de una ley del icono asociada a la labor de ordenamiento del mundo.
[125] Cfr. YÁÑEZ, R.; Op. Cit.; Montevideo, 1972 (pág. 87).
[126] Cfr. Ídem, (pág. 92).
[127] Cfr. Ibídem, (pág. 95).
[128] Cfr. Ibídem, (pág. 98).
[129] Cfr. TODOROV, Tzvetan; Op. Cit.; España, 2000 (pág. 24 y ss.).
[130] La propia poética del Memorial -en términos de hipotiposis- podría no depender de los elementos con que se construye y concreta como poliedro, aunque el objeto en tanto tal sí dependa de una verbalización realizada. Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 57).
[131] Hace referencia, en efecto, a la personalidad testigo (etimológicamente, al “mártir”). En un texto de recordación entre los túmulos se recuerda a Ana BALOG (Montevideo 1929 - Auschwitz 1945) que era una judía uruguaya. Emigró a Hungría con su madre y hermana. Fue detenida a los quince años de edad en Nyrmerggyes y deportada junto con su abuela al campo de concentración y exterminio de Auschwitz. Ese homenaje recordatorio fue realizado  por el Gobierno de Montevideo y  la comunidad judía uruguaya (20 de julio de 2009).
[132] La conversión de la piedra en fetiche, de alguna manera, fue discutida por K. JUNG.  Véase “Cuestión 6.  Reivindicación del fetichismo.  Fetichismo y religión, pasando por la magia” de BUENO, G.; Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión; Mondadori; Madrid, 1989. 
[133] Es. 1.14: Vidi cuncta, quae fiunt sub sole; et ecce universa vanias et afflictio spiritus.
[134] Se propone que lo huero es un dispositivo de dilución de la poeticidad.  Y que, asimismo, reducirse a lo huero es antropológicamente falaz.
[135] Respecto de la tesela, el título no necesariamente abarca totalmente el opus (puede entenderse apenas como inicio, indicio, esbozo, esquema, etc., con que se accede al objeto). 
[136] Véase esa consideración nomológica en “Enunciados nomológicos y condicionales contrafácticos” de D’ALESSIO, J. C. en Crítica; Vol. 4, Nos 11/ 12; UNAM; México, mayo-septiembre de 1970.
[137] Es evidente que esa “pertenencia” no trata acerca de una manifestación absoluta y mecánica de autonomía sino propia de una personalidad, i.e. de una persona formada para la libertad.
[138] Cfr.  MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 208): “[…] la posibilidad de percibir el objeto como una palabra está determinada por su transformación en signo.  Tal transformación no puede darse por sí misma, requiere una operación que dote al objeto de sentido, es decir, de un sentido distinto del ser simplemente lo que es”. 
[139] Hay variados túmulos de piedras (remembranza quizá de los sepulcros anónimos, de la carne y los huesos perdidos) en la topografía posterior a los muros de la Shoá. 
[140] Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 46).
[141] Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 30 y ss.).
[142] La imagen poética implica verbalización.  Cfr.  MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 13).
[143] Cfr. Ídem, (pág. 46):  “Este diálogo entre la piedra y la palabra conjura siempre a la muerte que la piedra oculta o recuerda.  La propia duración del objeto, ese ansia  de eternidad que la piedra significa, es solicitada e interrogada por su pasajero, el verbo que lleva a cuestas y que lleva la marca del devenir.  Pero hay con frecuencia otro pasajero, al cual la piedra y la palabra aluden: el mortal al que la estatua inmortaliza o la lápida rememora”.
[144] Es inevitable nombrar a W. ONG como fundante del pensamiento lingüístico que hurgó en la arqueología de la oralidad, en cómo ha sido modificada asimismo por la escritura.  Y es que sin código escrito no hay transindividualidad posible, geometría posible, logos posible, verdad a concluir. El objeto mirado es, así, como realidad circunscrita a sí mismo o poco más, un señalamiento a liberar por la palabra.
[145] Cfr. “El pasajero alienado.  Acerca de las encrucijadas y colisiones entre arquitectura y arte” de HERNÁNDEZ PEZZI, C. en REIS/ Revista Española de Investigaciones Sociológicas; CIS; Nº 84; España, octubre - diciembre de 1998 (pág. 217): “Prevenir la alienación viajera puede ser obra de una mejora sustancial de la educación perceptiva, quizá más sencilla de aprehender en tiempos pasados, pero que hoy [siglo XX] se encuentra devaluada por la sobrecarga informativa en el mundo sensorial y por el agotamiento de las fuentes de consumo de sosiego”.
[146] Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 68): “El ““límite de la imaginación”” es también el límite con la imagen”.
[147] Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 349).
[148] Quizá el bombardeo de las vías férreas que conducían a los campos de exterminio, de alguna manera, habría retrogradado el proceso criminal ejecutado por el nazifascismo. Cfr. “Discusiones sobre las reacciones de los psicoanalistas a la persecución nazi y qué se puede aprender de ello” de KIJAK, Moisés en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 34; Buenos Aires, diciembre de 2010 (pág. 201).
[149] En el Río de la Plata, las “traviesas”, esos maderos, se denominan “durmientes”.
[150] Cfr. Ez. 1.10 y 10.14
[151] La letra griega Τ* (Tau) que se corresponde a la razón áurea es asimismo signo de salvación en la Biblia. Cfr. Ez. 9.3-10
* En el campo teosófico, se afirma inclusive que la “tau” (o cruz ansata), esta vez de origen egipcio, era utilizada por Horus para resucitar muertos (ya en tiempos anteriores a Abraham), siendo pues de los egipcios que tomaría ese “báculo” y su sentido protector el propio Moisés. Cfr. BLAVATSKY, H. P.; Isis sin velo (T. IV); Editorial Sirio SA; España, 2004 (págs. 23 y 122).         
[152] En la Lección I de J. TORRES GARCÍA, de 1947 en la otrora Facultad de Humanidades y Ciencias de Montevideo (Universidad de la República Oriental del Uruguay), se podría descubrir -en su versión clásica del universalismo- reminiscencias de un monismo axiomático más atento de sabios protofilósofos que de pensadores áticos.
[153] La perplejidad y el abatimiento en que hizo emergencia el mundo psicótico de las orquestas  en los campos de exterminio existió como una irrupción poética, como una fuga hacia la (inalcanzable) armonía. Cfr. “Los ““degenerados”” de la Shoá”  de LIBERMAN, Arnoldo en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 33; Buenos Aires, abril de 2010 (págs. 222-223).
[154] Si se atiende la sinopsis didáctica de R. BULA acerca de la práctica teatrista de W. SHAKESPEARE, valdría conjeturar que la existencia de la duda resulta vívidamente trágica si se ahoga en el monólogo (incluso aunque el “Hamlet” del dramaturgo inglés intente -Renacimiento mediante- superar ideológicamente al “Amleth” medioeval de Saxo Gramático, compilador de una pasada leyenda nacida en Jutlandia). Cfr. “SHAKESPEARE” de BULA, R.; Ediciones del Partenón 2; Rosgal SA; Montevideo, 27 de septiembre de 1974 (pág. 27 y ss.). 
[155] Cfr. BEIGBEDER, Olivier (trad. RODRÍGUEZ, A.); Léxico de los símbolos; Encuentro Ediciones; Madrid, 1995 (pág. 360).
[156] Los componentes visuales a que refiere MONEGAL son los desarrollados por los poetas cubistas que alcanzaron el “poema-objeto”.
[157] Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (págs. 72-73).
[158] Cfr. Ídem, (pág. 181): “Sin la construcción de la figura, sin un discurso del que emanar, el silencio es sólo eso, silencio.  No nos habla ni nos dice nada […]”. 
[159] Respecto principalmente de las problemáticas estéticas y semióticas de la representación, el signo (o lo que existe semánticamente) es lo opuesto a la cosa, la cosa es lo resuelto en la inmediatez, en la opacidad, en el silencio. Cfr. Ibídem, (págs. 199-200).  
[160] Esa hermenéutica que trate acerca de las formas del “dolor” y del “heroísmo” podría poseer variadas contraposiciones (antropológica, filosófica, histórica, jurídica, lingüística, teológica, etc.).
[161] Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 209).
[162] Fue el dramaturgo E. B. F. BRECHT quien consagró y universalizó la advertencia anti-nazifascista: la bestia sigue viva. Cfr. “Recuerdo y resentimiento” de FINKIELKRAUT, Alain en Op. Cit.; Buenos Aires, diciembre de 2010 (pág. 72).
[163] Tratan esas tecnologías, especialmente, acerca del tipo de aplicación que tuvo el desarrollo tecnocientífico, la burocracia estatal, la razón instrumental (la moralidad impuesta). Cfr. “Holocausto y modernidad.  Tres tesis críticas” de SUCASAS, Alberto en Op. Cit.; Buenos Aires, abril de 2010 (págs. 26-27).  
[164] Su causa, de todas maneras, i.e. la estructura de los complejos financieros y bélico industriales, persiste incólume en un ahora oligopólico* y algo así debe de comprenderse a manera de lección universal. 
*El imperialismo es uno de los precedentes históricos de aquella narratología que trata acerca de la tragedia moderna. Cfr. Ídem, (pág. 26).
[165] América del Sur evidentemente se nazificó mediante la instauración de la Doctrina de la Seguridad Nacional. Cfr. “La ciencia del Derecho y el advenimiento del nazismo:  el perturbador ejemplo de Carl Schmitt” de RAFECAS, Daniel en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 34; Buenos Aires, diciembre de 2010 (págs. 121-122).
[166] En América del Sur la práctica nazi se asumió radicalmente también mediante la construcción de campos de concentración y exterminio, como el habido en la Brigada Goemez -en la República Argentina- (autopista Richieri, a 12 Km de Buenos Aires), donde desaparecieron, entre tantos civiles antifascistas, además, destacados intelectuales. Véase GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel; Notas de prensa.  Obra periodística 5 (1961-1984); Mondadori; Barcelona, 1999.
[167] El Ministerio del Interior del Uruguay detectó una presunta célula neonazi en Montevideo que consignó símbolos asociados con el nacionalsocialismo:  variaciones de la cruz celta y la cifra 88 (en correspondencia con la “H” como octava -8ª- letra del alfabeto, para, en su duplicado, hacer referencia a la salutación “Heil HITLER!” [i.e. “H”-“H”] integrada a su vez a formas derivadas como “Heil, mein Führer!”, “Heil!”, “Sieg Heil!”, “Sieg...Heil! Sieg...Heil! Sieg...Heil! Heil HITLER!”). La Inteligencia policíaca analizó datos sobre la integración del comando.  Se denominan “euroamericaners” y se presume que comenzaron sus operaciones en el año de 1996, en asociación con la organización uruguaya “Poder Blanco” y neonazis de Argentina, además de alguna ramificación chilena y europea: “En 1998, autoridades policiales detectaron al menos cuatro grupos neonazis.  Uno de ellos operaba en Montevideo […]. Esta agrupación se proclamaba racista, antijudía y seguidora de Hitler”. Cfr. “Investigan comando neonazi en Montevideo” s/a en La República (sección 01); Año XXIII, Nº 8026; REG SA; Montevideo, jueves 20 de enero de 2011 (pág. 05). 
[168] Cfr. TODOROV, Tzvetan; Op. Cit.; España, 2000 (pág. 53).
[169] En el siglo XXI las formas del horror, así como las estrategias reaccionarias contra la población civil, se han constituido de aplicaciones del terror perfeccionadas -respecto de implementaciones análogas practicadas en el siglo XX por el Estado, durante el desarrollo de las dictaduras fascistas latinoamericanas, o por la economía imperialista, o por movimientos paraestatales, o guerrillas foquistas, o movimientos fundamentalistas, o ultranacionalistas, etc.- denominadas como “acto terrorista” (ideológicamente variantes, si no volubles en su clasificacionismo) y que efectivamente no han convergido aún en un objeto de estudio* pedagógico.  En ese sentido, la inauguración del Memorial en Montevideo fue una oportunidad en que se explicitó el asunto -en términos educacionales- por parte del Ejecutivo de la administración LACALLE HERRERA: “Preciso será que nuestro país [Uruguay] piense en que al lado, junto a la manifestación material y de belleza del ““Memorial””, se erija un edificio intelectual, un monumento intelectual, un ““Memorial intelectual””, que debe  ser institucionalizar la reflexión sobre el terrorismo, que es la actual forma de ““Shoá””, que es hoy, actualmente, la amenaza sobre la sociedad civil que increíblemente recorre casi todo el mundo”. Véase LACALLE HERRERA, Luis Alberto; “Discurso del Sr. Presidente en la Ceremonia Inaugural” en “Memorial del Holocausto del Pueblo Judío”; Ministerio de Educación y Cultura; Montevideo, febrero de 1995.
*Algunas iniciativas educativas de investigación -respecto del terrorismo de Estado en el Uruguay (Crisis; Dictadura; Transición; Democracia posdictadura)- se iniciaron posteriormente, a manera compilatoria, en la administración del Presidente T. VÁZQUEZ (2005-2010). Véase como reseña bibliográfica su correspondiente documentación en URL:  http://www.anep.edu.uy/historia/guia/guia_1/gh_1a11.pdf o, asimismo, los informes de RICO, Álvaro (Coord.); Investigación histórica sobre la dictadura y el terrorismo de Estado en el Uruguay (1973 - 1985), Tomo I Las violaciones al derecho a la vida.  Asesinados políticos.  Detenidos desaparecidos; UDELAR - CSIC; Montevideo, 2009 y Vide presente nota:  a) Tomo II Las violaciones a la libertad de las personas. La vigilancia a la sociedad. Exilio; b) Tomo III Las violaciones a los derechos políticos.  La represión a los partidos.  Movimiento obrero.  Universidad y estudiantes.
[170] En el siglo XXI (2011), el activismo antinazi que es manifiesto en Alemania posee por moto, entre otros, el siguiente lema: “WIEDER NAZIS IN DRESDEN BLOCKIEREN”. Véase en URL:  http://www.dresden-nazifrei.com/
[171] Cfr. TODOROV, Tzvetan; Op. Cit.; España, 2000 (pág. 59).
[172] Ese sentido de lo histórico-crítico no se formula respecto de su funcionalidad teológica que la posee (el método histórico-crítico aplicado a la tarea exegética, valga por caso, fue asumido por la teología católica a partir de 1943 mediante la encíclica Divino afflante Spiritus).* No obstante, sí se presenta esa práctica del sentido como una comprensión de causas que -confirmadas con fenómenos- supera su sola correspondencia a una hipotética en tanto, sin obstinación ni dogmatismo, el sujeto de inteligencia asume el deber epistémico de construir certidumbre acerca de los diversos hechos de la Historia en la propia progresión de la historia que asimismo construye.
* Cfr. RATZINGER, Joseph (trad. BAS ÁLVAREZ, B.); Op. Cit.; Buenos Aires, 2007 (págs. 10-14).
[173] Cfr. “Recuerdo y resentimiento” de FINKIELKRAUT, Alain en Op. Cit.; Buenos Aires, diciembre de 2010 (pág. 71):  “La Europa post-nazi sabe que ni la cultura ni el progreso son una protección contra la ferocidad”. 
[174] Cfr. MONEGAL, A.; Op. Cit.; Madrid, 1998 (pág. 62): “La obra no sería, por lo tanto, autónoma porque nazca sin relación con la realidad, sino porque una vez nacida tiene una existencia propia, no subordinada y que no se obliga a remitirnos de vuelta a un objeto imitado”.
[175] El Memorial, en su propia historia como objeto, ha padecido el saqueo, sus lámparas fueron hurtadas, en alguna oportunidad aparecieron leyendas nazis, otras veces algunos maderos de sus pontones resultaron quemados, etc. Esos acontecimientos provocados, si se asume una discusión general respecto de la problemática del mantenimiento de los monumentos, siendo una tarea algunas veces específica y otras ajena a los municipios, invita a reflexionar acerca de una sensación de despojo de la que una ciudad debería saber des-prenderse (i.e. descotidianizarla para algo inferir y algo transformar).
[176] Véase la discusión acerca del término judeofobia: “IOM HASHOA VEHAGVURA” de POLAKOFF, M. en URL:  http://www.morim.org/getfile.aspx?id=5234
[177] Asimismo, respecto de la propiedad del término judeofobia Cfr. “Del antijudaísmo precristiano al antisemitismo racial” de VÁNDOR, Jaime en Op. Cit.; Buenos Aires, abril de 2010 (págs. 88-89).  
[178] Véase “Nazis en Uruguay:  la perra aún está en celo” de RODRÍGUEZ, R. en Caras & Caretas; Año X, Nº 493; Editora Caras y Caretas SA; Montevideo, viernes 18 de febrero de 2011.
[179] Es imperativo comprender que en un marco laicista esa pedagogía no es reducible a una cuestión de “seguridad” o de procedimientos policíacos sobre el educando, lo que no implica desatender las problemáticas comportamentales sino resolverlas a partir de lo real del sujeto de inteligencia en formación, en proceso de sistematización educativa de un convencimiento acerca de cómo se construye la libertad en oposición concreta a lo opresivo del nazifascismo.
[180] Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 46).
[181] El principal componente de la ideología nazi fue [es] la visión del enemigo como untermenschen, i.e. como menos que humanos. Cfr. “Perpetradores del Holocausto.  Una aproximación historiográfica al estudio de los hombres comunes” de VIALE, Adrián en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 34; Buenos Aires, diciembre de 2010 (pág. 302).
[182] Una problemática a discutir sería la existencia misma de las aversiones estéticas como manifestación de fanatismo racial.  Cfr. WEBER, Max; Op. Cit.; Barcelona, 1985 (pág. 142). 
[183] ¿Cómo se configura una teoría racista respecto del otro?:  se lo señala como “moralmente inferior”, “corruptor sexual”, “inadaptado”, “pérfido”. Incluso en términos radicales (contemporáneos), se construyen las condiciones para el pogromo y el exterminio étnico.  Cfr.  “Psicología del Racismo y el Holocausto” de ITZIGSOHN, José en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XI, Número 26; Buenos Aires, diciembre de 2005 (págs. 200-202). 
[184] Karl JASPERS insiste en que cabe responsabilidad si se tolera el surgimiento, i.e. el resurgimiento, de un régimen como el provocado en el siglo XX por la dictadura nacionalsocialista.  Cfr. “Algunas reflexiones en torno a las matrices comunes del Holocausto y los genocidios” de LOZADA, Martín en Nuestra Memoria; Fundación Memoria del Holocausto - Museo de la Shoá; Año XVI, Número 33; Buenos Aires, abril de 2010 (págs. 62-63).
[185] Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 55).
[186] A partir de los elementos urbanos es posible indagar acerca de la función imaginaria del paseo. Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 348).
[187] La práctica de la memoria, en efecto, ha de comprometerse mediante una correspondencia ética de la persona con la comprensión de sí misma. Cfr. “El deber de memoria” de WEINGARTEN, Sima en Op. Cit.; Buenos Aires, abril de 2005 (pág. 10).
[188] Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 61).
[189] Cfr. CHUK, Bruno; Semiótica narrativa del espacio arquitectónico; (1ª ed.) NOBUKO; Buenos Aires, 2005 (pág. 71).
[190] Cfr. Ídem; (pág. 80).
[191] Cfr. Ibídem; (pág. 42).
[192] Ese mundo de correlaciones no se resuelve en una significación última. Cfr. BARTHES, Roland (trad. ALCALDE, R.); Op. Cit.; España, 2009 (pág. 345). 
[193] Es una compresión concentrada en la eficiencia que trata asimismo acerca de una manifestación alienada del comportamiento. D. TATIÁN lo especifica, haciendo mención de BAUMAN: “En la burocracia perfecta [aplicada por los nazis], ““la moralidad se reduce a ser un buen trabajador, eficiente, diligente, experto””. El fenómeno de gestión tecnológica del Holocausto, respecto de sus cánones, i.e. de la sistemática disociación y desvinculación de las acciones respecto de sus consecuencias, en el orden de la sindéresis, es una problemática política que perdura. El propio burocratismo del siglo XXI requiere de los mismos dispositivos de sometimiento y se postulan paradigmáticamente como si acaso fuesen entidades neutrales; no lo son, puesto que reducen al sujeto de personalidad a “recurso”, a “recurso humano”, servil a un ambiente de calidad, a la funcionalidad, la economía, la eficiencia, el desapasionamiento, la eliminación de todo gasto inútil, la obediencia, la pericia, la precisión, la minuciosidad, el orden, la previsibilidad, la productividad, etc. No se inquiere respecto de esas aplicaciones su “para qué”, ni su “respecto de qué”, sino su admiración como modelo independiente de condiciones y circunstancias de vida que tergiversa la pertinencia en “utilidad”, la pedagogía en “gestión” y la finalidad en “objetivo”. Cfr. “Las lecciones del Holocausto (leyendo a Bauman)” de TATIÁN, Diego en Op. Cit.; Buenos Aires, abril de 2010 (págs. 158-159).
[194] Ez. 11.19

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